Las fuentes de oportunidades desconocidas de la nueva China

El país será un mercado especialmente atractivo para invertir en salud en los próximos años gracias a los sólidos fundamentales de su demanda

No nos equivoquemos: en las décadas venideras, los ejes de desarrollo de China serán sumamente diferentes a los que hemos conocido. El crecimiento del gigante asiático ya no se cimentará sobre catalizadores como las exportaciones o las inversiones en infraestructuras, sino sobre la innovación.

La pirámide de edades china se caracteriza por el marcado envejecimiento de su población, y nada indica que esta presión demográfica vaya a reducirse: el final de la política del hijo único en el país no revertirá esta tendencia, sencillamente porque las parejas chinas no tienen intención alguna de formar familias numerosas. Por ende, la mano de obra cualificada disponible disminuirá inexorablemente y, para mantener su crecimiento económico, China no tendrá más remedio que acelerar sus capacidades de innovación para aumentar la productividad y mejorar su posición en las cadenas de valor con el fin de evitar caer en lo que se denomina como la trampa de las rentas medias.

El país es plenamente consciente de ello. Esta presión estructural explica por qué está tan determinado a llevar a buen puerto el programa Made in China 2025, que se lanzó en 2015 y tiene por objetivo apoyarse en la innovación para hacer del gigante asiático un líder en sectores especialmente prometedores, como los de energía sostenible, robótica, inteligencia artificial, aviación o tecnologías de la información, entre otros.

China ha logrado grandes avances y, en apenas unos años, se ha consolidado como un gigante tecnológico y líder de lo que comúnmente se denomina la nueva economía. Por ejemplo, China saca una ventaja más que considerable a otros países en materia de desarrollo de la red 5G y se convertirá dentro de unos años en el primer exportador mundial de robótica. Sin embargo, cabe resaltar la capacidad del país asiático para innovar y cosechar excelentes resultados en un sector más sorprendente: el de la salud.

Ello resulta en efecto asombroso, puesto que, si bien estamos familiarizados con los sistemas de salud en Europa o Estados Unidos, desconocemos por completo el sistema sanitario chino que, sin embargo, rige la vida cotidiana de más de mil millones de hombres y mujeres. No obstante, en tan solo unos años, China ha realizado progresos espectaculares en este ámbito que justificarían que hablásemos de un ChinaCare.

Hace solo veinte años, únicamente el 3 % de la población china —38 millones de habitantes— contaba con un seguro de salud, principalmente empleados de empresas públicas o funcionarios. El resto debía apoyarse en su círculo cercano, y una enfermedad grave podría causar la ruina de toda una familia. En 2018, la cifra de 38 millones de personas había ascendido hasta los 1.350 millones, por lo que el 95 % de la población china contaba con una cobertura médica básica. En la actualidad, aproximadamente la mitad de los gastos relacionados con las hospitalizaciones y los tratamientos de enfermedades graves quedan cubiertos, además de los reembolsos vinculados a las consultas médicas y a los procedimientos médicos básicos. En las provincias ricas, como Zhejiang y Jiangsu, la tasa de reembolso asciende incluso al 80%.

No cabe duda de que estos espectaculares resultados pudieron alcanzarse gracias a las decisiones de gran calado que tomó el presidente Jiang Zemin y sus sucesores. Con todo, también fueron posibles por los fulgurantes progresos tecnológicos que está llevando a cabo China. Su sector de biotecnología se está desarrollando con gran celeridad. Las farmacéuticas del gigante asiático están acelerando la inversión en I+D. Algunas compañías chinas se han convertido en líderes mundiales en la externalización del análisis clínico y de la fabricación de medicamentos.

Ciertas empresas privadas de telemedicina, como AliHealth, Ping An Good Doctor y JD Health, han protagonizado un desarrollo sumamente rápido y ofrecen servicios de consulta online, además de vender fármacos. Estas plataformas han realizado miles de millones de teleconsultas durante la crisis sanitaria, lo que ha permitido aliviar considerablemente la presión sobre unos hospitales públicos saturados por el flujo de pacientes.

Sin lugar a dudas, China seguirá siendo un mercado sumamente atractivo para la inversión en el sector salud en los próximos años gracias a los sólidos fundamentales que presenta la demanda. McKinsey & Company estima que, para 2030, la población urbana de China alcanzará la cifra de 1.000 millones, de los cuales 100 millones serán personas de al menos 65 años. Además, gracias al progreso económico, 500 millones de personas pasarán a formar parte de la clase media para entonces y, por ende, demandarán una información sanitaria más creíble, unos cuidados de mayor calidad y una mejor experiencia del paciente.

Todos los inversores son conscientes de que la nueva economía de China presenta algunas oportunidades de inversión a largo plazo excelentes. No obstante, el ritmo de desarrollo del sistema sanitario chino se acelerará exponencialmente a medida que mejore el acceso a medicamentos innovadores, prosiga la mejora de competencias de los empresarios chinos y los expertos con gran experiencia en I+D de países más desarrollados centren su atención en China.

Haiyan Li-Labbé es Gestora y analista especializada en China de Carmignac