Tribuna

Las reestructuraciones de deuda antes y después del Covid-19

Las situaciones de dificultad se están resolviendo en su mayor parte mediante financiaciones de emergencia y aplazamientos

Durante los años 2014 a 2019 un número importante de grupos empresariales españoles tuvieron que reestructurar su deuda en una época no especialmente convulsa para nuestra economía. Probablemente ello se produjo porque muchas de estas compañías no habían conseguido acomodar del todo su endeudamiento, dado el elevado nivel de deuda con el que algunas partían cuando estalló la crisis en 2008.

Antes de que el Covid-19 zarandease violentamente nuestras vidas y nuestra economía, todo hacía presagiar que el número de reestructuraciones en España iba a ir en aumento. Aunque la mayor parte de las previsiones económicas apuntaban hacia una desaceleración gradual y ligera de nuestra economía, muchos expertos consideraban que en el año 2020 se iba a producir un ajuste en sectores clave de la economía española (como los de la construcción, automoción o el siderúrgico). Estas opiniones se amparaban principalmente en el complicado contexto internacional derivado de la contracción de la economía de los principales países del entorno europeo (principalmente Francia, Italia y Alemania), la bajada del consumo, la pérdida de dinamismo de las exportaciones, el impacto del Brexit o la guerra comercial entre EE.UU. y China. Además, no faltaban las voces que preveían que un buen número de compañías de distintos sectores podían acabar viéndose obligadas a reestructurar su pasivo al seguir teniendo un nivel de endeudamiento excesivo y estar muy expuestas a los vaivenes de un mercado cada vez más global.

El Covid-19 lo ha cambiado todo y, lamentablemente, el golpe está siendo duro para España porque ha impactado en sectores determinantes para la buena marcha de nuestra economía (el turismo, el comercio, automoción, la hostelería, el transporte y el sector servicios). Ahora bien, el impacto no tiene por qué ser fatal. Los negocios que antes del Covid-19 eran perfectamente viables deberían seguir siéndolo después. Por eso, las situaciones de dificultad que muchas compañías están padeciendo actualmente se están resolviendo, en su mayor parte, mediante financiaciones de emergencia y aplazamientos.

Además, el Gobierno ha adoptado una batería de medidas que suponen un importante balón de oxígeno para aquellas sociedades afectadas por el Covid-19 entre las que se encuentran: (i) medidas para proteger a los órganos de administración frente acciones de responsabilidad por no presentar el concurso voluntario durante el estado de alarma y los dos meses posteriores; (ii) medidas para proteger a las compañías frente a solicitudes de concurso necesario durante el mismo periodo; o (iii) la aprobación de una línea de avales por un importe máximo de 100.000 millones de euros por parte del Estado para garantizar la financiación otorgada por entidades financieras a empresas y autónomos.

No hay duda de que llegará un momento en que el confinamiento termine y con ello, la paralización de la actividad de muchos sectores. Si bien, cuando ello ocurra, la reanudación de la actividad muy probablemente no será inmediata, sino progresiva, como está ocurriendo en China. Por ello, para poder evaluar el impacto real que el Covid-19 ha tenido sobre las empresas, habrá que dejar pasar algo de tiempo. Será en ese momento, y no antes, cuando las compañías afectadas estarán en disposición de evaluar debidamente el verdadero impacto del Covid-19 sobre su cuenta de resultados y tenga sentido que inicien, en su caso, el correspondiente proceso de reestructuración.

En ese contexto, cabe la posibilidad de que el apoyo prestado por los acreedores financieros a las empresas durante el estado de alarma y la batería de medidas adoptadas por el Gobierno hayan sido efectivas y que cuando termine únicamente promuevan procesos de reestructuración aquellas compañías que ya antes del COVID-19 tenían dificultades. No obstante, no puede asegurarse que la recuperación en “V” que la mayoría de expertos predicen vaya a producirse en todas las empresas y sectores. Es posible que, una vez terminada la situación extraordinaria y con independencia de que las ayudas continúen, se produzcan situaciones de dificultad económica en las empresas que hagan necesaria su reestructuración.

Afortunadamente, si lo anterior ocurre, los mimbres con los que contamos hoy son infinitamente mejores que con los que contábamos cuando estalló la crisis de 2008. De un lado, el apalancamiento de las empresas españolas es, en general, muy inferior al que había entonces. De hecho, a finales del año 2019 el volumen de deuda de las compañías españolas se encontraba 4,3 puntos por debajo del promedio de la eurozona. De otro, el sector bancario está mucho más saneado y preparado al haberse deshecho de una parte importante de los denominados activos improductivos. Y, por último, los distintos agentes que operamos en el mercado de las reestructuraciones contamos con el bagaje y experiencia de la crisis de 2008 y con unas herramientas legales con las que no contábamos entonces (como la homologación de acuerdos de refinanciación, un nuevo y mejorado artículo 5 bis, los mecanismos para proteger la financiación otorgada en el marco de los procesos de refinanciación del artículo 71 bis o la Disposición Adicional Cuarta, o las múltiples herramientas que se incorporarán a nuestro ordenamiento cuando se transponga la informalmente conocida como Directiva de Reestructuraciones).

El tiempo dirá, como siempre, pero, ocurra lo que ocurra, estamos sin duda más preparados que nunca para afrontar y superar una crisis de esta naturaleza.

Juan Oñate Socio de Corporate de Pérez-Llorca