Distribución

El Corte Inglés retrasa cualquier decisión sobre un ERTE hasta ajustar su operativa

Empresa y sindicatos aún no han hablado sobre posibles medidas

La Plaza de Felipe II vacía, con un edificio de El Corte Inglés al fondo.
La Plaza de Felipe II vacía, con un edificio de El Corte Inglés al fondo.

Una vez conocidas las intenciones de Inditex respecto a su plantilla de tienda en España, que pasan por aplicar un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) si el estado de alarma se prolonga más allá del 15 de abril, las miradas se dirigen ahora al principal empleador de España con una plantilla total de 90.000 personas: El Corte Inglés.

El grupo que preside Marta Álvarez no ha tomado una decisión sobre su plantilla, a diferencia de otras empresas del sector de la distribución. La variedad de negocios que tiene bajo su paraguas, incluso las diferentes actividades que lleva a cabo en la actividad comercial, hacen que sea un caso único.

Por el momento, la empresa no ha tomado ninguna decisión y parece que tampoco lo hará de forma inminente. Tal y como confirman tres fuentes distintas de su comité de empresa, la dirección de El Corte Inglés no había convocado a fecha del viernes a los representantes de los trabajadores para plantear los distintos escenarios e incógnitas que ha abierto el estado de alerta sobre su negocio.

Desde que este se aplicase, El Corte Inglés ha mantenido abiertos los espacios de venta de alimentación: Hipercor, Supercor y supermercados de los grandes almacenes, así como áreas de parafarmacia y la venta de artículos de higiene personal.

También mantiene, a mucho menor ritmo y en su mayor parte de forma telemática, cierta actividad en su agencia de viajes y en el negocio de servicios a empresas. Pero la actividad comercial no alimenticia, así como los espacios de restauración, cada vez más relevantes en su negocio, están cerrados.

Según explican las fuentes consultadas, El Corte Inglés no tomará ninguna decisión al respecto hasta que termine de ajustar su operativa a la actual coyuntura. Esto se debe a que, por ejemplo, ha tenido que reforzar las áreas de alimentación con personal de otros departamentos de las tiendas; cubrir los puestos de aquellos empleados con factores de riesgo y que han sido enviados a casa; o reforzar la venta telefónica, mientras la mayor parte de los servicios centrales está teletrabajando. También ha tenido que ajustar los horarios de los espacios que puede abrir.

Un encaje de bolillos de personal en toda regla que ahora mismo es la prioridad en la empresa, lo que no quita que desde la misma, de manera interna, se estén estudiando las diferentes posibilidades. Pero ahí también surgen incógnitas. La posibilidad de aplicar un ERTE por fuerza mayor, medida que el Gobierno ha flexibilizado, no sería posible de manera generalizada a nivel de grupo porque no todas sus actividades están restringidas por el real decreto, por lo que tendría que ir filial por filial, incluso descartando dentro de cada una. También tendría que calcular, por ejemplo, un retén para posibles sustituciones.

Todo siempre sujeto a durante cuánto tiempo se prolongará el estado de alarma. En caso de que acabe llegando el ERTE, las peticiones de los sindicatos están claras: complementar la prestación hasta el 100% del salario.

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