BBVA hace caja y marca el paso en el baile de la fusión con Sabadell

El anuncio de negociaciones avanzadas para fusionarse que reconocen BBVA y Sabadell responde al callejón sin salida en el que están metidos los dos, toda la banca en definitiva

Es comentario común en la actividad corporativa que cuando dos compañías se fusionan al menos una de ellas tiene un problema que no acierta a solucionar por sí misma; o lo que es peor, que ambas tienen algún problema que solo se solventa con una concentración de ambos negocios.

En este caso, y por circunstancias del mercado, el anuncio de negociaciones avanzadas para fusionarse que reconocen BBVA y Sabadell responde al callejón sin salida en el que están metidos los dos, toda la banca en definitiva, desde hace años por la interminable política monetaria expansiva que reduce a la nada sus márgenes de intermediación; por la competencia muchas veces desleal de nuevos y agresivos entrantes de la mano de la tecnología; por la presión de dos crisis económicas encadenadas nunca resueltas del todo, y por las exigencias regulatorias crecientes que reclaman más y más capital para evitar una nueva crisis financiera como la de hace diez años.

La expansión de ambas entidades en los años transcurridos del siglo levantó siempre buenas expectativas, pero la realidad ha demostrado que las cosas no tenían el mejor de los colores, y tanto en BBVA como en Sabadell había operaciones que no habrían repetido en caso de contar con una segunda oportunidad. Sabadell no ha tenido buena suerte en su aventura británica y BBVA acaba de deshacer, con buen desempeño por cierto ya que ha vendido por 9.700 millones de euros, su negocio en EE UU tras haber echado provisiones millonarias sobre el fondo de comercio deteriorado por la crisis.

Con los recursos capturados con la venta, que se antojan excesivos para afrontar únicamente la fusión con Sabadell, además de dar un salto muy cualitativo en sus ratios de capital, prevé incrementar los pagos a los accionistas con relevantes operaciones de recompra de títulos propios. Pero las circunstancias aconsejan también guardar pólvora no solo para futuras operaciones, sino para afrontar la intensa reconversión del sector bancario, que no ha hecho otra cosa que empezar.

El primer paso es la concentración, acelerada este año con la fusión CaixaBank-Bankia y la que negocian Unicaja y Liberbank, y que marca un paso acelerado de operaciones que ni por asomo se aprecia en Europa. Pero los pequeños anticipos del futuro que enseña el mercado auguran una banca mucho más intensiva en capital y tecnología y mucho más jibarizada en personal y metros cuadrados de oficina.

Los analistas reconocen que Sabadell y BBVA son complementarios, muy volcado uno en el negocio de pymes, muy vanguardista otro en penetración tecnológica, con posibilidades de aflorar sinergias interesantes en los próximos años. Pero ine­vitable será la contracción de oficinas y plantillas en mercados con fuerte presencia de ambas entidades.