A la Fed no le preocupa la economía, sino los mercados

No sería de extrañar que las medidas no convencionales

de política monetaria expansiva continúen por más tiempo

A la Fed no le preocupa la economía, sino los mercados

El banco central de Estados Unidos ha sorprendido anunciando una bajada de medio punto porcentual del tipo de interés. En las últimas décadas apenas ha habido recortes de tipos de emergencia. En 1987, tras la caída bursátil de octubre de aquel año, durante la crisis del sureste asiático de 1998, en el año 2001 y hace 12 años para mitigar la crisis financiera provocada por la desregulación de los bancos de inversión. La razón que la Reserva Federal ha citado para llevar a cabo este último recorte de tipos ha sido el riesgo que el coronavirus genera sobre la evolución de la actividad económica.

Tras la expansión de la enfermedad por la mayoría de los países, y el rápido aumento del número de casos en Italia, Irán o Corea del Sur, ya hay pocas dudas de que se deberán tomar medidas de prevención que afectarán negativamente a la economía. Al igual que las empresas de China se han visto paralizadas tras la puesta en marcha de decisiones que han conseguido frenar la expansión del virus, el resto del mundo acabará por establecer controles y limitaciones que repercutirán negativamente tanto sobre la producción como sobre la demanda.

En la actualidad, mientras que el consenso de las principales entidades que elaboran predicciones sobre el crecimiento del PIB de Estados Unidos en el primer trimestre de 2020 es el 1,4%, el modelo de la Reserva Federal actualizado a 2 de marzo apunta a un crecimiento del 2,7%, lo que indicaría un ritmo algo menor que el de los últimos trimestres, pero es suficientemente alto como para no realizar medidas de política expansiva.

El problema de los modelos de predicción reside en que utilizan datos pasados para calcular su pronóstico, y cuando tiene lugar un evento imprevisto que afecta a la economía se tarda varias semanas en comenzar a tener en cuenta las consecuencias que haya podido tener, y solo se cuantifica el impacto inicial. Por eso es imposible valorar cuánto se está resintiendo la economía americana ahora mismo, y aunque lo supiéramos no podríamos utilizar ese dato para saber cómo evolucionará el impacto del coronavirus en el futuro.

Sin embargo, el desencadenante de esta medida no se encontraría en la economía real, sino en la financiera, que suele adelantarse en sus reacciones. La caída del S&P 500 de más del 10% en los últimos días de febrero es algo que se ha visto pocas veces desde la Gran Depresión. Para poner en contexto la reacción de los mercados, solo ha pasado algo así cuando Alemania invadió Francia en 1940, en el Lunes Negro de 1987, durante el pinchazo de la burbuja tecnológica de hace dos décadas y en la crisis financiera tras la quiebra de Lehman Brothers. La situación económica actual puede ser buena, pero la bursátil es alarmante y por eso la Reserva Federal ha llevado a cabo esta medida.

Si cae la Bolsa, cabe preguntarse dónde está yéndose el dinero, y la respuesta es hacia la deuda pública. Los bonos a diez años de Estados Unidos bajaron el tipo de interés que pagan anualmente por debajo del punto porcentual, la menor cifra en el casi cuarto de siglo de historia del país. Si bien es cierto que la inflación está controlada y los tipos de la Reserva Federal son muy bajos, y eso hace que el Gobierno tenga que pagar menos por su deuda, un tipo de interés tan bajo de los bonos se explicaría por la gran solvencia del Gobierno o por la huida de los inversores hacia activos más seguros, como la deuda pública soberana. Con el elevado nivel de deuda pública, la primera opción puede descartarse.

Volviendo a la medida de la Reserva Federal, parece que el presidente Trump se ha salido con la suya y a su política fiscal expansiva procíclica se añadirá también una política monetaria que intenta incentivar el crecimiento económico, a pesar de que la economía de Estados Unidos crece a muy buen ritmo y el paro está en mínimos históricos. Si bien gracias a estas políticas se evitaría una recesión, se limita la capacidad de respuesta ante crisis futuras ya que el déficit público es elevado y el tipo de interés es ya muy bajo.

Otros países se han sumado a la iniciativa del banco central americano y ya han reducido tipos de interés países como Australia, Arabia Saudí, Baréin y Emiratos Árabes. Japón y la eurozona, con tipos de interés cercanos a cero, no tienen apenas margen para disminuir tipos, pero no sería de extrañar que veamos tipos de interés negativos en los próximos meses. Si no se tomasen medidas, el dólar se depreciaría alrededor del 5% según las últimas previsiones de Nordea, lo que lastraría el crecimiento europeo.

Si bien es innegable la importancia de la noticia, no habría que olvidar que nos encontramos en un contexto de tipos de interés muy bajos y sin restricciones al crédito, los efectos económicos de esta medida no serán significativos ya que nos encontramos en un contexto de trampa de liquidez, donde cualquier variación en los tipos no afecta en gran medida a la demanda de inversión. Más allá del impacto directo sobre la economía, esta decisión debería verse como el reconocimiento de que la situación actual requerirá de acciones de política monetaria para paliar los efectos adversos del desabastecimiento de productos industriales procedentes de China, o un posible aumento de los casos de coronavirus en suelo estadounidense que reduzca el consumo, responsable de alrededor de tres cuartas partes del PIB estadounidense.

No sería de extrañar que las medidas no convencionales de política monetaria expansiva continúen por más tiempo del previsto y su importe se amplíe otra vez más. En esta situación no sería descabellado pensar en que la Bolsa volviera a niveles previos a la última caída mientras que el crecimiento económico continuase descendiendo.

Juan Luis Santos es Profesor en la Universidad CEU San Pablo