Una vacuna económica para Europa

La respuesta de la UE a la crisis de la pandemia ha sido realizada en clave federal y no confederal y transmite una imagen de unidad y fortaleza

Una vacuna económica para Europa

Casablanca, una de las películas míticas de la historia cinematográfica, nos sirve de metáfora para comprender el desarrollo de la cumbre europea celebrada recientemente en Bruselas y nos permite extraer algunas de sus enseñanzas. Recordemos que, al final de la película, todo el mundo se sacrifica y cede algo, en pos de un bien común superior. El film, además, ilustra que en períodos de crisis se refleja lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Somos capaces de la más vigorosa solidaridad y del mayor de los egoísmos, como ha quedado demostrado en el acuerdo alcanzado por los 27 países miembros de la UE. En el proceso negociador todos han cedido en alguna parte de sus planteamientos iniciales, pero en la crisis multifactorial que vivimos (sanitaria, económica, social, política) ha prevalecido lo mejor, ya que la UE respondió con una rápida y determinante solidaridad. En este sentido, Angela Merkel, cuyo país ocupa la presidencia rotativa de la UE, en rueda de prensa no podía ocultar su emoción tras el acuerdo alcanzado al afirmar: esta es la respuesta de la Europa unida. Por lo que se puede apreciar, los tiempos difíciles son también útiles para cambiar a las personas, las mentalidades y las instituciones de modo positivo.

Después de cuatro días de intensas negociaciones los Jefes de Estado y de Gobierno acordaron, el 21 de julio, las condiciones del Fondo de Recuperación europeo. El montante será de 750.000 millones de euros, pero la partida correspondiente a los subsidios será de 390.000 en lugar de los 500.000 previstos en principio. Esta importante dotación económica no necesitará ser devuelta por los países más afectados por la pandemia. Así, Italia recibirá 209.000 millones (81.000 en subsidios) y España 140.000 millones (72.000 en subsidios) lo que representa la mitad del fondo.

Se ha pagado un peaje como concesión a los llamados países frugales (Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia) que abanderan el rigor y la austeridad, liderados por el primer ministro holandés, Mark Rutte. A cambio, el montante total formará parte del funcionamiento normal de las instituciones europeas. Todo lo contrario a como se afrontó la anterior crisis de la zona euro con la creación en 2012 del Mecanismo Europeo de Estabilidad. Anteriormente, la crisis se resolvió con austeridad y ahora con un estímulo decidido de integración. Según señala la Comisión Europea: el presupuesto de la UE no debe pretender redistribuir la riqueza, sino centrarse en las necesidades del conjunto de los europeos. En esta Cumbre hemos podido observar dos posturas bien diferenciadas. Por un lado, los keynesianos partidarios de la solidaridad europea, y por el otro, los liberales muy frugales, en los que se ha dejado notar la huella de Margaret Thatcher, exprimera ministra del Reino Unido (UK). Llegado a este punto hay que preguntarse: ¿Cuál hubiera sido el resultado de la Cumbre si no se hubiera producido el Brexit? Este tema exigiría una reflexión más amplia que desborda el ámbito de este artículo.

El testigo de Margaret Thatcher ha sido recogido por Holanda, como el principal país que se ha opuesto a aquellos que apostaban por medidas solidarias. Destacar que no es lo mismo que ese papel lo interprete Holanda que Reino Unido, que es el segundo mayor Producto Interior Bruto (PIB) de la UE, en concreto, el triple de Holanda. Un país que por cierto no está para dar muchas lecciones de laboriosidad ni de ética en su tratamiento fiscal privilegiado para algunas tecnológicas. Nos ha acusado de perezosos pero los datos estadísticos indican todo lo contrario. Los españoles trabajamos 250 horas anuales más que los holandeses. Otra acusación consiste en afirmar que vivimos muy por encima de nuestras posibilidades, lo que no es cierto, ya que su deuda total (pública y privada) es superior a la de España e Italia: del 290 % sobre el PIB mientras que en España es del 226 %.

Sin embargo, no podemos olvidar que una pandemia se produce cuando surge un nuevo virus que se propaga por todo el mundo (del latín, pestis, hace referencia a una enfermedad contagiosa inespecífica y del griego el prefijo pan significa “todo” o “en su totalidad”) Por ello, no puede dejarse atrás a ningún país miembro pues va a extenderse a todos y así se está demostrando. Por lo tanto, la crisis del Covid-19, es una pandemia que no conoce fronteras y puede afectar a cualquier país. Es un shock exógeno para el sistema económico y que incide en su funcionamiento, pero no tiene nada que ver con él. Respetando las opiniones diferentes, el acuerdo es altamente positivo ya que el compromiso alcanzado por los miembros de la UE constituye un avance importante en la construcción europea que conduce a una nueva dimensión, más unida que nunca y más política. Ello demuestra una voluntad de seguir juntos. En esta ocasión, se ha transmitido un mensaje global de fortaleza y unidad y una respuesta en clave federal y no confederal. Es importante diferenciar ambos términos pues estamos hablando de algo muy distinto.

El Estado confederal no se relaciona directamente con los ciudadanos sino sólo con los Estados miembros, es una unión de Estados. Mientras que la federación es la suma de las voluntades individuales expresadas por los ciudadanos y no entre territorios. Todo ello, abre la puerta a algo que no existía ya que los Estados podrán solicitar préstamos conjuntamente y asumirán la deuda correspondiente a través de recursos comunes. Por primera vez, no serán sólo préstamos sino deuda colectiva lo que unirá a los Estados de la UE más estrechamente que nunca.

Esperemos que los resultados de la Cumbre sirvan al menos para dejar sin argumentos el discurso político de los euroescépticos. La cuestión de la soberanía y el lugar que la UE puede jugar en el escenario mundial, sigue siendo un tema de debate entre sus miembros que todavía están lejos de compartir los sueños que deseamos la mayoría para un futuro mejor. Keynes, en su libro “¿Cuáles son las posibilidades económicas de nuestros nietos?”, ya nos advertía de que “no podemos tener un pensamiento de cortas miras, debemos abrir la mente hacia el futuro”.

Vicente Castelló es Profesor Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local