Preparar el transporte de carretera para el día D+1

El sector, clave para la recuperación de la economía, necesita créditos blandos específicos, recorte de cotizaciones sociales y acceso eficaz a los ERTE

Preparar el transporte de carretera para el día D+1

Es fácil perder la noción de tiempo en estos días interminables y convulsos, humana y económicamente hablando: la emergencia sanitaria del coronavirus nos afecta en todos los ámbitos de nuestra vida y en todos los sectores productivos. También al transporte por carretera, al que pertenezco como empresario y como presidente de la decana de sus patronales; la fulminante propagación de la epidemia nos ha puesto a prueba.

Nuestros equipos humanos, todo nuestro saber hacer como empresas y la enorme flexibilidad que solo este modo de transporte es capaz de desarrollar han logrado superar tanto los retos iniciales (enorme incremento de demanda de más del 135% en algunos segmentos) como los que ahora mismo vivimos (retornos en vacío, protección del personal, cambios regulatorios continuos, cierre de fronteras…) para no dejar desabastecida ninguna cadena logística a pesar de las enormes variaciones en la actividad que, tras ese pico inicial, ha llegado a caer más del 50% por debajo el nivel habitual, estabilizándose ahora entre un -35% y un -40%, tras la hibernación.

No dejaré de mencionar que, además, se ha hecho en unas condiciones nada deseables. Nosotros, como algunos otros colectivos que todos tenemos en la cabeza y en el corazón, tampoco podíamos quedarnos en casa. Pero, créame el lector, estar fuera de ella, desde Lombardía a Dinamarca y desde Holanda hasta Bulgaria, sin poder disponer ni de EPI ni casi de lugares donde reposar, comer y asearse, ha supuesto un verdadero calvario que aún hoy día sigue coleando.

Pero si el ayer y el hoy han requerido que pusiésemos en juego lo mejor de nosotros como sector y como profesionales, no es menor la exigencia que el mañana nos está ya anunciando. El transporte por carretera volverá a tomar su puesto cuando las consecuencias económicas de la lucha contra la epidemia hayan quedado en el recuerdo. La sociedad nos ha elegido como el modo preponderante en todos los países europeos; por ejemplo, en España, más del 95% del transporte terrestre de mercancías se hace por carretera, incluidas tres cuartas partes de las mercancías intercambiadas con nuestros socios de la UE. En mis ya largos años de experiencia he constatado que no hay alternativa válida a la carretera y, de hecho, las demandas de las sociedades modernas en cuanto a movilidad por carretera no cesan de crecer, en la industria, el comercio,el turismo, la exportación y casi cualquier otra rama de actividad económica tienen en el transporte por carretera un pilar fiable, flexible y eficiente.

Sin embargo, de cómo tengamos, a nivel de país, enfocado hoy el día D+1 para las empresas de este sector va a depender totalmente que la recuperación económica sea fructífera y veloz si están ahí palpitando las empresas del transporte listas, con toda su experiencia y recursos técnicos y humanos conservados para conectar la demanda con la producción o, por el contrario, se arrastre durante largos años hasta que el destruido tejido empresarial del sector vuelva a ser creado y su know-how recuperado.

Sin duda será, además de más lento, mucho más caro apostar por una reconstrucción que invertir ahora en conservar este activo que son para España las empresas de este sector que me enorgullezco en representar.

De hecho, ya trabajamos en ello, pero no podremos hacerlo solos. Las previsiones económicas son ya poco alentadoras por parte del FMI y del Banco de España: como mínimo un 8% de caída del PIB nacional y enorme incremento del desempleo hasta superar el 20%. Son cifras que provocarán, si no se toman medidas que las contrarresten, que muchas decenas de miles de camiones y los empleos correspondientes que los mismos sostienen desaparezcan en un sumidero de quiebras por estrangulamiento financiero, y lo harán junto con el saber hacer empresarial y las habilidades profesionales acumuladas durante décadas y que han llevado al español a ocupar los primeros puestos del sector a nivel continental.

¿Cómo evitar que este verdadero activo nacional acabe por perderse, cercenando así la recuperación económica general? Empecemos por guardar coherencia en las Administraciones con ese carácter estratégico que, a este sector, de palabra y y por la vía de los hechos, han debido reconocerle en esta crisis. En estos momentos no hay medida restrictiva en ningún país, de entre las centenares que se han venido tomando, que no deje libre al transporte de mercancías.

No podemos permitirnos de nuevo ese modus operandi de esperar y ver que pilotó la acción inicial de las Administraciones públicas. Hay que actuar ya. Desde luego que debe ser prioridad para la sociedad el proteger a los conductores. Pero para que estemos ahí, con sus puestos de trabajo listos en ese día D+1 que antes nombraba, se debe facilitar el acceder rápidamente a créditos blandos específicamente diseñados para este sector ante la insuficiencia palmaria de las líneas ICO avaladas que la normativa ha puesto en marcha (con menos del 12% de la facturación anual inyectada con urgencia en nuestras empresas, va a resultar imposible sostenerlas). Asimismo, otras medidas como la reducción inmediata de las cotizaciones sociales, que figuran entre las más altas de la UE, y el acceso eficaz a los ERTE son también muy necesarias.

O lo hacemos ya o en poco tiempo será casi imposible e infinitamente más caro resucitar a las empresas de transporte, eslabón fundamental en el flujo logístico.

Marcos Basante es Presidente de Astic (Asociación del Transporte Internacional por Carretera)