El Covid-19 como catalizador: luces y sombras de la digitalización

Hay que impulsar una adaptación inteligente de las economías a la tecnología, que potencie el valor de las personas y del capital humano

La disrupción digital viene avanzando con fuerza desde hace un par de décadas, propiciada en gran medida por el continuo descenso de los precios de las tecnologías, y España no es una excepción. Estamos ya acostumbrados a los cambios que los nuevos dispositivos, plataformas y tecnologías provocan en distintos aspectos cotidianos, como la manera de relacionarnos, estudiar, trabajar, comprar, interactuar con banca y Administraciones, hacer negocios o disfrutar del tiempo de ocio. Cuando hablamos o leemos sobre digitalización es importante tener en cuenta que digitalización no es solo un asunto de las empresas de telecomunicación, o un fenómeno que destruya empleo, o una necesidad de mayor equipamiento tecnológico, o un problema de adquisición de las habilidades y competencias necesarias, o una nueva rama de profesiones o un nuevo ámbito que necesite ser regulado. La digitalización es, fundamentalmente, un proceso que permite a las personas y a las organizaciones contar con las capacidades para usar y aprovechar las nuevas tecnologías e instrumentos digitales para poder adaptarse a los múltiples y continuos cambios que estos generan. Este es uno de los mensajes que se desprenden del estudio, propiciado por el XXI Premio de Investigación del Consejo Económico y Social (CES), sobre cambios tecnológicos, trabajo y actividad empresarial que ha elaborado nuestra institución junto a un grupo de especialistas de diversos ámbitos, como la economía, la psicología, el derecho y la dirección de empresas.

El momento convulso que vivimos por la pandemia del Covid-19 ha supuesto un poderoso catalizador para Europa y España, poniendo de manifiesto la existencia de mejores dotaciones de infraestructuras y equipamiento que de aprovechamiento real de las mismas. Esto refuerza la visibilidad de la brecha digital, que tanta fuerza ha cobrado en los últimos meses y que supone un nuevo tipo de desigualdad social que viene a reforzar la ya existente. La Comisión Europea es consciente de esta situación y una parte importante de los fondos del plan Next Generation EU, para impulsar la recuperación tras los reveses económicos de la pandemia, van a ir destinados a impulsar la transición digital.

¿Cómo afecta esto a nuestro país y cómo se pueden aprovechar estas ayudas de manera óptima? En primer lugar, para que la adaptación a la digitalización sea positiva en España hay que contar con el esfuerzo conjunto de distintos actores, como empresarios y directivos, trabajadores, responsables educativos, estudiantes y Administraciones públicas. De igual manera, es indispensable poseer suficientes conocimientos tecnológicos y digitales, pero también habilidades sociales y cognitivas, porque son más difícilmente sustituibles por máquinas y algoritmos. En esta línea hay que reducir las resistencias al cambio e impulsar una adaptación inteligente a la digitalización que potencie el valor de las personas y su capital humano, haciendo compatible el aprovechamiento de sus grandes oportunidades con la inclusión.

En el análisis del informe publicado por el CES se sintetizan una serie de amenazas, oportunidades, fortalezas y debilidades ante el desafío de la digitalización en España. Entre las amenazas figuran la destrucción de empleos o tareas automatizables –en este sentido hay que matizar que la transformación dentro de las ocupaciones se materializa más en cambios de tareas que eliminación de puestos de trabajo–, las transformaciones de muchas ocupaciones, las pérdidas de derechos y protección de los trabajadores si no se encuentran nuevas fórmulas, la mayor polarización salarial, el incremento de las desigualdades y niveles de pobreza entre grupos sociales, las amenazas a la supervivencia de las empresas, y en especial de las pymes, y los riesgos de los ciberataques.

La contrapartida de estas amenazas son las oportunidades, ya que con la digitalización aparecen también nuevas profesiones, aumenta la complementariedad de perfiles profesionales tecnológicos con componentes humanos y sociales, se potencia el valor añadido del trabajo humano que puede apoyarse en la tecnología, surgen nuevas oportunidades de flexibilidad laboral, hay margen para transformar el sistema productivo, la calidad de las decisiones aumenta gracias a los análisis basados en big data, el teletrabajo y el acceso a los servicios en lugares remotos posibilitaría la repoblación de zonas rurales, etc.

España cuenta para enfrentarse a esos retos con debilidades y fortalezas. Las fortalezas más destacadas son la amplia cobertura de infraestructuras de comunicación y de equipamiento digital en hogares y empresas, la experiencia de parte del tejido productivo en el uso de plataformas de comunicación y comercio electrónico, las experiencias tempranas en el uso de la e-Administración, la ampliación de la práctica del teletrabajo, formación a distancia y teleasistencia durante el confinamiento, y la potenciación de ecosistemas digitales locales. Como debilidades, no hay que olvidar la falta de cualificación de una parte significativa de la población, la escasez de competencias directivas para reorganizar digitalmente las empresas, la existencia de una especialización rígida de las profesiones, la persistencia de un enfoque tradicional de la formación, la todavía limitada cooperación de la FP con las empresas o el interés limitado por los jóvenes por la formación en materias STEM, en especial las mujeres.

La digitalización plantea pues enormes retos de adaptación y una gran oportunidad para no quedar atrás. En esta línea se estructura parte del plan de recuperación España Puede para asimilar el enfoque europeo de recuperación que apuesta por la digitalización, la transición ecológica, la reducción de brechas entre los sexos y la inclusión social.

Y es que las respuestas a los desafíos dependen de la visión de los problemas, la preparación de las personas y las políticas que cada uno de estos grupos desarrolle para propiciar un acceso al futuro económicamente exitoso y socialmente incluyente.

Laura Hernández es economista del Ivie