La deuda verde puede estar teniendo más éxito del que le conviene

La prima de sostenibilidad incentiva su emisión, pero las penalizaciones a las empresas por incumplir pierden eficacia

Botellas de agua mineral en la fábrica de Abatilles en Arcachon (Francia).
Botellas de agua mineral en la fábrica de Abatilles en Arcachon (Francia). reuters

La deuda sostenible puede estar haciéndose demasiado popular para su propio bien. Los inversores se están volcando en valores con cupones vinculados a objetivos medioambientales, o en los que los ingresos se destinan a inversiones verdes. El éxito puede aumentar el atractivo de los bonos, pero también podría distorsionar su precio y potencia.

Bajo la presión de mostrar sus credenciales medioambientales, los gestores de activos están acaparando deuda sostenible. También lo hacen otros inversores, como los bancos centrales y los gestores de reservas. Los analistas de Natixis esperan que este año se emitan unos 330.000 millones de euros en la moneda única, lo que supone un aumento de más de un tercio con respecto a 2020.

Por ejemplo, el bono de H&M, lanzado a finales de febrero. Se trata de un bono vinculado a la sostenibilidad que impone un cupón de penalización más alto si el minorista no cumple ciertos objetivos, incluido el compromiso de aumentar el uso de material reciclable.

Los bancos que venden el bono propusieron inicialmente fijar el precio a un rendimiento equivalente a entre 90 y 100 puntos básicos por encima de los tipos de referencia. Al final, lo redujeron a solo 50 puntos básicos. El hecho de que el bono sea el primero de H&M, y que pueda acogerse al programa de compra de bonos de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha contribuido a ello.

Pero no es un ejemplo aislado. En la actualidad, la deuda sostenible se emite y negocia con frecuencia con una rentabilidad inferior a la de los bonos ordinarios con riesgos similares. El minorista británico Tesco fijó el precio de un bono en enero con un cupón entre 10 y 20 puntos básicos por debajo del nivel de valor razonable que implica su deuda ordinaria, según IFR. El bono verde a 10 años de Daimler se negocia con una prima verde (greenium) de 10 puntos básicos respecto a su deuda convencional, según datos de Refinitiv.

El greenium puede hacer que las empresas sean más propensas a emitir. Pero también puede debilitar la potencia de un bono sostenible. Si la emisión de un instrumento de este tipo es sensiblemente más barata que la de la deuda ordinaria, las penalizaciones del cupón necesarias para incentivar a los emisores a alcanzar los objetivos pierden su eficacia. Normalmente, estos bonos ligados a la sostenibilidad penalizan el incumplimiento de los objetivos encareciendo los cupones anuales hasta en 25 puntos básicos. Los greeniums lo compensan.

Los bonos sostenibles ya corren el riesgo de ser abandonados por los inversores verdes si la empresa no alcanza sus objetivos o utiliza los fondos de forma poco virtuosa. Ese efecto podría amplificarse si la fuerte demanda crea instrumentos que parecen tener un riesgo crediticio menor que la deuda ordinaria, cuando en realidad no lo tienen. Los inversores astutos estarán esperando entre bastidores para sacar provecho.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías