Infección

Sin vacuna aún para la economía y las Bolsas

La epidemia sorprende a un mercado sobrevalorado y a una economía sobre la que los bancos centrales han perdido efectividad

Un bróker en el interior de la Bolsa de Nueva York el 27 de febrero
Un bróker en el interior de la Bolsa de Nueva York el 27 de febrero

Inesperado y arrollador. El coronavirus Covid-19 que apareció a finales de 2019 en China ha alcanzado esta semana una dimensión planetaria. Las contundentes medidas adoptadas por el gobierno de Pekín, como la imposición de la cuarentena a millones de personas o la espectacular construcción de un hospital en apenas 10 días, no han evitado la propagación del virus a lo largo y ancho del mundo. La economía china se detuvo durante semanas a causa del virus y, una vez detectado en múltiples rincones del planeta, el gran temor ahora es que la prevención ante su alta capacidad de contagio termine por paralizar la economía mundial. No es el ébola, su tasa de mortalidad está en el 3,5% según los casos registrados en China, pero su aparición ya está provocando el descenso en la actividad industrial, en las ventas empresariales, la revisión a la baja de las previsiones de beneficios de muchas empresas y amenazando con el cierre de fronteras en algunos países de la UE.

En Goldman Sachs apuntaban esta semana a que los beneficios de las empresas del S&P podrían no crecer este año a causa de la extensión del coronavirus. Exagerados o no, los inversores se han anticipado esta semana a esos augurios y el balance de daños deja un resultado demoledor en los mercados. La caída semanal para las Bolsas mundiales ha superado el 10%, la mayor desde el estallido de la crisis, mientras el bono estadounidense ha marcado un nuevo mínimos histórico en su rentabilidad, prueba de la oleada inversora en busca de refugio.

La irrupción de la epidemia en China ya se cobró una primera factura en las Bolsas hace más de un mes y dejó la convicción de que el crecimiento económico del gigante asiático este año sería peor de lo previsto. La impresión generalizada hace unas semanas era que, pese al innegable impacto inicial sobre la economía china, lo siguiente sería una rápida recuperación, similar a lo sucedido en otras ocasiones con epidemias como la del virus SARS en 2003. Pero con el virus ya circulando abiertamente por Europa y Estados Unidos, los inversores han abandonado cualquier complacencia y han puesto de nuevo la posibilidad de una recesión en la ecuación.

“Incluso si se logra contener el virus en unos meses, es probable que el impacto económico adverso persista durante el segundo trimestre. Una recesión global no es nuestro escenario central pero no hay duda de que la incertidumbre ante la propagación global del coronavirus está haciendo más probable ese supuesto”, resume Paul O’Conor, director del equipo Multiactivos de la gestora Janus Henderson. Desde la agencia de rating Standard & Poor’s confían en que el brote del coronavirus pueda haber quedado contenido en el mes de marzo, si bien para entonces ya habrá causado un recorte de tres décimas en el PIB mundial. Calcula una factura de 0,7 puntos sobre el crecimiento de China este año, de 0,5 puntos sobre el de la región de Asia-Pacífico y de entre el 0,1 y el 0,2% para las economías de EE UU y Europa. Mucho más pesimistas son las estimaciones de Bank of America para la zona euro, para la que ha recortado su previsión de crecimiento este año del 1% al 0,6%, dejando sin cambios la de 2021, en el 1,1%. Para España, ha rebajado su estimación de alza del PIB en 2020 del 1,6% al 1,4%, siempre y cuando no se cumpla el escenario más temido, el de una prolongación de la epidemia hasta el verano, lo que dañaría a uno de los pilares de la economía española, el turismo. De hecho, los sectores más castigados hasta el momento, tanto en su negocio como en sus cotizaciones bursátiles, son las aerolíneas y las compañías hoteleras. “No hay que olvidar que la eurozona solo creció el 0,1% en el cuarto trimestre, de modo que un impacto adverso por el virus podría empujar a la economía hacia una recesión en el segundo semestre del año”, afirma O’ Connor.

Didier Saint-Georges, miembro del comité de inversión estratégico de Carmignac, no duda en emplear la metáfora del cisne negro para el coronavirus: un fenómeno inesperado y de gran impacto. “El establecimiento de paralelismos con casos anteriores y el recurso a parámetros considerados normales resulta inútil desde el punto de vista del análisis del riesgo”, añade. Los inversores tienen en el retrovisor las subidas que sucedieron a la declaración de epidemias anteriores, como el SARS o la gripe aviar. Sin embargo, en esta ocasión el escenario es diferente y, frente al entorno de mercado bajista de aquellas ocasiones, los activos financieros acumulan un ciclo alcista de más de una década. “Una diferencia clave es que aquellos brotes se desencadenaron poco después de un mercado bajista importante en las Bolsas (tras la explosión de la burbuja puntocom y después de la crisis financiera mundial). Por el contrario, hoy nos acercamos al final de uno de los mercados alcistas más largos de la historia”, advierte el responsable de gestión de activos para Asia-Pacífico de Fidelity, Paras Anand.

Un mercado del revés

La irrupción del coronavirus ha desmontado los frágiles criterios por los que se lleva moviendo el mercado en el último año y que, según recuerda Barclays, son el miedo a perderse las subidas –a pesar de que las valoraciones en muchos casos se alejen cada vez más de los fundamentales–, la resignación a que no hay otra opción que la renta variable en un entorno de tipos negativos y las compras oportunistas cuando se produce una corrección. “Nuestra posición ahora es neutral, hemos rebajado el riesgo con el que empezamos el año y vamos a esperar antes de comprar”, reconoce Miguel Castells, director de inversiones de la gestora de fondos de Liberbank. Si bien el ritmo frenético de las actuales caídas puede acercar el momento para las compras antes de lo pensado.

Para Paul O’ Conor, de Janus Henderson, aún no es momento de comprar. Su recomendación, mientras se despeja la actual incertidumbre, es dar prioridad a la preservación del capital y a las estrategias defensivas. En Carmignac insisten en “reducir la exposición general al riesgo en todas las clases de activos para moderar los niveles de riesgo” y en “garantizar que los activos de renta variable en cartera se basan en criterios de gran solidez con un horizonte a medio plazo”. En Carmignac no confían en que la crisis del coronavirus vaya a precipitar que las autoridades, incluidas las chinas, recurran a políticas de reactivación económica de gran calado este año, ante lo que mantiene su preferencia por los valores de crecimiento en todo el mundo, incluidos los mercados emergentes. Sin embargo, ante el imprevisible impacto económico que pueda tener la epidemia, los inversores ya han empezado a descontar que entrará en juego el gran comodín que ha salvado a la economía en repetidas ocasiones: la acción de los bancos centrales.

La principal estrategia de los gestores es la prudencia y baja la exposición al riesgo

Hasta el momento, el coronavirus ha demostrado un gran poder destructor de la cadena de producción. Pese a su baja tasa de mortalidad –y aunque su capacidad de contagio sí sea muy rápida–, China ha marcado el camino en su lucha contra el coronavirus, al suspender la actividad en los lugares donde se detectan contagios. “Italia también ha sido muy dura en su respuesta. Y si una empresa se ve obligada a parar por detectar un contagio, puede ser muy gravoso”, añade Castells. En consecuencia, los futuros ya anticipan una rebaja de tipos en EE UU en su próxima reunión de marzo, mientras el BCE y el Banco de Japón, ya al límite de sus herramientas de política monetaria, tendrían mucho menos margen de actuación, a lo que se suma la pérdida de efectividad de sus últimas medidas. “Los inversores también harían bien en ser conscientes de que la debilidad reciente podría durar, sobre todo si ese guion tan manido –el de la ayuda recurrente de los bancos centrales– ha dejado de funcionar”, añaden desde Fidelity.

Pese a todo, y pese a haber rebajado las previsiones de crecimiento a causa del coronavirus, en Bank of America apuestan por sobreponderar los valores cíclicos sobre los defensivos. Ante los mínimos actuales de la deuda estadounidense, observa un potencial del 8% de los valores cíclicos europeos frente a los defensivos en los próximos meses, una vez que la subida de los rendimientos de los bonos de EE UU y un dólar más débil hagan mella en los defensivos. El repunte del bund alemán, ahora cerca de mínimos, también será un revulsivo para la Bolsa española, a la que sobrepondera dentro de una visión neutral para el mercado.

Una vez puesto en precio el escenario más catastrófico, el gran dilema es por tanto si tomar posiciones para anticiparse, también, a la superación de la epidemia. En definitiva, prepararse para lo peor y esperar a que pase el virus.

 

Normas
Entra en El País para participar