NBA, el camino que va de prohibir jugadores negros a reivindicarlos

La mejor liga de baloncesto del mundo crece tras unirse con decisión a campañas como Black Lives Matters

Racismo NBA
Jugadores de los Booklyn Nets y los Toronto Raptors protestan contra el racismo. Efe

Iracundo, LeBron James, ganador de tres anillos de la NBA, hombre franquicia de un equipo histórico como Los Angeles Lakers y legítimo heredero al trono del baloncesto, no pudo reprimirse. Tras conocer la noticia de que Jacob Blake, un hombre negro de 29 años, había recibido al menos siete disparos por la espalda por parte de un policía de Kenosha (Wisconsin, EE UU), el pasado jueves King James tuiteó en sus redes sociales: “¡Que le den a todo! Queremos cambios. Estoy harto de todo esto”.

Su respuesta fue tan solo el principio de una inmensa reacción en cadena que finalmente detuvo durante toda una jornada el deporte en EE UU, empezando por la propia NBA, en señal de protesta contra el racismo y el abuso policial. Y en el fondo de todo, Black Lives Matter, un movimiento que desde hace años se dedica precisamente a denunciar este tipo de abusos y al que la mejor liga de baloncesto del mundo no ha dudado en ceder parte de su cancha para que en los partidos que deben proclamar al campeón de esta campaña cada uno de sus más de 15 millones de espectadores –según el portal especializado Statista– recuerden que la igualdad entre negros y blancos todavía no se ha conquistado.

“En Europa sería impensable ver una competición deportiva comprometerse con un tema social hasta ese punto. Vamos muy por detrás. Ellos son los inventores de esto”, razona Antoine Raynard, cofundador de la agencia de marketing deportivo All&go. “La NBA se ha adelantado a su tiempo en temas de responsabilidad social corporativa, hace años que trabajan en un montón de iniciativas sociales. Hoy, marcas como Coca Cola dicen que si sus tapones no son reciclables, no lo compremos. Este tipo de mensajes dan credibilidad a una marca, y eso es lo que buscan los clientes”, explica José Bonal, profesor de Gestión Deportiva de la Universidad Europea. Los datos avalan esta estrategia. En 2019, las franquicias de la NBA generaron más de 7.000 millones de euros en ingresos, todo un récord, según la revista Forbes. Para la NBA, el compromiso con los problemas sociales no es solo una obligación ética, sino que es un negocio que sale rentable. "La línea roja que nunca se debe de cruzar al defender cuestiones sociales es perder la identidad. Esto contribuirá a ser real y consistente, ya que los fans no perdonan a aquellos que se suman a la ola solo por ser la moda", reflexiona al respecto Ana Belén Perdigones, directora del  Máster en Dirección de Marketing Deportivo del ESIC.

No siempre se respiró este ambiente de libertad y optimismo en este deporte. Tras ser inventado a finales del siglo XIX por James Naismith, un profesor de Educación Física, el baloncesto, que al principio solo se practicaba en colegios de élite que contaran con canchas cubiertas, fue en sus inicios una cosa exclusiva de blancos. Debió pasar más de medio siglo para que, tras una primera temporada sin ningún jugador afroamericano, una recién creada NBA diera su brazo a torcer y permitiera en 1950 escoger a jugadores negros durante el draft. Para entonces, equipos como los New York Rens o los Harlem Globbe Trotters llevaban décadas demostrando que los jugadores negros eran, como poco, tan hábiles encestando como los blancos. Con esto en mente, los Washington Capitols escogieron en novena ronda, en el puesto 109, a Earl Lloyd, el primer jugador negro de la NBA. Los Capitols tardaron poco en desaparecer, pero Lloyd aguantó durante años los gritos que le pedían que se fuera a África, jugó durante nueve temporadas, ganó un anillo de campeón y abrió la puerta a todo lo que sucedió después.

Pero si hay un artífice del giro dado por la competición ese es David Stern, comisionado de la liga durante 30 años. Stern cogió una competición agonizante en los años 70 y la extendió por todo EE UU aumentando el número de franquicias al tiempo que entendió de inmediato que una liga replegada sobre sí misma estaba condenada a la desaparición. La NBA empezó a viajar por el mundo y a fijarse en los problemas de la gente corriente, en los conflictos sociales, en las vidas que habían vivido muchas de sus estrellas.

Así, consciente de que las chicas también querían jugar, Stern creó la WNBA, la mejor liga de baloncesto femenino del mundo; sabedor de que muchos talentos descarrilaban durante el salto desde la universidad a la NBA, creó las ligas de desarrollo; conocedor de los problemas de muchos de sus jugadores con las drogas, lideró una campaña para evitar el uso de sustancias estupefacientes; y alarmado por la imagen que daban a la juventud algunos jugadores, impuso una etiqueta y un código de conducta. Promovió, además, NBA Cares, un programa ideado por el propio Stern en 2005 con el que impulsó programas educativos y de reinserción en jóvenes en riesgo de exclusión. Y de aquellos polvos, los lodos del compromiso de hoy.

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