Gigante asiático

China: el gran ganador de la era Covid recorta distancia con EE UU

Es la única gran economía del mundo que según las estimaciones del FMI creció en 2020

Los datos oficiales de casos de Covid-19 en China y EE UU muestran una diferencia abismal

Cumbre del partido comunista chino para conmemorar el 71 aniversario de su fundación.
Cumbre del partido comunista chino para conmemorar el 71 aniversario de su fundación. Getty Images

El terremoto Covid no tuvo la misma intensidad en todas las empresas y sectores. Mientras que aerolíneas, hoteleras y empresas de restauración se han enfrentado a una crisis de proporciones dramáticas, otras salieron reforzadas en el nuevo mundo. Es el caso de tecnológicas como Amazon, que aprovechó el cambio de conducta en el consumo y la distancia social; de Netflix, que aumentó sus suscriptores al estar las personas más tiempo en casa y, también, el de las farmacéuticas, compañías que han ganado mucho más protagonismo por motivos obvios. En los países, también hay ganadores y perdedores. Aquellos cuya economía depende en mayor medida de los servicios son los grandes perjudicados y, por el contrario, las potencias industriales salen mejor paradas.

Los últimos datos disponibles del Fondo Monetario Internacional (FMI), todavía provisionales, dan fé del reseteo que ha supuesto el virus. La economía mundial sufrió una caída del orden del 4,4% del PIB total con las economías denominadas desarrolladas llevándose la peor parte al retroceder un 5,8%. En el caso de España, el FMI estima un retroceso del 12,8% del PIB. Esto es, años de recuperación económica borrados de un plumazo.

En las consideradas como economías emergentes el golpe ha sido menor según el FMI. En conjunto, el PIB emergente cae en 2020 un 3,3%, con India y México entre los más perjudicados bajando el 10,3% y el 9% respectivamente. En el lado opuesto, un país se erige como el único en positivo entre los grandes destacados por el organismo internacional: China.

Con todas las principales economías sufriendo contundentes caídas, el gigante asiático cerró 2020 según la previsión del FMI con una subida del 1,9% de su PIB. Rescatando la analogía empresarial inicial, China sería Amazon en este caso.

Con el descenso del 4,3% que sufrió el PIB de Estados Unidos, la distancia entre las dos potencias cada vez es más escasa y también seguirá recortándose en 2021 según el FMI. Este año, el PIB de Estados Unidos crecerá en teoría un 3,1%; el chino, un 8,2%. Hablando en dólares, a finales de año el PIB estadounidense rondaría 21,92 billones de dólares; el chino, los 16,49 billones de dólares.

Además de la estructura productiva y del enorme músculo industrial del país asiático, a su favor ha jugado el desigual golpe del Covid-19. La diferencia según los datos oficiales de Organización Mundial de la Salud es simplemente abismal. El pasado jueves, Estados Unidos acumulaba más de 20,87 millones de casos de Covid confirmados y 354.286 personas fallecidas. En cambio, China tenía por aquel entonces 97.217 casos confirmados y 4.795 fallecidos.

Los datos procedentes de Pekín fueron recibidos siempre con escepticismo. En enero de 2020, cuando la pandemia comenzó a generar auténticos estragos en Wuhan, el primer lugar en el que se detectó en un principio, hubo días en los que el Gobierno chino no reportó ningún positivo pese a que el día 20 de ese mismo mes la metrópoli de 19 millones de habitantes fue confinada. Así mismo, el Gobierno chino recibió duras acusaciones procedentes de Estados Unidos por supuestamente haber ocultado la auténtica magnitud de la catástrofe al principio, dificultando con ello la respuesta al virus. Esta misma semana, se conocía que la misión de la OMS para investigar el origen del Covid todavía no ha podido entrar en el país debido a problemas con los visados.

Más allá de las suspicacias que genera la cifra oficial procedente de Pekín, el país más poblado del mundo ofreció una contundente respuesta a la crisis sanitaria. En Estados Unidos Donald Trump desalentó el uso de mascarillas y no fue hasta el 12 de julio de 2020 que no se le vio públicamente con una puesta. En China, se impuso una estricta cuarentena para todo aquel viajero procedente del extranjero, se prohibió el viaje por turismo y la libertad de los ciudadanos pasó prácticamente a depender de sus teléfonos móviles, aliados indispensables en la lucha de Pekín contra el virus. Las medidas de prevención no terminan ahí, el Gobierno chino no duda en ejecutar millones de tests a todos los habitantes de una ciudad en cuestión de días aunque solo se detecten unos pocos casos.

Plan quinquenal

A finales de octubre, el partido comunista chino estableció la primera versión del decimocuarto plan quinquenal, la hoja de ruta que marca el futuro del país entre 2021 y 2025. La versión definitiva se aprobará en marzo de este año. “La reunión del comité central del partido comunista chino también abordó el objetivo económico y social a más largo plazo, cuya meta se espera alcanzar en 2035”, comienzan explicando los expertos de BBVA Research en un análisis sobre el plan de Pekín.

Según el comunicado resultante de la reunión del comité, el objetivo para 2035 es lograr la conocida como “modernización socialista”, que consiste en aumentar la fuerza de la economía e impulsar el desarrollo tecnológico. Los expertos de BBVA afirman que para 2035, se espera que el PIB per cápita chino alcance niveles de un país “moderadamente desarrollado”. Para ello, según desglosan desde el banco, China confía en potenciar su consumo interno a la vez que mantiene su pulmón exportador. Entre las misiones más claves, se encuentra la de reducir la dependencia de tecnología extranjera tras la amarga guerra en este campo con Estados Unidos. 

De esta forma, el plan quinquenal proclama las intenciones de proseguir con el aperturismo económico y aumentar las transacciones internacionales al calor de iniciativas como la de la nueva ruta de la seda, el colosal plan de infraestructuras para mejorar la conexión china con el resto del mundo. Entre los objetivos, también entró una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2035, con lo que cabe esperar enormes inversiones en este campo.

Pluma y espada

Pese a su poderío militar, Pekín parece haberse decantado por la pluma. A mediados de noviembre 15 países firmaron la creación de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), el mayor tratado de libre comercio del mundo, con China a la cabeza y con aliados tradicionales de Estados Unidos entre los suscribientes. El pacto supone eliminar trabas en un tercio de la economía global y un mercado de unos 2.300 millones de personas.

Por otro lado, la Unión Europea y Pekín han acercado posiciones con el nuevo Acuerdo Global de Inversión, que permitirá a las empresas europeas acceder con mayor facilidad a este mercado. Bruselas no ha dudado en firmar un pacto con un país al que en 2019 catalogó como “rival sistémico que promueve modelos alternativos de gobernanza”. El acceso a un mercado de 1.400 millones de personas hace extraños compañeros de viaje. 

América Latina, objetivo de inversión

La firma internacional experta en derecho Baker McKenzie elabora todos los años un informe sobre las inversiones chinas a lo largo y ancho del globo. A falta de unos pocos días para la publicación de su edición de 2020, el último disponible repasa los flujos inversores correspondientes a 2019.

Por aquel entonces, el flujo inversor cayó con fuerza en todas las regiones con una excepción: América Latina. Países como España sufrieron descensos del 95% en términos interanuales. “A nivel mundial, las fusiones y adquisiciones chinas anunciadas en 2019 totalizaron 57.000 millones de dólares, un 29% menos que los 80.000 millones de 2018, mostrando el nivel más bajo en seis años. Con la excepción de América Latina, todas las regiones del mundo experimentaron una relevante disminución de la actividad inversora china en 2019 en comparación con 2018. La inversión china en Europa descendió en un 40% y en Norteamérica un 27%”, reza el documento.

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