Yellen, la economista que lleva la contraria... la primera, a sí misma

La próxima secretaria del Tesoro de EE UU volverá a escapar de la jubilación para afrontar otra grave crisis

Janet Yellen.
Janet Yellen.

Probablemente haya pocos economistas más conocidos que Janet Louise Yellen (Nueva York, 1946), que volverá a la primera línea política como secretaria del Tesoro de EE UU: escapa de nuevo de la jubilación al llegar a la Casa Blanca un demócrata, Joe Biden. Aunque se la considera una paloma, es decir, partidaria de políticas flexibles y de estímulo, en sus varias décadas de labor pública ha aplicado distintos enfoques según la situación, y ha cambiado también de opinión sobre aspectos cruciales, pero nunca se le ha discutido la pericia técnica.

Janet Yellen nació en una familia judía polaca de Brooklyn. Su madre era maestra de primaria (renunció para cuidarla a ella y a su hermano mayor) y su padre, médico de familia. En su último año de secundaria, la admitieron en un programa especial de la Universidad de Columbia para estudiar Matemáticas los sábados, y fue una de los 29 estudiantes que recibieron una beca universitaria Regents. Sus pasatiempos, escribía en el periódico del instituto, eran “ir al teatro off-Broadway, comer, montar en el ferry, explorar la ciudad y leer filosofía para poder escribir ensayos impopulares”.

Aunque pensaba estudiar esa rama del pensamiento, se graduó summa cum laude en Economía en el Pembroke College de la Universidad Brown. Se doctoró en Yale con la tesis Empleo, producción y acumulación de capital en una economía abierta: un enfoque en el desequilibrio, bajo la supervisión de ­James Tobin (defensor de que los Gobiernos pueden mitigar las recesiones, y a quien ella luego definiría como su héroe intelectual) y Joseph Stiglitz.

Fue cinco años profesora ayudante en Harvard, pero no logró plaza fija, y en 1977 fichó por la Reserva Federal para investigar la reforma monetaria internacional. En la cafetería del banco conoció a George Akerlof, con quien se casó en poco tiempo. Él, que ganaría el Nobel en 2001 por su investigación de los problemas de la información asimétrica en el mercado, había aceptado ya un puesto de profesor en la London School of Economics, donde ella también conseguiría dar clases.

Yellen y Akerlof dicen que su único de­sacuerdo es que ella es un poco más partidaria del libre comercio. Han investigado juntos sobre los fallos de la teoría de la eficiencia de los mercados y han mostrado la influencia positiva de los Gobiernos y los bancos centrales en la vida de la gente. Han abordado el desempleo y los salarios, así como los costes de la maternidad fuera del matrimonio: su investigación señalaba que los métodos anticonceptivos y la legalización del aborto hacían que los hombres vieran a los hijos como una cuestión de elección personal de las mujeres y se desen­tendieran de su responsabilidad paterna. En 1981, tuvieron a su hijo Robert.

Un año antes habían vuelto a EE UU. Yellen se incorporó a la Universidad de California en Berkeley (de la que es profesora emérita), donde investigaría macroeconomía. En 1994, Bill Clinton la eligió para el consejo de la Fed, donde permaneció tres años. Reconoce que apoya al Partido Demócrata, aunque defiende lo apolítico de su trabajo en los organismos supervisores. El vicepresidente del banco, Alan Blinder, definía a Yellen como “discutidora, en el buen sentido”. Tenía fama de accesible: se juntaba con el personal del banco en la cafetería.

Luego presidió el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, que compaginó con la jefatura del Comité de Política Económica de la OCDE. En ese tiempo supervisó un importante estudio sobre la brecha salarial de sexo.

En 1999 regresó a las clases, y cinco años después fue elegida presidenta del Banco de la Fed de San Francisco, cargo desde el que mostró su preocupación por el boom de la vivienda, aunque no actuó al respecto, siguiendo la política laissez faire de Washington. Consideraba que había más argumentos para no actuar que a favor, y que, puesto que era un sector relativamente pequeño, el mercado absorbería el impacto, como había pasado con las puntocom. Luego reconoció (a diferencia de otros en responsabilidades similares) que no vio venir el problema de crédito.

Barack Obama la designó vicepresidenta de la Fed en 2010, en el marco de un giro del banco hacia una política más inflacionaria. En 2014 sustituyó a Ben Bernanke en la presidencia (la primera vez que ascendía un vicepresidente). En su proceso de aprobación, Yellen defendió los estímulos de la Fed, pero prometió que la política monetaria se normalizaría en paralelo a la actividad. El Senado le dio el visto bueno por 56 votos a favor y 26 en contra, el margen más estrecho de la historia para el cargo. Era la primera mujer en ocuparlo y la primera persona nombrada por los demócratas desde Paul Volcker en 1979.

Yellen subió cinco veces los tipos, aunque la inflación siguiera baja (lo justificó con que el paro estaba solo en el 5%), y empezó a revertir las políticas de flexibilización, vendiendo bonos del Tesoro e hipotecarios comprados por el banco central. Tras la elección de Donald Trump, se comprometió a proteger la regulación Dodd-Frank, promulgada tras la crisis financiera. Aunque se mostró segura de que no habría otra “en nuestra vida”, luego habló de “gigantescos agujeros en el sistema” tras su salida del organismo en 2018.

Con la entrada de Jerome Powell, optó por dejar la Fed del todo, pese a que su mandato expiraba en 2024. Fichó por el think tank Brookings Institution, en el que estaba Bernanke. Apoyó públicamente a la Universidad de Harvard, a la que un grupo estudiantil acusaba de discriminar a los asiático-americanos en sus criterios de admisión. En 2019 censuró abiertamente los conocimientos económicos de Trump; eso sí, ha apoyado las rebajas de tipos y las nuevas líneas de préstamo de Powell. En 2017, la deuda (aún en el 75% del PIB) le parecía muy preocupante, pero suavizó su postura ya antes de la pandemia. Al frente del Tesoro, además de las cuestiones macro, tendrá que decidir sobre las fusiones con empresas extranjeras, y en particular chinas, empezando por el caso TikTok.

Al final no se ha dedicado a escribir textos de pensamiento antipáticos, pero a sus 74 años sigue practicando lo de llevar la contraria, en primer lugar a sí misma.

Dentro del hogar

En 1995, Janet Yellen reconocía que las conversaciones en su casa giran en general sobre el mismo asunto. “La mayoría de nuestros amigos son economistas y nuestro hijo está pensando en serlo”: ahora da clases en la Universidad de Warwick (Inglaterra).

Aun así, Yellen y su marido sacaban tiempo para la cocina étnica, el senderismo, el tenis y los viajes a lugares exóticos, como las zonas aborígenes de Australia, o la Polinesia.