Voy a invertir: ¿cómo puedo cubrir el efecto de lo imprevisto?

Asegurar nuestro futuro, con un plan financiero y de inversión que incluya elementos de previsión es vital para borrar incertidumbres para el día de mañana

Voy a invertir: ¿cómo puedo cubrir el efecto de lo imprevisto?

A día de hoy, cualquier persona que quiera invertir su dinero tiene multitud de opciones. Desde los mercados cotizados, a las inversiones alternativas. Acciones, bonos, fondos de inversión, planes de pensiones, unit linked, private equity, inmobiliario, etc. La oferta es cada mayor, algo que aunque puede ser enormemente positivo para el inversor, multiplica sus opciones para rentabilizar su dinero, y puede volverse en su contra si no invierte en el activo y en el producto que realmente necesita.

Como hemos comentado en este blog en otras ocasiones, uno de los mayores errores que cometen las personas que quieren rentabilizar sus ahorros es empezar directamente pensando en el producto, cuando, en realidad, el primer paso es siempre pensar en uno mismo. Este error, además, suele ir de la mano con fijarse en lo que hace “el de al lado”.

¿Por qué caemos en la trampa de pensar que lo que es bueno para nuestro vecino, amigo o conocido es siempre bueno para nosotros? Como explica Belén Alarcón, socia de asesoramiento patrimonial de Abante, esto sucede porque la parte más emocional de nuestro cerebro suele mandar en nuestras decisiones, “lo que nos lleva a tomar decisiones cortoplacistas y a visualizar el futuro en tercera persona”.

No ser conscientes de que las decisiones que tomamos en el presente influyen en nuestro futuro nos impide plantearnos las preguntas adecuadas que deberíamos hacernos siempre antes de invertir: ¿qué es lo que quiero conseguir con ese dinero que voy a invertir? ¿Cuándo lo voy a necesitar? ¿Cuánto puedo invertir y cuánto tengo ahora? ¿Qué cantidad puedo destinar cada año a invertir? ¿Cuál es mi situación financiera y patrimonial?

Y aunque responder a todas estas cuestiones es fundamental para poder trazar un plan financiero y de inversión que realmente se ajuste a nuestras circunstancias y objetivos, pensar en nuestras metas y planes muchas veces no es suficiente. ¿Y si cambian mis circunstancias? ¿He pensado realmente en cuáles son mis objetivos? ¿Y si me ocurre algo que me impide seguir generando ingresos?

Si algo hemos aprendido de estos últimos meses es que el mundo puede cambiar en cualquier momento y nuestra situación también, y de un momento a otro. Por ello, para poder hacer frente a todo lo que nos pueda pasar y ganar certidumbre y seguridad para el futuro, cuando pensemos en invertir nuestro dinero debemos hacer un ejercicio de planificación financiera y vital en el que tengamos en cuenta elementos de previsión para tener la parte económica cubierta y no sufrir por ese lado.

Y es que, aunque cubrir el efecto de lo imprevisto puede resultar complicado al tratarse de algo incierto, pensar en nuestro futuro, en nuestras preocupaciones y en cómo queremos vivir el día de mañana nos va a ayudar a poder asegurarnos esos imprevistos.

¿Y si vivo más de lo que había planeado y me quedo sin dinero? ¿Y si sufro una dependencia que me impide seguir realizando mi trabajo? ¿Y si tengo una enfermedad y no puedo asumir sus costes? Para asegurar nuestra independencia económica para el futuro, un factor que debemos tener muy presente es el incremento de la esperanza de vida -en nuestro país se ha duplicado en el último siglo. Las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística reflejan que para el año 2035 uno de cada cuatro españoles va a tener 65 años o más. Esto nos va a llevar a una sociedad envejecida en la que llegar a vivir 100 años va a dejar de ser algo excepcional y en la que, por consecuencia, la tasa de dependencia y el desarrollo de enfermedades se incrementarán.

Este escenario nos obliga a trazar una estrategia de inversión pensando en la longevidad y en todo lo que esta implica. Anticiparnos y pensar en esos “¿y si…?” nos ayudará a que nuestro plan financiero y vital esté completo y se ajuste a nuestras circunstancias, objetivos y preocupaciones con los productos financieros -fondos de inversión, planes de pensiones, seguros, etc.- que realmente necesitemos.

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