Sergio Fuster, el español que vuelve a casa para universalizar el cava

El CEO de Raventós Codorníu regresa a su tierra natal para posicionar a la compañía en el primer puesto del mercado de vinos y espumosos a nivel mundial

Sergio Fuster, el español que vuelve a casa para universalizar el cava

Hay quienes de pequeños sueñan con ver el mar, Sergio Fuster lo hacía con cruzarlo y ver el mundo. De carácter competitivo, el nuevo consejero delegado de Raventós Codorníu destacaba ya en el colegio por querer ser siempre el número uno, posición que siguió ocupando en la secundaria. De Gandía, su ciudad natal, salió por primera vez a los 18 años para ir a estudiar Telecomunicaciones a la Universidad Politécnica de Valencia. Escogió la carrera por apasionarle los ordenadores y los videojuegos, afición que continúa manteniendo. Al terminar comenzó a trabajar como director técnico del primer edificio de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Hemisféric-Planetario.

Mientras desarrollaba aquel primer empleo, se matriculó los fines de semana en un máster de Marketing y Negocios en el ESIC y pronto le surgió la oportunidad de salir de Valencia rumbo a Madrid. Durante meses permanecía de lunes a viernes en la capital trabajando en Procter & Gamble y viajaba los fines de semana a Valencia para continuar con sus estudios, y ya de paso ver a la familia y a su novia, Amparo, ahora ya su mujer. Después de seis meses de contrato, el departamento internacional de Procter le ofreció la posibilidad de mudarse a Londres a llevar la línea de desodorantes. Tenía solo 23 años y junto a Amparo no dudó en embarcarse en su primera experiencia fuera de España. Tras cerca de un año en Inglaterra, regresaron a Madrid pero el gusanillo de continuar viendo mundo hizo que pronto se trasladaran a Ginebra. Pasaron dos años en Suiza, antes de aceptar la oferta de United Biscuit (hoy Kraft) en Barcelona. Allí nacieron sus dos primeros hijos, Martina y Mario.

A los tres años, Danone le dio la oportunidad de convertirse en director de marketing de Danacol, en París y, de nuevo, con su familia emprende un viaje que un año más tarde se convertiría en su gran sueño, trabajar en Estados Unidos, como vicepresidente de marketing de la compañía. “Siempre me había gustado las posibilidades del estilo de vida americano, el emprendimiento, la libertad, la innovación, las ganas de avanzar y tener éxito”, asegura el propio Fuster.

Desde aquel puesto escaló a director de marketing en México, país donde nació su tercera hija, Isabella, pero la aparición de un nuevo competidor en el mercado de yogures de Estados Unidos hizo peligrar la segunda posición de la que disfrutaba la compañía históricamente, y regresaron a Nueva York. Fueron unos siete u ocho meses de marketing de guerrilla en los que no solo consiguieron no perder esa segunda posición, sino que lograron situarse los primeros. En Danone estuvo hasta hace dos años, cuando Kellogg Company le ofreció la dirección de marketing mundial, una posición desde la que no paró de viajar, aunque su base la tenía en Chicago.

A sus 45 años, tras estar los últimos 20 casi en su totalidad fuera de España, vuelve con doble nacionalidad (la americana y la española) para estar al frente de una de las compañías más históricas del país. “A nivel familiar sentíamos que era el momento de volver a nuestras raíces. Aunque siempre hemos estado a gusto en nuestros destinos, como en España no se está en ningún sitio”, afirma el nuevo CEO de Raventós Codorníu.

Unas raíces a las que también está volviendo la compañía, con la entrada del fondo americano Carlyle en el accionariado. Cierto es que el fondo no entró con su mejor cara, realizando un ERE en marzo del 2019 para el 10% de la plantilla y poniendo a la venta sus activos inmobiliarios de Cavas Rondel y la Masía Bach, junto a sus bodegas. Pero pronto puso en marcha su plan de volver a los orígenes rehabilitando la masía original de 1551, ubicada en Sant Sadurní d’Anoia, para ocupar sus oficinas centrales. Y también, uniéndose a Gleva Cellars y a Ramón Raventós, quien se ha hecho cargo de la compañía hasta la llegada de Fuster, y que ahora se hará cargo de la dirección de desarrollo de negocio.

Su contratación, en realidad, forma parte de la segunda fase del plan estratégico previsto por el consejo. La primera, a cargo de Ramón Raventós, ha tratado de volver a los orígenes y el terruño. De esa misión formó parte el cambio de nombre de Codorníu a Raventós Codorníu, en junio de 2019, y el propósito de convertir todos sus viñedos en ecológicos, tarea que ya han comenzado y que esperan culminar en 2024.

La nueva fase, que empezará en septiembre con la incorporación de Fuster, se centrará en la internacionalización de todas las bodegas de la casa, como Raimat, Bodegas Bilbaínas o la propia Codorníu, y sobre todo del cava. Denominación que quieren dar a conocer desde Asia hasta América, pasando por el norte de Europa, donde desde febrero cuentan con un acuerdo con Eggers & Franke para la distribución del espumoso en Alemania. Pero también en cuidar el mercado nacional y acercar el cava a las nuevas generaciones. Para ello el valenciano pretende modernizar la imagen de la bebida pero sin abandonar la historia, una virtud en la que quiere apoyar su comunicación tanto dentro como fuera de las fronteras españolas.

Del proyecto a Fuster le ha emocionado la combinación entre los lazos históricos de la familia (más de 100 miembros forman parte del accionariado) y el músculo financiero que aporta un fondo como Carlyle. También el poder regresar al Mediterráneo, que tanto ha añorado, y de volver a reunirse con su familia y con sus amigos, que todavía conserva de la etapa escolar. Al lado del mar podrá seguir con su rutina de running. Desde hace siete años, seis días a la semana corre entre una y dos horas a primera hora de la mañana. “Es la mejor manera de comenzar el día”, dice. Junto a esta costumbre también se declara adepto a la dieta cetogénica, pero en especial de la alimentación saludable y no transgénica. También espera hacerse, junto a su hijo, socio del Barcelona, equipo del que es seguidor desde niño por continuar con la tradición de su abuelo, de origen andaluz. Pero sobre todo de lo que más disfrutará será de su mujer y de sus tres hijos, algo que siempre ha hecho en cualquiera de los destinos que le ha deparado la vida.

 

La empresa

Accionariado. Raventós Codorníu es desde 2018 propiedad en un 60% del fondo americano Carlyle y en un 40% de la familia, porcentaje que se reparten entre más de 100 accionistas. Ramón Raventós es el único miembro que sigue ocupando un puesto en la empresa.

Domicilio social. El consejo de administración de Unideco, el holding del grupo, acordó en 2017 el traslado del domicilio social ubicado en Barcelona a La Rioja, con motivo de la incertidumbre política y económica originada por el independentismo catalán.