El lujo aterriza en las mascarillas para quedarse

Las marcas más exclusivas como Gucci, Louis Vuitton o Gucci apuestan por este complemento

La artista Billie Eilish lleva una mascarilla de Gucci.
La artista Billie Eilish lleva una mascarilla de Gucci. Efe

Una visera que cubre toda la cara, desde la frente hasta el mentón, y que presenta los clásicos grabados de la firma en la parte superior, donde están las sujeciones. Así es la nueva propuesta de máscara facial confeccionada por Louis Vuitton, una protección que, a diferencia de las mascarillas de tela convencionales, no solo protege contra el coronavirus, sino que también lo hace, por ejemplo, contra la radiación solar. Al menos, así lo asegura la propia firma de moda en un comunicado distribuido recientemente en el que, además, afirma que este complemente está destinado “a ser elegante a la vez que protector”. El precio inicial de la máscara, estiman algunos portales especializados en moda, rondará los 1.000 dólares, es decir, estará cerca de los 850 euros.

Es la última prueba de que lo que podía parecer una moda más o menos pasajera condicionada por las circunstancias es ya una tendencia más que consolidada: las mascarillas han llegado para quedarse, y las marcas de moda más exclusivas no están dispuestas a dejar pasar la oportunidad de que sus clientes se diferencien del resto. Una de las primeras en intuirlo fue Gucci, que ya el pasado mes de enero mandó a la gala de los Grammy a Billie Eilish, una de las artistas del momento, con una mascarilla de diseño marca de la casa. Y antes incluso que Gucci, en la Paris Fashion Week de febrero de 2018, la diseñadora Marine Serre propuso las mascarillas como elemento estético en un tiempo en que solo los científicos habían escuchado alguna vez la palabra coronavirus. Hoy, las mascarillas de Gucci que reproducen un dibujo parecido al que llevó Eilish se pueden adquirir, como poco, por varios centenares de euros, mientras que las de firmas como Balenciaga figuran también entre las más buscadas por los clientes.

Es el resultado de todo un proceso. Primero, durante los meses de confinamiento causados por la pandemia, historias más o menos excéntricas como la del empresario indio Pimpri-Chinchwad, un multimillonario que encargó una mascarilla fabricada exclusivamente de oro, fueron relativamente frecuentes. Las mascarillas de alta gama eran tan solo fruto de una situación especial, una anomalía. Los expertos tienen un nombre para este fenómeno, el efecto lápiz de labios: “Ante la imposibilidad de poder controlar muchos aspectos de su vida, las personas con un amplio poder adquisitivo optan en momentos particulares como un confinamiento por darse pequeños caprichos, como comprarse lápices de labios especialmente caros. En esta ocasión, en algún caso el lápiz de labios se convirtió en una mascarilla cara”, explica al respecto Gabriela Salinas, profesora de Moda del Esic y directora de Brand Finance.

Hoy, sin embargo, con la OMS alertando de que la vacuna no llegará a la población de manera más o menos generalizada hasta 2022, las mascarillas han pasado de ser un acompañante puntual a formar parte obligatoria de cualquier atuendo hasta dentro de, al menos, un par de años. Y ahí es donde entra la condición humana, que amenaza con hacer desaparecer poco a poco las clásicas mascarillas sanitarias verdes: “Las personas vivimos en una contradicción. Por un lado, somos gregarios, queremos ser iguales que los demás; pero por otro, queremos ser distintos. No me sorprende que las mascarillas terminen diciendo algo de quiénes somos”, explica al respecto Sergio Baltasar, profesor de Publicidad de la Universidad Europea de Madrid. Coincide con él Carmen Valor, profesora de Marketing de la Universidad Pontificia Comillas: “El ser humano tiene una gran capacidad para convertir los objetos en símbolo. Hay que pensar que la mascarilla cubre buena parte de la cara, nos quita mucha información sobre la otra persona. El público con un amplio poder adquisitivo es un buen nicho para buscar clientes que quieran sustituir esa información con un mensaje”.

Solo el tiempo dirá si las mascarillas han llegado o no para quedarse. Al menos, así lo cree Laura Luceño, profesora de Historia de la Moda en el Centro Superior de Diseño de Moda de la Politécnica: “Tal vez suceda como en 1918, cuando las mascarillas desaparecieron completamente como complemento. O tal vez ocurra como después del 2002 en Asia y la gente se acostumbró a ellas. Lo más probable es que, al menos, las personas alérgicas y con problemas respiratorios pierdan el miedo a usarlas más a menudo por temor a ser considerados raros”, vaticina la experta.

La mascarilla más cara vale 1,3 millones de euros

Mascarilla fabricada por la joyería Yvel valorada en 1,3 milllones de euros.
Mascarilla fabricada por la joyería Yvel valorada en 1,3 milllones de euros.

Origen chino. Poco se sabe del hombre que ha encargado al joyero argentino Isaac Levy, propietario de la joyería israelí Yvel, la que por el momento es la mascarilla más cara del mundo. Solo ha trascendido que se trata de un multimillonario chino procedente de Shanghái y que pagará cerca de 1,3 millones de euros por ella.

Lujo y seguridad. La mascarilla estará fabricada con 250 gramos de oro de 18 quilates, y estará engastada con al menos 3.608 diamantes naturales, lo que le dará un peso de unos 250 quilates. Todo ello no será impedimento para que también sea segura, pues proporcionará el mayor nivel de filtración (N-99). Este, según diversos estudios, reduce las posibilidades de contagio entre el 94% y el 99%.

Una fecha estricta. El día de la entrega de tan valioso complemento será el próximo 31 de diciembre de 2020, y los maestros joyeros que trabajan en esta mascarilla se han comprometido a no retrasarse ni un solo día en su tarea.

Normas
Entra en El País para participar