La disputa por la clientela turística en Europa empieza de nuevo

De poco servirán los salvoconductos en negociación si no avanza con más rapidez la vacunación aquí y en los grandes mercados emisores

Salvo los muy avisados, nadie pensó cuando se acercaba el verano de 2020 que el de 2021 no sería mucho mejor en términos de actividad turística, porque reinaba una excesiva fe en la derrota del Covid-19. Pero no ha sido así en prácticamente ninguna zona geográfica del mundo, salvo pequeños islotes como Israel o el propio Estados Unidos, e incluso una nueva ola de pesimismo invade ahora las expectativas con el temor a la expansión de la variante india del virus, cuya inmunización con las vacunas actuales no está testada. Cierto parece, en todo caso, que la cuarta ola de la pandemia en Europa parece presentar menos virulencia que las anteriores, ya sea por las enseñanzas acumuladas para combatirla, por la penetración, por modesta que sea, de los niveles de vacunación o por haber encontrado el equilibrio entre la recuperación de la actividad económica y las restricciones a la movilidad. Pero, aun así, Europa no está en condiciones de garantizar una temporada turística libre de Covid; ni en los mercados emisores ni en los receptores.

Los niveles de vacunación medios en todos los países europeos, que han caminado de la mano en la compra de viales y en su administración, son similares y no permiten recuperar la plena movilidad en los meses de junio o julio, puesto que no será hasta finales de septiembre cuando pueda considerarse que se ha alcanzado un nivel de protección suficiente como para vivir, trabajar y viajar con normalidad y seguridad. Por todo ello, la economía española, que tiene una dependencia excepcional de la actividad turística y de la llegada de extranjeros, seguirá sin poder contar con el aporte de los visitantes como era tradicional. De los más de 80 millones de viajeros anuales que pasaban por el país antes de la pandemia, solo se podrá contar con unos pocos millones, y habrá que compartirlos con el resto de los destinos de la zona del Mediterráneo.

A la tradicional disputa por precio habrá que añadirle la variable seguridad, que estará más en mano de los avances de la vacunación y de los niveles de exigencia de las autoridades españolas que nunca. De poco servirán los salvoconductos que lleva negociando la Unión Europea si no avanza con más rapidez la vacunación aquí y en los grandes mercados emisores, especialmente el Reino Unido (que camina con más firmeza que Europa), Francia y Alemania. En muchos casos asegurarse generosos volúmenes de visitantes de tales países depende más de la habilidad de las autoridades y las grandes empresas hoteleras para negociar con los turoperadores para generar pasillos de seguridad sanitaria seguros. Quien gane tal disputa podrá salvar una parte importante del verano y de los ingresos que reporta; quien salga derrotado tendrá que esperar un año más para la normalización; algo que España, por la intensidad del turismo externo en su economía, no se puede permitir.