Contante y Sonante

El año en el que ser internacional puede pesar como una losa

Las cotizaciones de Santander y sobre todo de BBVA caen en picado arrastradas por los tipos de cambio de sus filiales

Vista general de la sede de BBVA en el madrileño barrio de Las Tablas, en Madrid. EFEMariscalArchivo
Vista general de la sede de BBVA en el madrileño barrio de Las Tablas, en Madrid. EFE/Mariscal/Archivo EFE

Vuelta al trabajo, que no a la normalidad. Todos los finales de verano, y por lo tanto, de las vacaciones, a mí, por lo menos, me cuesta recuperar el ritmo laboral que me acompañará ya el resto del año. Pero en esta ocasión, además de la pereza posvacacional (que siempre me dicen que es lo habitual), tengo la sensación de regresar al trabajo metida en una burbuja virtual, en la que mis compañeros se han convertido en voces y escritos por el móvil, y en alguna ocasión en imágenes telemáticas.

Esta percepción no es exclusiva mía. De hecho, me la ha transmitido una persona que trabaja en una oficina y que durante la pandemia ha estado teletrabajando. Este empleado tenía previsto regresar a su puesto en septiembre, pero tras los rebrotes del coronavirus, ahora no lo tiene tan seguro.

Ahora no hay nada seguro. Y si no que se lo digan a los socios del Barça. ¿Quién les iba a decir que poco antes de iniciarse la nueva temporada su ídolo, Leo Messi, iba a dejar el club, y encima con un portazo?

Pero esta parece que es nuestra nueva normalidad. Crisis sanitaria, económica, cambios en los hábitos de trabajo, en los hábitos de los clientes, en los hábitos educativos en los que no nos aclaramos. En fin, una dramática revolución sobrevenida del más allá, que no convence a nadie y perjudica a todo el mundo.

Incluso en la banca las cosas no solo no van bien, sino que se están dando la vuelta, con los grandes grupos a la cabeza de la debacle bursátil.

Los bancos domésticos, aunque también sufren la pandemia,
están menos penalizados por
el mercado

Y es que a BBVA y a Banco Santander se les ha atragantado el verano y, en general, el año. El presente ejercicio pasará a la historia de ambos bancos como el primero en el que tuvieron que hacer frente a sus primeras pérdidas como consecuencia de las fuertes provisiones que están llevando a cabo ante la incertidumbre de la pandemia. Aunque, en este caso, el mal es para todo el sector financiero español, europeo y mundial.

Pero a ambas entidades se les ha sumado el desplome bursátil de las últimas semanas como consecuencia no solo de la negativa situación de la banca, sino también, en su caso, de sus posiciones internacionales, esas que les han salvado las cuentas de resultados durante tantos ejercicios. El tipo de cambio de las divisas les está jugando una mala pasada. La caída en picado de la libra turca ha situado a la acción de BBVA en mínimos históricos. Turquía, país en el que el banco cuenta con una de sus principales franquicias, Garanti, representó en el primer semestre el 21% de los resultados del grupo español, lo que representa el segundo mercado de la firma que preside Carlos Torres.

La entidad financiera cerró la jornada con un valor por acción de 2,60 euros, frente a los 4,31 euros por título de un año antes. Su capitalización bursátil suma 17.380 millones.

Santander también atraviesa uno de sus peores momentos en Bolsa, entre otras causas, por el colapso del real brasileño (Brasil es su principal mercado), además, del peso argentino y del peso mexicano, divisas, estas dos últimas que también ensombrecen la cuenta de resultados de BBVA.
El banco que preside Ana Botín cerró el viernes con un valor de 1,96 euros (hace un año cerró a 3,44 euros), tras subir ese día un 3,28%. Su capitalización asciende a 32.760 millones de euros. El principal banco español cerró el semestre con unas pérdidas de 10.798 millones de euros. Este año será el primero en su historia que cerrará con números rojos.

A estos tragos amargos se les suman los diferentes procesos judiciales en los que se encuentran sumidos y que ahora, en septiembre, se retomaran.

El banco que preside Carlos Torres está a la espera de que el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón inicie otra vez el curso con nuevas declaraciones sobre la pieza Tándem del caso Villarejo. Esta pieza investiga los encargos que hizo BBVA al grupo de empresas Cenyt, perteneciente al excomisario de policía, cuando el banco estaba presidido por Francisco González. A Santander le esperan dos casos.

El que se dirime también en la Audiencia Nacional sobre la resolución y posterior venta de Banco Popular a Santander por un euro en junio de 2017, y en el que Ana Botín testificará el 8 de octubre y el exministro de Economía y ahora vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, lo hará el 30 de septiembre, aunque su declaración se hará por videoconferencia.

A ello se suma el caso Orcel. Los abogados de Santander y los del banquero italiano Andrea Orcel se verán cara a cara el próximo 14 de septiembre en una vista previa ante la demanda del exejecutivo de UBS que estuvo a punto de convertirse en el consejero delegado del grupo que preside Ana Botín. Precisamente esta es la causa del confrontamiento, el fichaje que nunca llegó a producirse.

A todo ello se unen los distintos litigios en el sector por el índice hipotecario IRPH, las tarjetas revolving, las secuelas de las cláusulas suelo y otros procesos por productos varios.
Otros bancos como Bankia o Sabadell también están sufriendo los estragos del coronavirus, pero en ambos casos la penalización es inferior, pese a que los escenarios macro, la competencia de las tecnológicas, o los efectos de los tipos de interés negativos les afectan por igual. En sus casos, sin embargo, no les impacta tanto el cambio de divisas, a excepción de la libra a Sabadell. Bankia cerró el viernes a 1,09 euros por título, tras subir un 5,67% durante la jornada.

Sabadell finalizó la semana con un precio por acción de 0,34 euros, frente a los 0,94 euros de hace un año. El menor o casi nulo efecto de la caída de ciertas divisas en este caso les ha beneficiado frente a sus mayores rivales españoles. El hecho de que Sabadell y Bankia estén en las quinielas como bancos que pueden protagonizar una fusión en los próximos meses también impacta, aunque en este caso positivamente, a sus acciones. Pese a todo, el sector debe aún hacer frente a los retos de los últimos años, al menor negocio, a la pandemia, al teletrabajo, y a la desescalada, que se les complica.

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