Los reguladores chinos meten Ant en la lista de mega-OPV malditas

La suspensión de su salida a Bolsa en Shanghái deja en mal lugar a la firma, pero también al país

Sede de Ant en Hangzhou (China).
Sede de Ant en Hangzhou (China). REUTERS

Cuando los futuros estudiantes de escuelas de negocios aborden el estudio del caso Ant y la maldición de las mega-OPV, quedará más claro qué fue lo que llevó a la sorprendente suspensión de la oferta pública de venta récord de 37.000 millones de dólares del grupo financiero chino, apenas 36 horas antes de que sus acciones comenzaran a cotizar. Mientras, el fundador de Ant, Jack Ma, tal vez pueda consolarse pensando que otras grandes compañías han afrontado difíciles debuts, pero han seguido adelante del todo felices.

Los reguladores de Shanghái suspendieron ayer noche la cotización de Ant en el mercado local Star por 17.500 millones debido a la preocupación por que los cambios inminentes en las regulaciones de los préstamos online, publicados el día anterior, podrían hacer que la empresa se quedara corta en cuanto a información a los inversores. Ma y otros ejecutivos de Ant se reunieron con los reguladores financieros el lunes en lo que pareció ser una reprimenda a raíz de los comentarios del magnate de la tecnología despreciando la regulación financiera mundial. Ant detuvo después su cotización en Hong Kong.

Las grandes ventas de acciones rara vez funcionan sin problemas, aunque pocas han sufrido algo tan fuera de lo común. Una avería en el sistema de negociación en el día de su debut estropeó la salida a Bolsa por 16.000 millones de dólares de Facebook en 2012; pasaron 14 meses antes de que las acciones de la red social recuperaran su precio de emisión. El gigante petrolero Saudi Aramco, cuya oferta de 29.000 millones en 2019 era la más grande del mundo hasta que apareció Ant, recortó su valoración y abandonó los planes de cotizar en varios parqués a la vez antes de salir en su mercado doméstico.

Tal vez Ma, que sedujo a los inversores con la salida por 25.000 millones de dólares del gigante del comercio electrónico Alibaba en 2014 y que había atraído cantidades alucinantes para la oferta de Ant, pensó que era inmune a esos riesgos. Pocas empresas intentarían fijar el precio de una OPV en los impredecibles últimos días de una campaña electoral presidencial en EE UU.

Pase lo que pase, la suspensión no deja bien parados a los mercados de valores de China. Es particularmente extraño que los reguladores, cuya principal preocupación es preservar la estabilidad financiera, provoquen un jaleo de último minuto tan inesperado en torno a una empresa que maneja más de la mitad de los pagos online de China. La confusión podría beneficiar a Hong Kong si más empresas chinas deciden cotizar en la excolonia.

Ant se ha disculpado con los inversores y ha prometido trabajar en estrecha colaboración con los reguladores. Eso es todo lo que puede hacer en este momento. Muchas mega-OPV han superado los primeros reveses. Pero ahora mismo, el daño a Ant, y a China como lugar para la recaudación de fondos corporativos a gran escala, ya está hecho.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías