El aumento de los costes puede lastrar la recuperación

El encarecimiento de las materias primas y su efecto en la inflación constituye una amenaza para el consumo y la competitividad empresarial

La constante subida que está experimentando el petróleo –el barril de crudo Brent, de referencia en Europa, ha superado ya los 66 dólares y los analistas prevén que tocará los 70 en el segundo semestre del año– está impulsando los precios de otras materias primas, como es el caso del cobre, el acero, la plata, el aluminio y los cereales. El aumento del precio del crudo se ha trasladado a los combustibles, que encadenan subidas constantes desde hace cuatro meses, y cuyo precio ha aumentado un 13% desde el pasado noviembre. Tanto el precio medio del litro de gasolina como el de gasóleo han alcanzado ya los niveles más altos desde marzo de 2020, es decir, desde antes de la irrupción de la pandemia, pese a que las restricciones y la propia crisis están limitando el crecimiento de la demanda. La explicación más pláusible a este rally de materias primas está en la apuesta del mercado por una pronta recuperación de las economías mundiales. El inicio de las campañas de inmunización y la aparición de nuevas vacunas dibujan unas previsiones de reactivación económica más positivas, lo que explica el alza de los valores, especialmente en el caso del petróleo y los carburantes.

La primera consecuencia del incremento del precio de las materias primas y los combustibles es su efecto en la inflación. Es cierto que en un contexto de inflaciones bajas o negativas como el que se ha vivido hasta enero en la eurozona, mes en el que se ha registrado ya un repunte del 0,9%, las subidas no son una noticia alarmante en términos macroeconómicos, pero sí constituyen un problema creciente para las empresas y para las familias. Algunos sectores de fabricación en España ya han advertido sobre el incremento del coste de las materias primas, que se une al aumento de los precios de importación debido a las restricciones de movilidad, y que está suponiendo un repunte de los costes de producción y comercialización.

Pese a que todavía es pronto para augurar si estamos ante un ciclo sostenido de subida de las materias primas y por tanto frente a un factor alarmante de presión sobre la inflación, el incremento de los precios no es una buena noticia para una economía sumida en una crisis histórica. El encarecimiento de los costes internos constituye una amenaza para el consumo y la competitividad empresarial que solo puede neutralizarse flexibilizando la economía y preparándola para aprovechar al máximo la recuperación. Aunque el Gobierno sigue resistiéndose a acometer las reformas estructurales que España tiene pendientes e insiste en una agenda económica tímida cuando no contraproducente, el aumento de los costes de la economía puede convertirse en un serio lastre para la recuperación.