Ramón Coalla: “Presumo de haber modernizado el oficio de tendero”

El empresario asturiano estrena tienda gastronómica de 400 metros en la calle Serrano de Madrid

Ramón Coalla, en la tienda Coalla de Madrid.
Ramón Coalla, en la tienda Coalla de Madrid.

Acaba de abrir Coalla, una tienda gastronómica, de 400 metros cuadrados en la madrileña calle de Serrano. Ramón Coalla (Gijón, 1962) estudió Empresariales, aunque él considera que el lugar donde nació, en la parte superior del colmado que abrieron sus padres en 1955 en su ciudad natal, marcó su destino. “Nací tendero y lo sigo siendo”. También es uno de los mayores distribuidores de vino de España.

En plena pandemia, usted abre un espacio gastronómico en Madrid.

Lo teníamos previsto antes de que pasara todo esto, y decidimos continuar con los planes. Acabamos de abrir y estamos siendo muy bien recibidos. Por otro lado, estamos asustados, tenemos miedo porque es un momento complicado, pero surgió la oportunidad, vimos que era un tren al que había que subirse y nos subimos. En marzo tuvimos que parar las obras del local e incluso nos planteamos perder lo que habíamos invertido hasta ahora, pero decidimos seguir y arriesgarnos. Vamos a aguantar lo que podamos y si nos posicionamos en Madrid será un gran logro, porque es una plaza difícil.

A la capital han llegado con socios locales.

Teníamos claro que venir a Madrid era complicado para nosotros que no conocemos la ciudad, somos inexpertos. No nos atrevíamos a venir solos, y tampoco queríamos hacerlo dejarlo en manos de un encargado. Lo hemos abierto con dos socios, que conocemos bien, como son Eduardo Castillo [coordinador de propiedad industrial, intelectual y tecnología en Gómez-Acebo & Pombo] y Mireia Humet, que tenía experiencia en Yakitoro [los restaurantes de Alberto Chicote], y que además conocen bien Madrid. Este ha sido un proyecto largo.

¿Les costó encontrar local en la capital?

Estuvimos tres años buscando local. Costó mucho encontrar un espacio que se adaptara a lo que estábamos buscando. Unos eran angostos, otros eran malos y otros no nos gustaban. Este tiene 400 metros y se adapta a lo que queríamos. También el precio se ajustaba a lo que podíamos pagar. En la calle Jorge Juan, por ejemplo, costaría diez veces más de lo que nos ha costado este en la calle Serrano, y sabíamos que no íbamos a vender diez veces más. Aquí está viniendo gente de otras zonas, hemos creado un destino, pero sabemos que Madrid es una ciudad con mucha competitividad. Ya sabíamos lo que era hacer negocios aquí porque llevamos muchos años vendiendo vino, y no es fácil.

¿Cuánto han invertido en este local?

Con todo, con la mercancía incluida, hemos invertido 800.000 euros. Y tenemos previsto recuperarlo, si todo va bien, en siete años. En la tienda trabajan 23 personas, que se suman a las 50 que ya formaban parte de Coalla.

¿Qué cree que aportan al concepto de tienda gastronómica?

Hemos sido los últimos en llegar y eso crea expectación porque es lo más moderno, es lo último, aunque en Madrid hay conceptos que están muy bien. Por ejemplo, Lavinia o Mantequerías Bravo. En los últimos años, hemos modernizado nuestras tiendas de Asturias y creo que lo que aportamos es un concepto divertido. Traemos quesos de Estados Unidos, de Noruega, Reino Unido, Italia o Portugal, por ejemplo, y todos de pequeños productores. Intentamos que el cliente descubra productos nuevos con nosotros. Tenemos cervezas algo diferentes, como Victoria, de Málaga. Por ejemplo, en barra no servimos vino verdejo, aunque lo vendemos en la tienda, pero lo que queremos es que el cliente pruebe cosas diferentes y especiales.

Usted reivindica el oficio de tendero.

Me gusta presumir que haber modernizado el oficio de tendero. Antes se menospreciaba este oficio, pero es un trabajo muy digno y respetable, como cualquier otro. No entiendo que se menosprecien los oficios, a mí me gusta decir que soy un tendero del siglo XXI. En España hay tenderos muy buenos, como Quim Vila, de Vila Viniteca. Fuera de España está Peck, en Milán, o el mercado italiano Eataly. Una de las tiendas que más me impactó fue la zona gourmet de Harrods. Cuando era joven fui a Londres y me gasté prácticamente todo el dinero que llevaba en ostras y champán allí, aunque sea un gran centro comercial también son tenderos.

¿Cuánto facturan?

El año pasado facturamos 10 millones de euros, y este año esperamos mantenernos en esta cifra debido a la crisis del coronavirus. Tenemos que ver también cómo nos va con la tienda nueva.

La crisis está castigando duramente a la hostelería.

Ya con la crisis de 2008, la gente se atrincheró. Nosotros apostamos por renovar el modelo de negocio y nos salió bien, ahora con el Covid hemos vuelto a invertir, y creemos que el modelo va a funcionar. Después de lo que estamos viviendo, la anterior crisis fue un juguete, aunque también creo que el Covid lo aguanta todo, se cancelan contratos, se cierran negocios… La debacle de la hostelería y el comercio ya venía de antes. Nosotros no paramos de invertir. Aunque Amazon nos dañe tenemos que protegernos, por eso invertimos, para que no nos fastidie más. Ahora estamos apostando por la plataforma online, donde tenemos mucho camino por recorrer.

Ha conseguido otro logro: que la tercera generación de la familia trabaje en el negocio.

Es una suerte. Mi hijo, Gonzalo Coalla, se va a quedar a trabajar en la tienda de Madrid. Somos una empresa pequeña y es bueno que la familia se involucre, además se ha formado para ello. Estudió Viticultura y Enología, y se ha ido metiendo en el negocio. A mí me hubiera gustado que se hubiera ido fuera un tiempo, pero él quiere trabajar con nosotros.

 

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