Estados Unidos, ese país donde se fusiona lo físico y lo digital

Las grandes tecnológicas aguantan la pandemia e impulsan la Bolsa, pero se desconoce cómo afectará a las elecciones

California no es lo mismo sin Disneyland (en la ciudad californiana de Anaheim, a una hora en coche de Los Ángeles). Como escribe Bob Iger, presidente ejecutivo de The Walt Disney Company, en su reciente biografía (The ride of a lifetime), “tras 15 años como CEO de Disney es como si mis sueños de niño se hubieran hecho realidad”. Walt Disney quería que los norteamericanos se transportaran a otro mundo, más feliz y sin problemas, olvidándose de la rutina, el trabajo y la hipoteca al entrar en el Magic Kingdom. Al igual que cientos de millones de personas que cada año visitamos los parques Disney en California, me he sentido identificado con ese ideal del inventor de Mickey ­Mouse. No, en 2020.

Bob Chapek, CEO de Disney ha reportado pérdidas de casi 5.000 millones de dólares (por vez primera desde 2001, cuando el reinado de Michael Eisner empezó a eclipsar) en el segundo trimestre del año. Con la mayoría de los parques cerrados (primera fuente de ingresos de Disney), sin estrenar películas en los cines (Mulan se estrenará el 4 de septiembre en Disney+, fuera del contrato habitual y pagando 30 dólares), Disney ha descendido en facturación y ha entrado en pérdidas.

Es un signo de los tiempos, consecuencia de la crisis económica generada por el Covid-19: Disney ha mandado a casa a 100.000 empleados. Mundo físico, que no digital, aunque las dos atracciones más exitosas de los parques físicos de Disney sean digitales, en 3D y con inteligencia artificial: Avatar y Star Wars. En la última semana de julio, 1,2 millones de personas pidieron subsidio de de­sempleo en EE UU. Se desacelera el aumento del paro (eufemístico juego de palabras).

Disney sufre en el negocio físico pero triunfa en el digital. Su servicio de televisión en streaming tiene 100 millones de suscriptores, amenazando el liderazgo de Netflix: 60 millones de Disney+ y 40 millones de Hulu, ESPN; en seis meses Disney+ ha alcanzado los objetivos de cinco años.

No todas las empresas pueden compensar, como hace Disney, la pérdida de negocio físico con el digital. En California, con tecnologías de la información, turismo, ocio, entretenimiento, restauración..., la sexta economía del mundo en PIB ha visto cómo cientos de miles de pymes han echado el cierre definitivo tras abrir y cerrar sus puertas varias veces.

La Oficina Nacional de Estadística estadounidense dijo en su informe de 6 de agosto que “los negocios de afroamericanos han sido los más afectados por la crisis”. Nada que ver con el racismo, sino con que esas pymes están físicamente en barrios negros, con alto desempleo y bajo poder adquisitivo.

Las grandes empresas tecnológicas, la mayoría con sede en California, han aguantado bien la pandemia: Amazon anunció resultados récord el 6 de agosto, a pesar de perder cuota de mercado en ecommer­ce (del 42% en enero al 38% en julio), que compensó con creces con la venta de cloud, donde es líder con AWS, seguida por Microsoft Azure, otra empresa que no ha sufrido con la crisis.

Muchos pensaban que el negocio de Windows se resistiría por un bajón en la venta de ordenadores en EE UU. Al contrario. Para muestra un botón: todos mis amigos/conocidos en California han teletrabajado desde casa y muchos han comprado un ordenador más potente, con mejor microprocesador.

Las ventas de HP e Intel han aumentado, consecuencia del incremento del 20% en la facturación de ordenadores. ¿Es coyuntural? Los que venden digitalización afirman que “ha llegado para quedarse”, pero también quien vende jamones dice que son “lo mejor para la salud”. Es decir, están generando la demanda.

En EE UU no hace falta generar demanda: los datos son elocuentes. Apple va camino de valer 2 billones de dólares (dos veces el PIB español). Sus compañeras gigantes de internet (Amazon, Facebook, Google) obtuvieron resultados excelentes en el segundo trimestre. Parece contradictorio: investigadas por el regulador, el Congreso y competencia, nada impide que impulsen al alza los índices bursátiles norteamericanos: el Dow Jones roza máximos históricos desde marzo y el Nasdaq y el S&P 500 suben. Incluso pareciera que, ante la competencia china, Trump les defiende.

El presidente aprobó un decreto que obliga “a las operaciones americanas de empresas tecnológicas chinas a ser compradas por corporaciones estadounidenses”. Se refiere a TikTok y a WeChat, ambas chinas y acusadas de violar la privacidad de sus consumidores y espiar a favor de China.

Microsoft “se ofrece” a comprar TikTok y Trump dice que aprobará la venta “si el Gobierno recibe un montón de dinero”. Facebook Lanza Reels, aplicación que compite con TikTok. WeChat es otro cantar porque pertenece al conglomerado de telecomunicaciones chino Tencent. Y las telecomunicaciones en EE UU son sagradas, cuestión de seguridad nacional. América protege sus infraestructuras de telecomunicaciones (American Towers, por lo que aquí se mira con interés lo que hace la europea Cellnex Telecom) y las operadoras, especialmente en su lucrativo negocio empresarial para Corporate América y las pymes: Verizon Enterprise, ATT Enterprise, Comcast Enterprise y las fusionadas T-Mobile y Sprint.

La empresa, la economía, la sociedad son un todo entrelazado, porque, como escribió Alan Greenspan, “el negocio de América es hacer negocios”. Las Bolsas van bien y hay beneficios empresariales por la creencia de una recuperación económica en el segundo semestre, entre economistas, analistas y población general. Cómo afecte a las elecciones presidenciales de noviembre no está claro. A 7 de agosto, Biden supera a Trump en estimación de voto en un 6,4%. Pero América está más pendiente de si Kim Kardashian dejará a Kanye West, por ser este bipolar...

Jorge Díaz Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants y autor de Hillary vs. Trump; Trump, año uno y Trump, año dos de trueno y complacencia