Más realismo en el crecimiento, pero más incógnitas en las cuentas públicas

El Gobierno muestra más optimismo para 2021, pero no detalla qué senda dibujará el PIB en el medio plazo

Las previsiones macroeconómicas del Gobierno para el cierre de este ejercicio y todo 2021, y que servirán de guía para elaborar los Presupuestos públicos más expansivos de la historia, tienen la virtud de reconocer una realidad que en primavera se infravaloró, pero el defecto de que dejan unas cuantas variables básicas en el limbo, sea por la escasa visibilidad que sigue existiendo sobre la marcha de la economía, sea por no desvelar la cartas de la negociación presupuestaria. El Gobierno admite ahora que la economía caerá más de lo previsto en mayo (un 11,2%, frente a un 9,2%), lo que es un reconocimiento del marchamo más pesimista de la actividad del que todos los analistas estaban alertando, y que el saldo fiscal público será también más abultado (del 11,3% del PIB, frente al 10,3% estimado en primavera). Se echa en falta, en todo caso, más claridad sobre la descomposición de un ajuste de la producción tan abultado, y que tendría que recomponerse de inmediato en el tercer y cuarto trimestre para llegar a la cifra estimada por Economía, algo que los analistas ponen cada vez más en cuestión, especialmente en lo referente al desempeño del último tramo del ejercicio.

El Gobierno muestra más optimismo para 2021, pero no detalla qué senda dibujará el PIB en el medio plazo, lo que hace imposible determinar en qué momento el país habrá recuperado los niveles de riqueza y empleo que tenía en 2019. Ese optimismo para el año que viene tendrá que confirmarse con el devenir de los meses, y desde luego saltará por los aires con la misma velocidad que la mostrada en primavera si la epidemia no se controla y se seca la curva de contagios.

Pero las grandes dudas del nuevo escenario difundido ayer están en las cuentas públicas. Este año el déficit escalará al 11,3%, con una deuda que por el simple agregado de la caída nominal del PIB llegará al 123% del PIB. Aunque las dudas se concentran en la estimación de 2021, con un déficit del 7,7%, pero que hay que poner en cuarentena hasta que se desvele la proyección de ingresos tributarios, algo que Hacienda guarda bajo siete llaves, y que constituye el meollo de la negociación con los grupos políticos. Desde luego un escenario tan parco no puede considerarse un plan de reequilibrio de las cuentas, por mucha manga ancha que permita Bruselas, y los mercados financieros, que atienden las necesidades de un país tan endeudado, exigirán más datos y más certeza sobre su cumplimiento. Más visibilidad hay sobre el gasto, variable sobre la que se ha establecido un escenario de generosos máximos (el techo de gasto subirá el 53%) que deberán ser financiados tanto por la UE como por los impuestos de los españoles. Y es ahí donde más celo debe poner el Gobierno para no frenar una recuperación sobre la que pesan demasiadas reservas.