Pfizer y Moderna deben ceder su vacuna a más fabricantes

La capacidad industrial de estas compañías es limitada. Tienen la obligación de buscar alianzas para incrementar la producción

Caja con viales de vacunas de Moderna.
Caja con viales de vacunas de Moderna.

El sanctasanctórum de la industria farmacéutica es mantener en exclusiva la patente y comercialización de un producto durante varios años. Pero la gravedad de la pandemia de Covid-19 y los enormes recursos públicos inyectados para el desarrollo de las vacunas debe cambiar esa perspectiva. Pfizer y Moderna deben abrirse a compartir con otros fabricantes sus respectivas vacunas, las únicas que han demostrado una alta eficacia, y así alcanzar el objetivo de acelerar la inmunización de la población. Ambas compañías muestran una debilidad industrial para abastecer la demanda de los países y, de momento, no se esperan nuevas alternativas de otras empresas relevantes en los próximos meses.

Tanto Pfizer y su socio alemán BioNTech, que impulsó esta innovación, como Moderna han logrado un éxito sin precedentes al conseguir en unos pocos meses una fórmula eficaz contra el SARS-CoV-2. No es nada habitual, porque el desarrollo de este tipo de productos suele conllevar una década de desarrollo. El trabajo previo de investigación de BioNTech y Moderna en el campo de la tecnología de vacunas de ARN mensajero han servido de base para cuando todos los recursos se volcaron en encontrar un freno a una pandemia que ya cumple un año de extensión por todo el planeta con casi 1,9 millones de fallecidos confirmados con esta patología y 87,9 millones de contagiados.

El mundo podría esperar a que otras compañías desarrollen más vacunas eficaces contra este coronavirus, pero ¿por qué no seguir el camino más lógico de utilizar las que ya se inyectan y han sido eficaces? ¿Por qué tiene que esperar la población a que salgan otras alternativas debido a que Pfizer y Moderna no tienen la capacidad industrial para cubrir la urgente y grave necesidad sanitaria? ¿Por qué no buscan socios que les ayuden a extender la fabricación?

Pfizer y BioNTech actualmente se han comprometido a fabricar 1.300 millones de dosis de su vacuna Cominarty en 2021. Nadie garantiza que no haya problemas de suministro, como ya los tuvo la empresa estadounidense al comienzo de la fabricación en 2020. BioNTech ni siquiera ha concluido la puesta a punto de su fábrica de Marburg (Alemania) donde debe producir. La cifra es aún menor en el caso de Moderna, que anuncia entre 600 y 1.000 millones de inyecciones para este año, que saldrán de la fábrica de la española Rovi en San Sebastián de los Reyes para todo el mundo (excepto EE UU). Como mucho, entre las dos iniciativas sumarán 2.300 millones de unidades, suficientes para inmunizar a 1.150 millones de personas hasta diciembre, lo que cubriría tan solo una séptima parte de la población mundial.

No hay que olvidar tampoco el dilema ético de esperar nuevas vacunas, que no sabemos si funcionarán, mientras existen dos disponibles que en los ensayos clínicos con miles de voluntarios han demostrado una alta eficacia (cercana al 95%). Nadie garantiza que las más avanzadas experimentales de otras empresas tengan éxito. De hecho, ya hay ejemplos de que puede costar más tiempo de lo que se pensaba. Uno de los laboratorios que tiene contrato de suministro con la Comisión Europea, Sanofi, anunció recientemente el fracaso de su candidata y el siguiente intento lo retrasa hasta finales de año. Igualmente existen incertidumbres sobre la de AstraZeneca, que en resultados preliminares solo ha demostrado una eficacia del 62% en su protocolo de inyectar dos dosis. ¿Las autoridades sanitarias van a aprobar y administrar una alternativa mucho peor de la que ya existe y que probablemente no inmunice a cuatro de cada diez personas?

En el caso europeo, el Ejecutivo de Ursula von der Leyen ha hecho bien en crear una cesta de compuestos experimentales que también incluyen las de Sanofi, AstraZeneca, CureVac y Janssen (y probablemente Novavax en el futuro). Aun así, se debe ser consciente de que no todas van a ser eficaces o van a llegar con tanta celeridad como las de Pfizer y BioNTech. Existen también dudas de eficacia y capacidad industrial de otras alternativas chinas o de la rusa Sputnik. Por eso es el momento de acelerar con las disponibles y mejores.

No se trata de ceder todo el peso de la inmunización a los productos de Pfizer y BioNTech, porque deben llegar otras nuevas candidatas que probablemente en el medio plazo aporten ventajas, la obligación es acelerar el ritmo de vacunación con las fuerzas disponibles. Y para ello es necesario ceder esa tecnología a otros fabricantes en diferentes latitudes.

Probablemente haya voces que crean que este deber de Pfizer y Moderna vaya contra su derecho como empresa privada y su protección de la patente. Nada más lejos de la realidad. Deben apostar por alcanzar acuerdos de licencia o de producción con grandes proveedores de la industria–como por ejemplo ha hecho AstraZeneca con la farmacéutica Serum en India– o uniéndose a otras de las mayores multinacionales de vacunas que actualmente no dispongan de una candidata propia y que sí tengan capacidad en sus centros productivos. La propia patronal farmacéutica europea pedía a los laboratorios colaboración al inicio de esta pandemia ante el drama al que nos enfrentábamos. Ese espíritu no debe morir: ¡colaboren! Estos acuerdos no tienen por qué ir en contra de los intereses de sus accionistas y sin embargo sí irían en beneficio de la humanidad.

En este esfuerzo también EE UU, la Comisión Europea y los distintos Gobiernos europeos deben presionar a estas empresas para que entiendan la necesidad de aumentar la capacidad industrial. Y deben presionar porque estos Ejecutivos han sido los que han financiado el éxito del desarrollo. Sin los miles de millones de dinero público europeo y estadounidense en subvenciones directas y contratos no habría vacuna ni de Pfizer ni de Moderna.