Alimentación

Consumo aprobará Nutriscore este año pese a las “presiones” en su contra

El ministerio que encabeza Alberto Garzón utilizará el etiquetado frontal para restringir la publicidad de determinados alimentos a niños

La etiqueta nutricional Nutriscore, en una caja de cereales.
La etiqueta nutricional Nutriscore, en una caja de cereales.

El Gobierno sigue adelante con su idea de implantar el etiquetado frontal Nutriscore en alimentos y bebidas, pese a la polvareda levantada en las últimas semanas por las calificaciones que este sistema, que ya se aplica en Francia o en Alemania, da a productos como el aceite de oliva o el jamón ibérico.

Así al menos lo pretende el Ministerio de Consumo, que lidera las corrientes del Ejecutivo para aplicar esta herramienta como una forma de luchar contra los malos hábitos alimenticios. Otras voces, como las del ministro de Agricultura Luis Planas, no se han mostrado tan entusiasmadas respecto a Nutriscore, pero Consumo lleva la iniciativa y remite al acuerdo de Gobierno firmado entre PSOE y Unidas Podemos. Su idea se mantiene y fuentes del ministerio que encabeza Alberto Garzón avisan: la regulación estará preparada antes de que acabe el año.

Y lo estará pese a las "grandes presiones" que, según las mismas fuentes, Consumo ha recibido en las últimas semanas. Desde el ministerio se habla de una "campaña beligerante" y "brutal" de grandes empresas "que no quieren que se conozca la información nutricional de sus productos de manera clara". "La determinación es total. Hay un acuerdo de Gobierno y no puede haber quejas", añaden fuentes ministeriales.

Esa regulación dará las normas que las empresas alimentarias deberán seguir si quieren incluir el "semáforo nutricional" de Nutriscore en sus etiquetas frontales. Y será a su elección porque, hasta que la Comisión Europea no diga lo contrario, y no se prevé una decisión hasta 2022, la adscripción a la misma es voluntaria. Una empresa puede decidir, en estos momentos, sumarse a Nutriscore, incluirlo solo en algunos productos o directamente en ninguno.

Consumo es partidario de que Bruselas obligue a la incorporación de Nutriscore en todas las etiquetas. "Hacer nada es inaceptable", sostienen desde el Ministerio. "No vamos a ceder a ninguna presión de los lobbys que prefieren que los consumidores no tengan conocimiento transparente de sus productos en algo que es central para su salud".

Además, el ministerio quiere acelerar la adaptación a este etiquetado porque, a su juicio, las empresas españolas empiezan a competir en inferioridad de condiciones en países como Francia, Alemania o Bélgica, donde el etiquetado ya es una realidad y donde los consumidores, sostienen desde Consumo, ya basan sus decisiones de compra en la información que aporta la etiqueta. Algo que los productos que son exportados desde España no incluyen.

Nutriscore es una suerte de semáforo nutricional con el que, a través de un algoritmo, se establece si un alimento tiene mejores o peores propiedades nutricionales en base a las cantidades de azúcares o grasas, entre otros elementos. Esa escala va desde la letra A y el color verde, que identifica a los mejores, hasta la E y el rojo, en el que estarían los peores, y compara productos de las mismas categorías. "Sintetiza la calidad nutricional, no dice si un alimento es bueno o malo", subrayan desde Consumo. Este ministerio decidió excluir al aceite de oliva de esta escala al considerar que el algoritmo no representa sus cualidades nutricionales (le da una nota C), y lo volverá a incluir cuando sí se reflejen. "Tiene que quedar fuera de toda duda la buena capacidad nutricional del aceite de oliva", insisten. 

Además, Consumo también utilizará las notas de Nutriscore para abordar la regulación de la publicidad de ciertos alimentos dirigidos a niños. El objetivo es poder prohibirla en aquellos con peor calificación. Como ya avanzó en octubre del año pasado, el ministerio solo permitirá los anuncios de los alimentos o bebidas calificados como A y B para menores de 15 años. El resto, de la C a la E, quedarán prohibidos.

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