Achim Truger: “Sin el fondo de recuperación nos arriesgábamos a otra crisis del euro”

Este miembro de los llamados “cinco sabios” alemanes apuesta por rediseñar las reglas fiscales para fomentar la inversión pública

Justifica el fuerte aumento de la deuda de los Estados comunitarios y descarta riesgos de inflación duradera en Europa

Achim Truger, , miembro del Consejo Asesor de Economistas del Gobierno alemán.
Achim Truger, , miembro del Consejo Asesor de Economistas del Gobierno alemán.

Sorprende que haya expertos que reclamen al mismo tiempo una política monetaria más restrictiva y una política fiscal también más restrictiva. Eso llevaría a la eurozona a una crisis profunda, de la que no saldrían ni el euro ni probablemente la Unión Europea”, expone Achim Truger (Colonia, Alemania, 1969). Este profesor de Socioeconomía, Política y Finanzas Estatales en la Universidad de Duisburg-Essen es, desde marzo de 2019, miembro del Consejo Asesor de Economistas del Gobierno alemán, los llamados “cinco sabios”. En su opinión, las políticas desplegadas ante la crisis del Covid por el Banco Central Europeo y los distintos Gobiernos han sido adecuadas, pero ahora hace falta “completar el proyecto de la unión en la eurozona” con “una reforma de las reglas fiscales”, que las reoriente “hacia la inversión” y “excluya las inversiones públicas” de los límites del Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

El Tribunal Constitucional alemán ha despejado el camino del fondo de recuperación europeo, ¿qué opinión tiene de este plan?

La decisión de desbloquear el programa es un gran alivio, pues el plan comunitario de recuperación es de fundamental importancia para la recuperación económica de Europa y para el futuro del euro. Los países más afectados por la crisis provocada por la pandemia necesitan este apoyo financiero para impulsar sus economías y para mejorar su posición de salida de cara al futuro. Además, sin un plan de recuperación común nos habríamos arriesgado a que se registrara una nueva crisis del euro y de la zona euro.

¿Cómo explica la capacidad de recuperación de la economía alemana? ¿Cuáles son sus retos?

Hasta ahora la economía alemana se ha recuperado relativamente bien. La caída del 4,8% de su PIB el pasado año no fue tan grave como la de muchos otros países. Una de las principales razones es que en Alemania los sectores más afectados por las medidas de confinamiento, como la gastronomía, la hostelería y parte del comercio al por menor, no tienen tanto peso en la creación de riqueza nacional como en otras regiones europeas. Por otro lado, las medidas estatales anticrisis han ayudado. Por todo ello esperamos que, con el avance en la vacunación [casi el 30% de la población tiene ya al menos una dosis puesta], Alemania pueda crecer fuertemente este mismo año y que el auge continúe en 2022.

El PIB español retrocedió un 11% en 2020. ¿Qué prioridades debe atender con la ayuda europea?

No formo parte del grupo de expertos económicos alemanes que se permiten dar consejos desde fuera y con una actitud sabelotodo. No puedo darle mi opinión porque no conozco suficientemente la economía española. Pero en líneas generales, lo que se puede decir es lo siguiente: las inversiones en sostenibilidad medioambiental, en infraestructuras y en educación y formación profesional son razonables y favorables para garantizar un crecimiento sostenible y estable.

¿Qué necesita la nueva economía tras la pandemia?

La pandemia apenas ha cambiado los objetivos económicos a largo plazo. Lo que sí ha pasado es que ha puesto en evidencia algunas debilidades de nuestras economías, como la dotación de nuestros sistemas sanitarios, la capacidad de reaccionar ante crisis, la insuficiente digitalización y la garantía o seguridad de suministro a la población. En cuanto a las inversiones futuras, será fundamental la apuesta por inversiones en neutralidad climática y en educación y formación profesional. Y, sobre todo, habrá que fortalecer la cohesión social.

¿Cómo valora el papel de los bancos centrales y los Gobiernos?

El BCE ha conseguido en el marco del programa de compra de emergencia que no se desencadenara una pérdida de confianza en los bonos soberanos de muchos países europeos, como España. Esa decisión de política monetaria ha apoyado a su vez los respectivos programas de estabilidad de los Gobiernos. Estos paquetes de ayudas y estímulos contra la pandemia de los Estados europeos eran necesarios para impedir que la economía cayera todavía más y que se produjeran quiebras masivas y desempleo brutal.

¿Ve riesgo de inflación ante el aumento de la deuda pública?

La realidad es esa: las cuotas de deuda pública han aumentado mucho por la crisis. Por otro lado, era absolutamente necesario. Y es muy probable que todavía habrían aumentado más en el caso de que los Estados hubieran intentado ahorrar durante la crisis. A medio plazo, la cuota de deuda de muchos países bajará. Pero, por ahora, eso no me preocupa, teniendo en cuenta los bajos tipos interés actuales y en vista de los impulsos de crecimiento generados por el plan de recuperación para Europa. En este momento no veo un riesgo de aumento de la inflación duradero en Europa.

Usted hablaba antes de la importancia de la cohesión social. ¿Qué medidas habría que tomar para que los países más débiles de la UE cuenten con perspectivas de futuro?

Los líderes e instituciones de la zona euro deberán completar el proyecto de la unión en la eurozona. Eso implica una reforma de las reglas fiscales europeas, orientándolas hacia la inversión y excluyendo las inversiones públicas de las reglas fiscales del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Y, a medio plazo, necesitamos una capacidad fiscal duradera para la eurozona.

En Alemania, el gran debate económico actual es sobre los cambios estructurales que la crisis acelerará. ¿Cuáles serán claves para el futuro europeo? Y ¿cómo deberá gestionar la UE las consecuencias negativas como de­sequilibrios sociales acentuados por la pandemia?

La UE ha seguido durante demasiado tiempo una política económica de desregulación, privatización, reducción de los derechos de los trabajadores y del Estado de bienestar; apostando por otro lado por las políticas de presupuesto público equilibrado. Desde el punto de vista económico esas políticas no solo no han funcionado sino que han incrementado la desigualdad y han arriesgado la cohesión social. La política tiene mucho por hacer en el futuro si quiere superar la transformación socioecológica. Deberá volver a ser razonable en lo macroeconómico y apostar mucho más por inversiones públicas y solidaridad social. Si se consigue, no habrá que preocuparse por el futuro de la Unión Europea.

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