Una receta global para impulsar la vacunación contra el Covid-19

Cada miembro del G20 debería aportar fondos suficientes para financiar las campañas de inmunización y evitar la rivalidad entre las potencias

Los países avanzan a velocidades muy distintas en la administración de las vacunas. En EEUU, el ex presidente Donald Trump y los gobernadores republicanos impusieron menos restricciones a la actividad comercial, económica y social que los gobernadores demócratas. El resultado fue una mayor propagación del virus y el fallecimiento de más de 538.000 personas debido a Covid-19, la cifra más alta del mundo.

Pero los dos paquetes de estímulo pactados en 2020 por la Casa Blanca y el Congreso por valor de 2,9 billones de dólares y las menores limitaciones contribuyeron a un descenso del PIB del 2,3%, muy inferior al 7,1% de la UE. El presidente Joe Biden y la mayoría demócrata del Congreso han aprobado un tercer plan de estímulo de 1,9 billones. Incluye pagos directos a personas, a familias con hijos a cargo, la extensión de la subvención de desempleo federal y financiación para la reapertura de colegios. Se ha acelerado el ritmo de vacunaciones. Más de una tercera parte de la población (111 millones) ha recibido por lo menos la primera dosis. Se prevé que en mayo EEUU tendrá suficientes dosis para inmunizar a toda su población. Por ello la Reserva Federal pronostica que el PIB crecerá un 6,5% en 2021 y un 3,3% en 2022. Países europeos como Alemania lograron mediante confinamientos y la disciplina de su población cifras muy bajas (73.972) de muertes por Covid-19.

En cuanto a la producción de una vacuna segura y eficaz, la estrategia de EEUU ha dado mejores resultados. El Gobierno otorgó 20.000 millones de dólares y los recursos de las fuerzas armadas a las empresas farmacéuticas mediante el programa Operation Warp Speed. Esta asociación pública-privada lanzada en abril de 2020 consiguió que, sin saltarse ninguna de las tres fases de ensayos, Pfizer/BioNTech y Moderna obtuvieran la aprobación de sus respectivas vacunas en diciembre.

En la UE la tasa de inoculación es solamente de una tercera parte respecto a la de EEUU. Se ha retrasado por múltiples factores. Algunos fabricantes desviaron parte de su suministro al Reino Unido. Aunque la Casa Blanca insiste en que no prohíbe la exportación de dosis a terceros países, la Comisión Europea acusa a Washington y Londres de bloquearlas. Bruselas autoriza la exportación si las farmacéuticas cumplen con sus contratos de suministro a la UE. Además, se detectaron trombos en 11 casos de los 17 millones de inyectados con el antídoto de AstraZeneca. Trece países europeos han suspendido provisionalmente su uso a pesar del veredicto favorable de la Agencia Europea del Medicamento (EMA). La vacuna de AstraZeneca es la gran apuesta de Europa y del programa COVAX de la OMS. Se han reservado 3.000 millones de dosis, la mitad de las cuales debería ser para países pobres. Pero el fabricante anglo-sueco se ha retrasado en sus entregas a la UE y amenaza con sembrar más discordia entre Washington, Bruselas y Londres.

Rusia y China compiten con las vacunas occidentales. La Sputnik V rusa y las elaboradas por Sinovac y Sinopharm en China se aprobaron y exportaron antes de haber superado la tercera fase de ensayos clínicos y su eficacia es inferior al 95% que alcanzan las de Pfizer/BioNTech y Moderna. Pekín ha prometido 500.000 dosis a 45 países. En setenta países sigue aumentando el número de infectados y a nivel global Covid-19 ha contagiado a más de 120 millones de personas y se ha cobrado la vida de 2.796.152. Catorce países tienen tasas de mortalidad superiores a 100 sobre 100.000 habitantes. La República Checa (222), Reino Unido (189), Hungría (176), Italia (170), Bulgaria (164), EEUU (164), España (155), Perú (154) y México (153) encabezan esta triste clasificación.

En América Latina, Europa oriental, Oriente Medio, África subsahariana y el sudeste de Asia sigue aumentando alarmantemente el número de infectados, hospitalizados y fallecidos. La historia muestra y los expertos advierten que la humanidad se enfrentará a nuevas pandemias respiratorias, además de mutaciones de las ya conocidas. Para mantener la protección otorgada por las vacunas actuales habrá que administrar antídotos refuerzo anualmente. El envejecimiento de la población en los países ricos y la persistencia de la pobreza añade gravedad a la situación.

La elaboración y administración de una vacuna es un proceso complejo. Las empresas que las manufacturan tienen cadenas de producción y suministro en varios países. Algunos expertos opinan que la fabricación a gran escala solamente es rentable si se concentra en pocas plantas. Las vacunas varían respecto a la temperatura a la que deben almacenarse, su naturaleza y el número de dosis que requieren. El precio por dosis también es muy dispar: de los 4 dólares de AstraZeneca hasta los 33 de Moderna. EEUU ha aportado 4.000 millones de dólares y la UE 1.900 millones al programa Covax creado por la OMS, la Comisión Europea y la fundación Gates. Su objetivo es suministrar 1.300 millones de dosis este año a los países más pobres.

Pero la burocracia inherente de dichas instituciones y la competencia y falta de transparencia de China y Rusia exigen un programa global más ambicioso y dinámico. Cada uno de los miembros del G20 debería aportar 5.000 millones de dólares. Los 100.000 millones resultantes se convertirían en un fondo que compraría vacunas a las empresas farmacéuticas.

La OMS, la FDA y la EMA proporcionarían indicaciones médicas y técnicas al G20 sobre la demanda de vacunas por regiones y países. Las farmacéuticas venderían las vacunas a un precio superior al de su producción para las destinadas a los países desarrollados. Para los emergentes y pobres no obtendrían beneficio alguno. La investigación y desarrollo puntero de las farmacéuticas debe combinarse con una gobernanza ágil y transparente que evite la rivalidad entre las potencias.

Alexandre Muns es Profesor de EAE Business School