Investigación

España se queda fuera de los 20 países más avanzados en la vacuna del Covid-19

21 naciones participan ya en los 64 productos en ensayos clínicos

La I+D nacional, rezagada en laboratorio y con la duda del desarrollo industrial

Vial de la vacuna de la empresa china Sinovac.
Vial de la vacuna de la empresa china Sinovac.

España queda fuera de la élite investigadora e industrial en las vacunas frente al coronavirus. Ninguna iniciativa española ha llegado de momento a la fase de ensayos con humanos, una etapa en la que ya hay 64 productos de 21 países diferentes, según se desprende de la información de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Todo ese arsenal procedente de compañías farmacéuticas y centros punteros de investigación en todo el mundo hace muy complicado la llegada de una alternativa española hasta el mercado, ya que no solo llega tarde sino que debería mejorar a lo existente con el objetivo de conseguir financiación de algún socio entre las compañías farmacéuticas para realizar los ensayos y producirla a escala industrial.

Actualmente ya existen dos vacunas para el Covid-19, la de Pfizer/BioNTech y Moderna, aprobadas en la UE. Otras también tienen autorización en algunos países, como la de la multinacional británica AstraZeneca, la rusa Sputnik V, las chinas de Sinovac, Cansino y Sinopharm y la india Bharat. Para logar llegar al mercado, deben demostrar primero seguridad y más tarde eficacia probándolas en miles de personas.

Las iniciativas españolas no están todavía en esa etapa clínica. Se encuentran en preclínica o pruebas con animales. Entre los proyectos nacionales más avanzados destacan dos del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del CSIC (asociado en uno con la empresa española Zendal); otra de Navarrabiomed; de IrsiCaixa, y dos de Idibaps-Hospital Clinic de Barcelona. Se encuentran entre las más de 170 iniciativas en el mundo en preclínica, según la OMS.

La barrera que encontrarán las vacunas nacionales es convencer a un socio industrial que apueste por ellas cuando ya existen en el mercado otras, que además en el caso de Pfizer y Moderna están basadas en la puntera tecnología de ARN mensajero y han demostrado una eficacia de protección de alrededor del 95% de los casos.

Recursos

“La probabilidad de que una vacuna española alcance el mercado dependerá de los recursos financieros necesarios para llevar adelante el desarrollo clínico de forma rápida y asegurar su fabricación”, opina Olga Fidalgo, socia de life sciences de la consultora KPMG. “No se debe minimizar lo competitivo del entorno, pero tampoco obviar el hecho de que no se dispone de la vacuna ideal y que, de momento, la vacunación va a ser gradual acorde con la disponibilidad progresiva de las vacunas autorizadas”, afirma. “La probabilidad de que una de las españolas en desarrollo sea una opción de colaboración para una farmacéutica dependerá de la robustez de los datos preliminares que puedan aportar versus otras vacunas más avanzadas o ya comercializadas y del grado de mejora que aporten”, añade.

“En un escalón por debajo, aún en fase preclínica, España cuenta al menos con una decena de proyectos que buscan una vacuna desde diferentes perspectivas”, relata Jaime del Barrio, senior advisor de health & life sciences de la firma EY. “El hecho de que se vayan aprobando vacunas y vayan siendo exitosas, en principio, puede actuar como un freno para las demás investigaciones, ya que disminuirá la prevalencia del virus”, explica. “En este sentido, no es suficiente la colaboración coyuntural de la Administración e instituciones públicas y privadas para lanzar una vacuna al mercado, es imprescindible la industria farmacéutica, y su capacidad aun siendo muy grande es limitada y sujeta a prioridades”, recuerda.

Importancia estratégica

El Ministerio de Ciencia liderado por Pedro Duque ha insistido en diversas ocasiones en la importancia de desarrollar una alternativa nacional para crear esa cadena que va desde la investigación a la industria farmacéutica, sobre todo en el caso de posibles futuras pandemias.

“Para un país, apostar por una producción propia asegura un autoabastecimiento y, por tanto, hay que seguir trabajando. En España hay poca tradición de este tipo de estudios que lleguen a la clínica y por ello merece la pena intentarlo”, coincide Mario Mellado, director del CNB. “Este es el reto, desde el punto de vista de país, una iniciativa que asegure el autoabastecimiento es muy relevante”, añade.

“Los problemas estructurales de la ciencia española lastran este tipo de proyectos y de ello saben mucho varios de los grupos de investigadores que están inmersos ahora en esta carrera y que han visto en ocasiones precedentes como sus investigaciones aun siendo exitosas no han llegado al mercado”, recuerda Del Barrio. Aun así, el problema no solo es de financiación de la industria, porque mientras decenas de centros de investigación básica en todo el mundo han avanzado en tiempo récord, en España todavía no se ha concluido la tarea de laboratorio.

EE UU ha brillado especialmente en esta batalla veloz gracias a sus punteros centros de investigación y su potente industria farmacéutica, actores involucrados en 21 de las candidatas que han llegado a las pruebas con humanos (ver gráfico). Le siguen China (14) y Alemania (entre ellas la ya aprobada de BioNTech y la de CureVac). Igualmente, con cuatro alternativas por país, se ha mostrado eficaz la I+D de Reino Unido (AstraZeneca como mejor ejemplo), India, Corea del Sur y el excepcional caso de Cuba, con iniciativas por duplicado de dos institutos públicos. Canadá, Rusia, Francia, Australia, Rusia, Taiwan, Japón, Israel, Turquía, Bélgica o Indonesia también están en esa lista de la élite, que incluye a otros casos menos habituales como Vietnam, Kazakistán o Tailandia.

Entre las más avanzadas en España se sitúa la dirigida por Luis Enjuanes, del CNB, que hace una semana en una entrevista señalaba que esperaba poder comenzar los ensayos clínicos en marzo, para lo que negocia con la empresa belga Univercells.

“No hay duda que la calidad de la investigación y la ciencia en España es excelente y que hay vacunas españolas en investigación muy prometedoras. La clave no es la calidad científica ni capacidad productiva, la clave será la financiación de las pruebas clínicas”, señalan desde Zendal, empresa asociada con la iniciativa de CNB encabezada por Mariano Esteban y que también es socia de la estadounidense Novavax, de la que fabricará el antígeno.

“¿Posible? Sí ¿Fácil? No. En España tenemos un tejido investigador básico de primer nivel mundial, pero el vacío existente entre esta investigación y su posterior desarrollo es muy grande y este continuum no se improvisa”, resume Del Barrio.

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