Europa se la juega: 500.000 millones y la reactivación económica, en el aire

Esta tarde se reanudan las negociaciones del Eurogrupo tras el enfrentamiento entre Italia y Países Bajos

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Desde que el coronavirus empezó a golpear con fuerza a Europa hace algo más de un mes, los líderes políticos de la Unión, bien a través del Consejo, bien a través del Eurogrupo, han fracasado ya cuatro veces en sus intentos por coordinar una respuesta fiscal en clave comunitaria. La última, en la madrugada del miércoles, tras 16 horas encarando una negociación que empezó una hora más tarde de lo previsto y que tuvo que prorrogarse durante varias más para intentar limar asperezas entre los países. La emisión de deuda compartida (a través de coronabonos) y en qué términos y condiciones se puede hacer uso del MEDE (el fondo de rescate europeo) continúan siendo los principales escollos. Sigue habiendo dos bandos claramente diferenciados, el del norte y el del sur. Pero mientras que Alemania por un lado, y Francia y España por otro, han suavizado levemente sus posiciones, Países Bajos e Italia aguantan férreos. Los ministros de finanzas galo y alemán pidieron ayer por la mañana llegar a un acuerdo, con claras alusiones a Roma y, sobre todo, La Haya.

Hoy por la tarde se reanuda la cumbre. Fuentes cercanas a las negociaciones explican que el objetivo del Eurogrupo es que el receso se entienda como un breve parón o descanso, y no como el comienzo de una nueva tanda de conversaciones. Todo para no proyectar la imagen de un nuevo fracaso, un concepto que empieza a hacer ya mucho daño a la Unión. “Estamos cerca de un acuerdo, pero aún no hemos llegado. Mi objetivo sigue siendo el mismo: una red de seguridad fuerte en la UE contra el golpe del virus para proteger a los trabajadores, empresas y países y un compromiso para un plan de recuperación de envergadura”, explicó el presidente del Eurogrupo y ministro de finanzas portugués, Mário Centeno, tras aplazar la reunión telemática.

La propuesta que se debate se basa en la movilización total de unos 500.000 millones de euros. El plan orquestado por Bruselas se articula en tres patas: las ayudas propuestas por la Comisión para luchar contra el paro a través del fondo Sure (100.000 millones), la inyección del Banco Europeo de Inversiones (hasta 200.000), y la activación de parte del MEDE y sus créditos (otros 200.000 millones). De mutualizar y compartir deuda y riesgos a través de coronabonos u otro tipo de eurobonos, algo que sigue pidiendo Italia y de alguna forma también España y Francia, no quieren ni oír hablar en Países Bajos, Austria o Finlandia, que tampoco aprueban ni la creación de un seguro contra el paro ni el Plan Marshall propuesto por España.

En el sur, sobre todo en Madrid y París –ya dispuestas a dejar de hablar de coronabonos y abrir la puerta a otro tipo de mutualización–, preocupa sobre todo la respuesta europea a largo plazo. La prioridad de la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, es “reactivar la economía tras la crisis” de manera conjunta, porque “no es aceptable que cada país haga frente solo a los costes derivados de esta emergencia”, explicó ayer. A corto plazo, por eso, Francia y España están dispuestas a dar luz verde a la opción del MEDE, siempre y cuando sea sin condicionalidad y sin supervisión, algo a lo que se siguen negando Países Bajos y Austria, que piden algún tipo de interés y de control. A largo plazo, Madrid y París reclaman un plan contundente y unido.

Italia, por su parte, se niega a recurrir al fondo de rescate. Sobre todo por el estigma que este instrumento deja en el país que solicita las ayudas, como ocurrió en el caso de Grecia en 2008. Más aún teniendo en cuenta que la condicionalidad simbólica del MEDE solo existiría, previsiblemente, en los primeros 80.000 millones de euros movilizados (que se repartirían de forma proporcional a la contribución de cada país a la hora de nutrir al fondo). Pasada esa cifra, hasta los aproximadamente 200.000 millones, los intereses, las reformas y el control tendrían que fijarse en un punto consensuado que Países Bajos, Alemania y Austria quieren inflar en menor o mayor medida, pero siempre lejos del simple simbolismo de la primera tanda. También habría memorando y algún tipo de control de estabilidad pasada la cifra de los 80.000 millones.

Tampoco hay consenso a la hora de fijar el límite de estos fondos extra del MEDE, que en un principio no pasarían del 2% del PIB por país, una cifra corta para el sur. Solo la movilización de recursos de Italia (25.000 millones) en la primera semana de la crisis se acerca a esa cifra. También surgen dudas acerca de Sure: el norte quiere definir con claridad cuál será la duración del instrumento propuesto por la Comisión.

La posición española

España ha rebajado sus demandas y, como Francia o Alemania, se acerca a postulados “más realistas y pragmáticos”, con el objetivo de contribuir a “desbloquear la situación”, explican las mismas fuentes. Alemania, “tiene claro que nos encontramos en una situación excepcional que requiere de respuestas excepcionales y su postura es constructiva”, dijo ayer por la tarde Calviño.

En este sentido, recordó, se está trabajando es un instrumento extraordinario que daría liquidez a los estados con una condicionalidad relacionada con el objeto de la respuesta: “Que el presupuesto se destine a la lucha contra el virus”, señaló la vicepresidenta, que recordó que en estos momentos España no necesitaría recurrir al MEDE porque “dispone de condiciones favorables en los mercados”.

La disputa del MEDE

Con permiso de Portugal, Bélgica o Austria, el debate sobre la respuesta europea lo protagonizan cinco países: Alemania, Francia, Italia, España y Países Bajos, que por este orden son los socios que más dinero han desembolsado en el MEDE. En conjunto suman una participación del 82%, si bien el porcentaje holandés (5,6%) queda muy lejos del alemán (27%) o el francés (20%).

Pese a que la participación de los principales países del sur supera a la del norte (49% y 37%, respectivamente) la diferencia a favor no es determinante para decantar la balanza. En el norte se encuentra Alemania, el socio que más ha contribuido. Además, la utilización de este instrumento, como todos los acuerdos de calado del Eurogrupo y el Consejo, debe acordarse por consenso, y no por mayorías.

La propuesta de Bruselas es que los primeros 80.000 millones de los que dispone el MEDE de forma inmediata se repartan de forma proporcional entre los países afectados sin condicionalidad. Luego podrían ampliarse hasta los 200.000 millones, con intereses y control. En la primera fase, España podría recibir hasta 9.500 millones.

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