El ocaso del petróleo: quizás no tan cerca como la revolución verde indica

La OPEP prevé que el consumo global de petróleo aumentará hasta mediados de siglo

Su peso en el mix energético se reduciría, pero seguiría siendo la principal energía

Petroleo Pulsar sobre el gráfico para ampliar

A juzgar por los ríos de tinta que se han vertido sobre el final de la era del petróleo y los múltiples compromisos tanto por parte de empresas como de Gobiernos de lograr la neutralidad de carbono para 2050, no resulta tan complicada de entender la locura inversora que han generado a su alrededor las energías renovables. En el lado opuesto, el sector del petróleo se ve como una especie de apestado, con una etiqueta de contaminador que pesa a ojos del mercado y lastra su valor. En medio de las voces que dan por muerto en el futuro al petróleo, las previsiones arrojadas por la principal organización productora de crudo arrojan un panorama muy diferente al que cabría esperar, atendiendo al discurso de la transición energética.

Según la OPEP, la muerte del petróleo no será tal. Aunque perdería poder dentro del mix energético, eso no significaría ni mucho menos su desaparición. Las cifras del cártel extractor indican que en todo el mundo se consumían 91 millones de barriles de petróleo al día en 2019. Entonces, el oro negro surtía el 31,5% de la demanda global de energía. Para 2045, la organización estima en su escenario de crecimiento económico más probable que la demanda mundial de petróleo aumentará hasta los 99,5 millones de barriles al día. Para entonces, si se cumplen las previsiones, el petróleo “solo” representará el 27,5% del mix energético. Es decir, ni siquiera perdería su papel como principal fuente de energía del planeta.

Estas estimaciones de la OPEP chirrían frente a con todos los planes de descarbonización que se han impulsado principalmente en Europa. ¿Por qué entonces aumentará la demanda de petróleo? Porque no todo el planeta es Europa. En 2019, los países de la OCDE consumieron 47,9 millones de barriles de crudo al día, mientras que las naciones que no forman parte del club demandaron 51,8 millones diarios. Si bien es cierto que en 2045 la OPEP prevé un pronunciado descenso del 27,3% en el consumo de petróleo dentro de los países de la OCDE, el aumento de la demanda fuera de la organización torpedea los esfuerzos por de­sen­gancharse del petróleo. La OPEP cree que el consumo crecerá fuera de la OCDE un 43,5% para 2045.

En todo caso, las renovables sí que ganarán peso, según reconoce también la OPEP. Mucho en términos relativos, pero no tanto en absolutos. De 2019 a 2045, las energías renovables aumentarán su importancia en el mix energético un 314,3% hasta ser el 8,7% del origen de la energía desde el 2,1% de 2019.

Arduo camino

Esta misma semana, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), también se pronunció sobre las implicaciones del final del reinado del petróleo. Y para reducir realmente a cero las emisiones netas de carbono para el año 2050, se requerirían adoptar drásticas medidas desde hoy mismo.

Según la hoja de ruta de la organización, se precisa la construcción, casi a diario, de instalaciones de gran tamaño de paneles fotovoltaicos. Por otro lado, se debería de dejar de invertir dinero de forma inmediata en la explotación de nuevos yacimientos petrolíferos. Para 2035, la AIE habla de prohibir la venta de vehículos de combustión interna. Incluso con estas duras condiciones, la AIE estima que el consumo de petróleo mundial estaría en los 24 millones de barriles al día para 2050. Un descenso drástico, pero el mundo seguiría usando crudo en este restrictivo escenario.

Situación actual

El crudo Texas llegó a marcar el año pasado precios negativos por primera vez en la historia debido a la sobreoferta, la ausencia de demanda y los cuellos de botella en el almacenamiento. Pero tras el duro golpe que supuso el año pasado la pandemia a lo largo y ancho de la cadena de valor petrolera, parece que el sol vuelve a brillar sobre los pozos.

“Hay dos fenómenos en marcha”, comienza explicando Norbert Rücker, head economics and next generation research de Julius Baer. “El primero es el ciclo económico; el segundo, el ciclo disruptivo”. El experto cuenta que nunca antes habían visto un crecimiento económico tan súbito: “En Norteamérica, en cierta medida en Europa, en los mercados emergentes, en Asia, a excepción de la India, se han retomado los niveles de actividad previos a esta crisis”. Rücker señala que este entorno propicia un resurgir de la demanda de petróleo.

Con el ciclo disruptivo, alude al auge de la movilidad eléctrica. “Este ciclo también se ha acelerado con la recuperación económica. Se percibe como un cambio estructuralmente negativo para la demanda de petróleo. No obstante, esperamos una demanda récord de gasolina para este año en Norteamérica. También esperamos que la demanda global de petróleo continúe al alza. Quizás 2021 no alcance los niveles de 2019, pero estamos muy seguros de que en 2022 volverá a los niveles normales”. Rücker fija para finales de la década una caída en la demanda global de crudo.

Aneeka Gupta, director research de WisdomTree Europe, coincide al prever buenas perspectivas para el petróleo en el corto plazo. “Se espera que la demanda de crudo repunte en la segunda mitad del año. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) y la OPEP han revisado sus ya de por sí optimistas previsiones para añadir un consumo extra de seis millones de barriles al día respecto a lo que esperaban a inicios de 2021”. La experta asevera que el exceso de inventario prácticamente ya ha desaparecido y hay signos de déficit en el suministro en la segunda parte de este año.

En la movilidad eléctrica, rival para el petróleo, Gupta cita a la consultora Wood Mackenzie. “Según sus previsiones, los vehículos eléctricos representarán la mitad de todas las ventas de automóviles de transporte de pasajeros para el año 2040. Esta predicción parece completamente plausible dado el ritmo al que se endurecen las normativas de emisiones y avanza la tecnología. Los costes de las baterías, según Wood Mackenzie, se reducirán a la mitad durante la próxima década, y cada vez son más y más eficientes. Unas mejores baterías, más baratas y más eficientes al mismo tiempo, servirán de motor a la adopción generalizada del vehículo eléctrico”.

Largo plazo

A más largo plazo, Gupta aporta cifras. El ritmo de crecimiento de la importancia eléctrica sobre el total de la energía final ha crecido históricamente a un ritmo de un 2% por década. “Para lograr los acuerdos de París, el ritmo de electrificación tendría que dispararse súbitamente. Aunque pensamos que la energía renovable sobrepasará al petróleo en 2030 en lo que a términos de generación eléctrica se refiere, no esperamos que la energía limpia sea capaz de reemplazar al petróleo completamente, ni siquiera en el año 2070”.

Rücker mira sector a sector para determinar si es posible olvidar por completo al petróleo en algún momento. Hoy por hoy, el experto apunta a que, si bien en la movilidad por carretera es probable que con el tiempo quede completamente desbancado a favor de la electricidad, otras actividades tienen muy difícil dejar de depender del crudo. A modo de ejemplo, cita el caso de la aviación. Aunque a largo plazo ya hay planes para evitar los vuelos de corta distancia, como anunció esta semana el Gobierno español en su plan para 2050. 

Viento de cola en el molino

Tanto Gupta como Rü­cker están de acuerdo en que las cosas cada vez se ponen más a favor de la energía renovable. La experta habla de un mercado maduro, con fuertes apoyos gubernamentales y unos costes cada vez menores. “La energía solar es consistentemente más barata que las nuevas plantas de carbón o gas en la mayoría de países. Las plantas solares están proporcionando energía a los precios más bajos nunca vistos”.

Cuestionado sobre si existe la posibilidad de que la escasez de materiales como el cobre o el litio pueda afectar al desarrollo de la energía renovable y de la electrificación, Rücker lo descarta de plano. “Las proyecciones apuntan a que el mercado de cobre puede cubrir la demanda. Tampoco vemos escasez en términos de metales para las baterías. No hay falta de litio, por ejemplo, ya que es bastante abundante. Su cadena de producción puede ser más fácilmente escalable que la de otras materias primas”. En opinión de Rücker, el reciclaje jugará un papel clave en el futuro. “En las baterías puedes reciclar cerca del 95% de los materiales que la componen. Lo mismo se aplica a los componentes de aerogeneradores y de placas solares”. 

Normas
Entra en El País para participar