Eduardo Pastor: “Hay que potenciar la conexión entre farmacia y paciente”

El máximo directivo de la cooperativa farmacéutica Cofares defiende que las boticas no pueden ser “un mero dispensador de fármacos”, sino que deben convertirse en centros de salud. Y reclama más competencias para poner vacunas o prevenir el cáncer

Eduardo Pastor
Eduardo Pastor, presidente de Cofares.

Licenciado en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid y con una larga trayectoria en el sector farmacéutico. Eduardo Pastor (Madrid, 1967) es presidente del consejo rector del grupo Cofares desde 2018, la cooperativa de distribución de medicamentos y productos sanitarios líder por volumen de facturación –en 2019 obtuvo unos ingresos de 3.428 millones de euros, un 3,2% más que en el ejercicio anterior– y por cuota de mercado (28,01%). Cuenta con más de 2.500 empleados y una previsión de crecimiento del 7% en las ventas en el primer semestre de este año. En la sede de la empresa, Pastor repasa los momentos más duros de la pandemia del coronavirus y los desafíos.

¿Cómo vivió la emergencia sanitaria por el Covid-19?

El primer indicio que tuvimos fue en enero, cuando detectamos un aumento en la demanda de mascarillas. De hecho, tenemos marca propia y solíamos vender 30.000 al año a las farmacias, pero en enero se agotaron. El acaparamiento era más de ciudadanos asiáticos. En España no se orientó entonces como obligatoria.

¿En cuánto aumentaron los pedidos de mascarillas?

Hemos pasado de un requerimiento de 30.000 anuales a suministrar 2,5 millones al día. Ha sido brutal, y un poco difícil traerlas a España porque, a finales de febrero, la Administración nos comunicó que la producción que tuviéramos sería retenida en aduanas para atender la necesidad en los centros hospitalarios. Hubo un periodo en el que todo el producto Covid iba a centros sanitarios, más que a oficinas de farmacia. También los precios subieron, de 10 céntimos a niveles de 50-70 céntimos, dependiendo del tipo, además de la materia prima para su fabricación en China. este país cambió la legislación en abril hasta cinco o seis veces y el etiquetaje también sufrió diversos cambios; fue muy complicado.

Tras la pandemia del coronavirus, hemos pasado de suministrar 30.000 mascarillas anuales a 2,5 millones al día

¿Qué medidas adoptaron?

Tanto para mascarillas como para hidrogeles, termómetros y pulsioxímetros, que también sufrieron una sobredemanda, alcanzamos acuerdos con varios proveedores de material importado de China. Garantizamos el suministro y, sobre todo, el cumplimiento de la normativa sanitaria y las medidas de seguridad y prevención económicas y financieras porque los mercados internacionales funcionaban adelantando el dinero del 50% de los pedidos. Tanto las quirúrgicas como las EPI [de equipos de protección individual] las hemos puesto en el mercado cuando hemos tenido toda la documentación requerida y los permisos de comercialización. Los importadores han sido variados, pero los fabricantes son en su mayoría asiáticos. El mercado ya está suficientemente estabilizado.

¿Recibieron mercancía defectuosa como le ocurrió al Gobierno y a algunas autonomías?

Todos los productos que hemos puesto en el mercado han sido bajo un riguroso control técnico [llegaron a descartar hasta el 80% de los proveedores que tocaban sus puertas por incumplimiento de la normativa], así garantizábamos la seguridad. La industria farmacéutica española ha reaccionado a este test de estrés a un muy alto nivel. No ha habido ningún tipo de desabastecimiento de medicamentos para ninguna patología en ningún momento de la pandemia, y eso hay que valorarlo.

¿Qué opina sobre las medidas de control de precio que estableció el Ejecutivo durante el estado de alarma?

En un momento de escasez, sí tenía sentido, pero no cuando el mercado estaba lo suficientemente abastecido; no soy muy partidario de intervenir precios.

Sin sanidad no hay futuro. Es importante que las Administraciones inviertan en innovación, tecnología y medicamentos

Y respecto a la obligatoriedad del uso de la mascarilla, ¿cree que la Administración tardó mucho en establecer esta medida?

Es complicado recomendar algo que no había. Desconozco cuál fue su valoración, pero no puedes hacer obligatorio algo cuando no tienes el suministro suficiente. Esto no es culpa de nadie tampoco. La fabricación de mascarillas era lo que era, las fábricas de China eran las que eran... Ahora no los españoles no tenemos excusas para no usarlas. Hemos repartido 40 millones de mascarillas quirúrgicas a la sociedad a través de la farmacia, y nuestro compromiso es suministrar paulatinamente 180 millones; hay stock suficiente en caso de rebrotes.

¿Qué cambios puede ocasionar la pandemia en el negocio?

Nos hemos dado cuenta de que la sanidad es mucho más de lo que hasta ahora creíamos. Sin ella no existe prácticamente nada, ni la economía ni la sociedad. Tenemos que invertir, no gastar, en nuestra propia salud. Es muy importante que las Administraciones inviertan en innovación, tecnología, medicamentos, en el ecosistema sanitario.

Y para Cofares, ¿qué ha implicado?

Nos ha hecho evolucionar mucho. Por suerte, teníamos bastantes deberes hechos. Hemos ­digitalizado mucho la cooperativa, con una inversión de 7,5 millones en el último año. Llegamos a tener 280 voluntarios para ayudar en otras tareas que no fueran de teletrabajo. Hemos contratado 250 personas. Hemos ampliado en 75 el número de rutas, desde las 1.500 habituales, para reforzar el suministro de medicamentos, incluido el hospital de Ifema [ya clausurado]. Hemos duplicado el servicio de fármacos hospitalarios, y contribuido en su transporte a domicilio a través de la farmacia, una atención muy demandada por el paciente. Hemos invertido 52,2 millones para traer material Covid y ayudado, de forma altruista, en el reparto de 13 millones de mascarillas en seis comunidades autónomas (Cataluña, Valencia, Madrid, Castilla-La Mancha, Aragón y Galicia), aprovechando nuestros canales de distribución.

Eduardo Pastor: “Hay que potenciar
la conexión entre farmacia y paciente”

¿Qué aportó la farmacia en esta coyuntura?

Hemos evitado que la población tuviera que acudir a centros sanitarios con el miedo al contagio y el colapso. Y quiero poner en valor a la farmacia rural, que ha estado abierta en muchas localidades españolas, cuando los centros de estas zonas estaban cerrados y los médicos y los enfermeros estaban dedicados a otras cosas; ha hecho de verdadero centro de salud. Es el gran valor del modelo español y se ha demostrado en esta crisis. Podemos hacer también una gran labor de termómetro en cuanto a hábitos de salud y ser un indicador de futuras pandemias al tener información sobre las alzas de consumo de productos sanitarios.

Dice que se convirtieron en centros de salud, ¿es la tendencia?

Por ejemplo, en el caso de los crónicos, la farmacia sería un buen indicador para saber si esos pacientes están consumiendo o no su medicación. El farmacéutico es también una pieza clave, al que hay que dar suficientes competencias para que pueda cuidar de nosotros. La conexión entre farmacia y paciente tiene que ser muchísimo más directa a través de las nuevas tecnologías. No puede ser un mero dispensador de medicamentos. Tiene que transformarse, evolucionar y ser un centro sanitario donde prime también la prevención. Y aprovecho para trasladar un mensaje a los pacientes crónicos, que no abandonen sus tratamientos por miedo a salir de casa o a acudir a los centros sanitarios. Es un problema que tenemos y que preocupa.

Nos tenemos que poner de acuerdo en hacer un pacto sanitario

¿Puede citar esas competencias?

Sería muy importante compartir el historial clínico de los pacientes; hacer partícipe al farmacéutico del Sistema Nacional de Salud como pieza clave en atención primaria; la tecnología puede ayudar a que el enfermo esté en comunicación con su farmacia de referencia para cualquier duda; poder poner vacunas. Y en prevención, hacer campañas antitabáquicas, de nutrición, para la diabetes, ofrecer dermoconsejos o pruebas de cáncer de piel o control de azúcar.

¿Qué otros retos quedan?

Dotar al sistema de, al menos, un punto y medio del PIB y un marco jurídico estable. En cuanto a la producción, no depender de terceros países, tenemos que tener un stock de contingencia, también de principios activos, ya que la fabricación se ha derivado demasiado a países asiáticos: China e India. Sin sanidad no hay futuro, lo hemos visto.

Cuando pide un marco jurídico estable, ¿a qué se refiere?

En el Ministerio de Sanidad, a lo largo de la historia reciente, ha habido muchos cambios; ha habido más ministros de Sanidad que en ningún otro departamento ministerial. Tengo la sensación de que no se le ha dado suficiente importancia, quizás porque las competencias sanitarias las tienen las comunidades autónomas. Pero nos tenemos que poner de acuerdo en hacer un pacto sanitario. Las empresas que nos dedicamos a la salud necesitamos un marco jurídico estable, que no sea modificado a mitad de partido. Por ejemplo, que nos cambien los precios de los medicamentos o introduzcan una ley que pueda incidir en nuestras ventas. Además, tenemos que tener claro que la sanidad pública y la privada son necesarias, complementarias. Hay 11 millones de pólizas privadas en este país y no quisiera saber qué pudiera pasar si esos 11 millones acuden a la pública; tendríamos un colapso como el que hemos vivido en la pandemia. No entiendo el discurso de criminalizar a la sanidad privada. Colaboremos. 

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