El reto es informar con transparencia en un mundo incierto para superar la crisis

Las empresas necesitan hoy más que nunca generar confianza en sus clientes sobre sus estados financieros. Hacerlo con la mayor claridad es la clave del éxito. Incluir los nuevos criterios de sostenibilidad dará más fuerza a la recuperación económica

La combinación entre una información financiera completa, veraz, fiable y comprensible y la transmisión de la misma con transparencia a los grupos de interés por parte de las empresas ha sido un instrumento fundamental hasta el momento para generar confianza en los mercados.

Pero las profundas transformaciones producidas en el último año y medio como consecuencia del impacto del coronavirus, de la rápida penetración de la digitalización o el protagonismo que ha tomado la información no financiera en las exigencias de los stakeholders han construido un nuevo escenario más complejo y exigente atravesado por la incertidumbre que demanda la adaptación de las compañías.

Ese binomio formado por una buena información transmitida con claridad no ha cambiado. Pero sí lo ha hecho el nivel de exigencia, que se ha incrementado, al igual que los retos a los que se enfrentan para gestionar unos datos que generen confianza.

Los directores financieros lo saben bien. No solo se les pide un papel más activo y más presencia en todas las áreas del negocio. Ahora también se les atribuyen responsabilidades en la cumplimentación de la información no financiera, o lo que es lo mismo, la sostenibilidad. Algunos añaden a su cargo la s de sostenibilidad.

La contabilidad,
la liquidez, ya no es suficiente. Lo social y ambiental es imprescindible

La información financiera, la contabilidad, los números, la liquidez, ya no van solos ni son suficientes. Es imprescindible integrar el impacto social y medioambiental que va a tener la actividad económica de la empresa. Armonizarla en los distintos mercados y con los diferentes estándares que existen en la actualidad es otro de los retos a los que se enfrentan. Todo ello forma parte de ese cambio cultural empujado por el talento joven que ya ha llegado a las empresas y que impregna su modelo de negocio de abajo arriba.

Los desafíos ante estas modificaciones fueron algunos de los aspectos que se abordaron en el encuentro Transparencia: la clave en la confianza del mercado hacia la recuperación económica, organizado por CincoDías con la colaboración de la consultora KPMG.

Borja Guinea, socio responsable de auditoría de KPMG España, esbozó un marco actual “de mayor complejidad” incrementado por “el Covid y la incertidumbre” que genera. En este contexto, los grupos de interés le dan más relevancia a los datos y son, por tanto, “más exigentes” en cuanto al contenido de la información financiera y no financiera que solicitan.

Esto supone la urgencia de una mayor transparencia que desemboca en un incremento de la “necesidad de supervisión y control por parte de los reguladores” y en una “mejora del control interno” en colaboración con los auditores, explica.

Estándares globales

Armonizar los modelos en torno a los que se organiza y prepara la información sobre sostenibilidad es otra de las cuestiones fundamentales que menciona Guinea. “En esta parte necesitamos unos estándares para saber lo que hay que presentar y cómo hacerlo”.

Diversas instituciones a nivel europeo y mundial están trabajando de forma paralela en la creación de estos estándares sobre sostenibilidad. La Comisión Europea desarrolla una nueva directiva de sostenibilidad que podría estar lista en la primera mitad de 2022. En fechas similares está previsto un primer conjunto de proyectos de normas de informes de sostenibilidad elaborado por el Grupo Asesor Europeo de Informes Financieros (EFRAG, por sus siglas en inglés).

Es necesario armonizar a nivel global la forma
en que se presenta la sostenibilidad

A nivel global, el regulador contable internacional, la IFRS Foundation, ha promovido un panel de sostenibilidad para desarrollar estándares internacionales de sostenibilidad en base a iniciativas ya existentes en el mercado.

“Sería muy interesante que ambas iniciativas se hablaran y se entendieran entre ellas para colaborar y conseguir esa unificación”, expone María Ángeles Peláez, directora de contabilidad de BBVA. En esta entidad están preocupados por los problemas que los grupos con presencia internacional como el suyo se encuentran “ante una eclosión enorme de estándares de sostenibilidad que hacen muy difícil homogeneizar todas esas informaciones”.

Desde Sacyr, su director financiero, Carlos Mijangos, echa también de menos una serie de criterios de armonización al menos desde el punto de vista sectorial. “Al final tiene que haber una armonización para que todo el mundo pueda entender una información sobre sostenibilidad como mínimo de empresas del mismo sector”, argumenta.

En este camino donde los grupos internacionales como Acerinox se enfrentan a nuevas complejidades, Miguel Ferrandis, su director financiero, hace un llamamiento para que la Unión Europea “imprima un claro liderazgo real y moral en este tema y encauce un marco regulatorio para armonizar” estos comportamientos.

Hacer frente al tsunami

Ferrandis es de los que opinan que “nos encontramos en el momento tsunami” de la sostenibilidad. “Es un bombardeo continuo. Hay mucha farfolla. Tenemos que ser un poco más selectivos”, reflexiona. La dirección a seguir se resume en “no dejarnos llevar por corrientes que nos hagan perder el foco del negocio”. La forma de hacerlo es “explicar con transparencia que no todo es producir más toneladas”, sino también “cómo las produces, cómo disminuyes emisiones y que hay otros criterios de inversión y de retorno”.

Sacyr ha emitido su primer bono social vinculado
a un proyecto
en Latinoamérica

Mijangos lo ve como “un tren de mercancías que ya se ha puesto en marcha y en el que hay que ir metiendo cada vez más vagones”. Pone como ejemplo el primer bono social que ha emitido Sacyr en Latinoamérica, vinculado a un proyecto de infraestructuras en una zona deprimida de Colombia. “La gente está dispuesta a invertir a costes más bajos si el dinero va destinado a algo que le resulta atractivo desde el punto de vista social, ambiental”.

Este cambio de paradigma es hacia el que se orienta la compañía. Es un proceso en el que se avanza “poco a poco, no podemos pasar de la noche al día en solo seis meses y sin olvidar la producción de beneficios para tus accionistas”, agrega.

Es un signo más de cómo los mercados valoran ya este tipo de prácticas. “Esto es un tren imparable. Los grupos de interés no solo demandan ya los datos financieros. Lo que quieren es el capital social y sostenible”, interviene Peláez. Es sumar otra modificación, la del paradigma del tiempo. “Del corto plazo en la financiera al más largo plazo en la valoración de la empresa en la sostenibilidad”.

El dinero de la
Unión Europea debe destinarse
a modernizar el país realmente

Y es aquí donde, como asegura Guinea, “nosotros como auditores tenemos un papel importante que jugar. En un contexto en el que no están definidos los estándares, el poder dar sugerencias sobre lo que hacen otros mercados o compañías, supone una aportación clara”.

Desde KPMG advierten sobre la pérdida de competitividad que este nivel de exigencia puede acarrear a las empresas españolas en comparación con las que operan en otros lugares. Ferrandis coincide en este aspecto y añade “la falta de transparencia” al poco cumplimiento de estándares de sostenibilidad “de algunos competidores” como China. “Nosotros jugamos al fútbol y ellos al rugby”, describe, y pide “barreras que defiendan a los que hacemos los deberes”.

Cambio cultural

Nada de esto sería posible si no se hubiera producido, como expresa Mijangos, un “cambio cultural” en las empresas al incorporar la sostenibilidad en su toma de decisiones. Esto ha ocurrido en los últimos años y ha venido también íntimamente unido “con la incorporación de un talento joven que se no hubiera unido si no tuvieras ese compromiso”.

Algo que se ha hecho, como sostiene Peláez, “de forma transversal con la involucración de todas las áreas y con un modelo de gobierno que ayuda a fortalecer esta conciencia”.

Fondos europeos

Colaboración público-privada; canalizar ese dinero para que llegue a pymes y autónomos; agilidad en la identificación y tramitación de los proyectos; auditar que efectivamente esos fondos se dan a lo que está planeado, y utilizarlos en empresas viables que van a transformar y modernizar el país. Son las propuestas de los intervinientes para gestionar con eficacia los 140.000 millones que recibirá España de la UE.

En Sacyr están listos con un equipo específico y con un paquete de 3.000 millones en actividades concretas ya identificadas.

En BBVA tienen claro el papel a jugar para ser un sistema eficiente que lleve ese dinero a las pequeñas y medianas empresas y a los emprendedores.

Acerinox pone el foco en que se usen para la reindustrialización del país en empresas con planes de crecimiento.

Por último, KPMG tendrá una doble función: identificar oportunidades y comprobar que su uso es el adecuado.

Más regulación para evitar casos como el de GameStop

La especulación y la volatilidad provocadas desde la red social ­Reddit con la compra masiva de acciones de la empresa de videojuegos GameStop está en las antípodas de las prácticas recomendadas por los participantes en el encuentro. Evitar acciones de este tipo es complicado. La información se mueve muy deprisa y la pericia tecnológica de sus jóvenes impulsores ha sacado a la luz debilidades en los mercados.

Mijangos cree que el verdadero problema es que se permitan “compras apalancadas y sin depósito real de dinero”, por lo que es partidario de regular “a los Robinhood de turno” que las activan. Ferrandis lo apoya, aunque advierte que “las regulaciones siempre van por detrás y suelen hacer la vida más difícil a los que cumplen” frente a los que no.

Desde BBVA plantean otra reflexión: “Hay muchísimas y muy complejas. Es muy deseable que las regulaciones tengan un marco flexible para poder actuar muy rápidamente en todo tipo de situaciones.”

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