Igualdad, crecimiento e inflación

Parte de la visión optimista de lo que nos pudiera traer 2021 tiene que ver con el apoyo ofrecido por los gobiernos y bancos centrales

Nos encontramos, a nivel mundial, en lo que podría ser el peor momento de la pandemia si nos atenemos a los recientes números de casos y fallecimientos. En Estados Unidos se aproximan a los 4.000 muertos diarios. Reino Unido acaba de decretar su tercer confinamiento duro e incluso Japón, que tan bien había capeado las primeras olas, se está planteando la declaración del estado de emergencia a raíz de las elevadas cifras de contagios (para sus estándares, pues en relativo siguen siendo buenas) de los últimos días. La celebración de las fiestas navideñas y el invierno no auguran una mejoría, al menos, para las próximas semanas.

Las Bolsas han iniciado el año algo nerviosas. Los mercados, con su imponente marcha alcista de los últimos meses, habían decidido poner las luces largas y anticipar que, más allá de lo complicados que van a ser los próximos dos o tres meses, la distribución de las vacunas ya aprobadas -o en camino de serlo-, permitiría cierta vuelta a la normalidad que se haría más palpable conforme nos fuésemos acercando a los meses de verano. Ahora, con las mutaciones detectadas en el virus (¿cómo de efectivas serán las vacunas aprobadas frente a las nuevas cepas?) y la lentitud con la que se está vacunando, empiezan a surgir las dudas sobre el citado proceso de normalización.

Las empresas, si se produjera esa paulatina vuelta a la normalidad, serán capaces de presentar buenos resultados. Con costes de financiación en mínimos y con plantillas más ajustadas que hace un año, los beneficios podrían sorprender de manera positiva.

En Estados Unidos, los demócratas acaban de asegurarse el control del Senado después de ganar los dos senadores pendientes en el Estado de Georgia. Las implicaciones pueden ser importantes. Con el control de ambas cámaras, los demócratas tendrán más fácil aprobar nueva regulación. En el lado positivo, se sitúan las expectativas de mayores impulsos fiscales en caso de que se estimen necesarios, incluyendo un plan de infraestructuras. En el lado negativo, parte de esa nueva regulación, si nos atenemos a las proclamas demócratas en las elecciones, se dirigiría a la subida de impuestos a empresas y rentas más altas y a la regulación de determinados sectores, como el financiero o tecnológico. A corto plazo, dada la situación económica actual, es probable que no se materialice la subida de impuestos, lo que ayudaría a una más rápida recuperación.

Parte de la visión optimista de lo que nos pudiera traer 2021 tiene que ver con el apoyo ofrecido por los gobiernos y bancos centrales. Los planes de estímulo fiscales y monetarios han sido muy potentes en 2020 y el compromiso de las autoridades con su extensión, en caso de que fuera necesario durante los próximos meses, parece inquebrantable. Hay que destacar aquí el nombramiento de Janet Yellen como nueva responsable del Tesoro estadounidense. Como expresidenta de la Fed se le presupone una gran sintonía con este organismo y el actual presidente Powell y, a tenor de sus declaraciones de los últimos días, su mandato se va a centrar en reducir las desigualdades económicas entre los estadounidenses, ya de por sí evidentes antes de la pandemia y que la irrupción de esta ha exacerbado.

La propia Fed, por su lado, mantiene su tono acomodaticio y, no hay que olvidar, ha cambiado su objetivo de inflación para permitir que la economía americana pueda superar el 2% de inflación durante un tiempo sin tener que revertir su laxa política monetaria.

En tiempos de pandemia y de elevados niveles de deuda parece evidente la necesidad de generar crecimiento e inflación. Los temores a una mayor desigualdad económica propiciada por la pandemia (se habla de recuperación en forma de K en la que a las personas con mayores rentas les siga yendo muy bien, pero empeora la situación de las rentas más bajas) está poniendo encima de la mesa la necesidad de políticas económicas tendentes a favorecer a las clases menos favorecidas en un momento en que la sociedad estadounidense se encuentra muy polarizada.

En mi opinión, los americanos lo tienen bastante claro y la victoria demócrata en el Senado allana el camino hacia el crecimiento, inflación y menos desigualdad. Más allá de lo que esto pueda implicar para las Bolsas -en principio debiera ser positivo- sí que puede suponer un cambio respecto a qué sectores o empresas pueden tomar el liderazgo en los índices. La pandemia no ha escrito sus últimas líneas, pero, si llegáramos a atisbar esa vuelta a una cierta normalización a la que aludíamos, no hay que descartar que las empresas que han liderado el mercado durante la pandemia de Covid-19 y los dos años previos de crecimiento e inflación contenidos, den el relevo a empresas más cíclicas y fuertemente penalizadas por los confinamientos y la ausencia de inflación.

 Ángel Olea es socio y director de inversiones de Abante