Tecnología renovable: ahora es el momento

Parece que la apuesta global por el cambio energético ha necesitado de una pandemia para tomar el impulso que necesitaba

Hace unos días, el Consejo de Ministros aprobaba la nueva estrategia de almacenamiento energético, en el contexto normativo de desarrollo del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, y en paralelo al extraordinario crecimiento del mercado internacional de almacenamiento de energía que, según la consultora IHS Markit, llegará este año a doblar las cifras del pasado. Esto nos podría parecer normal hasta cierto punto – visto como una noticia más de los avances de la transición energética– e incluso familiar. Porque la actualidad diaria está llena de información que no hace tanto tiempo parecía incluso exótica para los no iniciados. Por ejemplo, ¿quién no ha leído y escuchado en el último año lo que supondría el desarrollo del hidrógeno verde?

Sin embargo, parece que la apuesta global por el cambio energético –el reemplazo de los combustibles fósiles por las renovables– ha necesitado de una pandemia para tomar el impulso que necesitaba. Me refiero a que esa velocidad de cambio exponencial, con la que siempre nos referimos a la evolución tecnológica y la digitalización, se ha trasladado a las energías renovables y la electrificación de la economía como estamos viendo prácticamente en directo. Lo que hace un año parecía que necesitaba mucho más tiempo, se ha ido acortando en las agendas de los gobiernos y en la percepción de las sociedades, empezando por la española, cada vez más comprometidas y sensibles ante el cambio climático y la descarbonización de la economía.

En este nuevo escenario, los análisis geoestratégicos contemplan la transformación de los liderazgos –o al menos un realineamiento socioeconómico– de los países que dominen las denominadas tecnologías limpias y sean exportadores de energía, incluyendo por supuesto el control y acceso a las materias primas necesarias. En estos análisis –es muy interesante el de la Agencia Internacional de Energías Renovables– yo destacaría el factor tecnológico, que es donde pueden estar gran parte de nuestras ventajas competitivas, más allá de nuestras condiciones, recursos y experiencia.

¿Puede sonar rara esta afirmación en un país donde la inversión en I+D+i es sistemáticamente menor que la media europea? Probablemente sí, desde la visión de una carencia como esta, pero también hay numerosos ejemplos de compañías e instituciones propias de que una apuesta decidida por la mejora continua de nuestras tecnologías renovables es un camino imprescindible e inevitable. De hecho, basta ver la temperatura actual en torno a las renovables en nuestro país, más allá de las inversiones y operaciones corporativas.

No se puede obviar que hay factores clave: desde el tamaño hasta la financiación y la inversión, pero estamos en el momento justo para solventarlos a través de la colaboración estratégica, tanto entre lo público y lo privado como entre las propias compañías, así como en el marco conceptual y económico de los fondos next generation. Es posible innovar y disponer de tecnología propia en nuestro campo renovable para permitirnos jugar en las grandes ligas y dar ese salto cualitativo que necesitamos más allá de la producción y la exportación.

 Antonio María Pino es CEO de Refractaris