El drama del PP: Casado pierde si Feijoó gana

El líder gallego del PP defiende la línea contraria de su jefe nacional: quiere que Ciudadanos se diluya en su derrota y a Vox lo trata como al coronavirus

El drama del PP: Casado
pierde si Feijoó gana

Lo que suceda en las elecciones gallegas del 5 de abril va a tener alcance nacional, ya que su resultado va a ser determinante en el futuro del PP. Si Alberto Núñez Feijóo saca mayoría absoluta, querrá decir que gana su estrategia de distanciarse al máximo de Vox e ignorar a Ciudadanos, justo la apuesta contraria de su jefe, Pablo Casado. Si de las urnas sale un tripartito de PSOE, Podemos-En Marea y BNG, Núñez Feijóo se verá abocado a dejar la política, igual que Alfonso Alonso.

Es duro, pero es así. Las diferencias de estrategias dentro del mismo partido han llevado a que lo que es bueno para Feijóo sea malo para Casado, y viceversa. Ya sabemos que el Domingo de Ramos en el PP habrá al menos un funeral. Si el tripartito entra triunfal en el Palacio de Rajoy, el cadáver político de Feijóo será llorado en procesión de Semana Santa. ¿Y si gana Feijóo? Igual exige a Pablo Casado que envíe al fuego del infierno a Teodoro García Egea y Cayetana Álvarez de Toledo y que resucite a Alfonso Alonso.

Pablo Casado está demostrando tener una gran determinación, ya veremos con qué grado de acierto, para llevar su estrategia adelante. Todo apunta a que da por perdidos los próximos años y que su único objetivo es reintegrar a Ciudadanos y Vox en el PP. Con Ciudadanos está siendo camino de rosas. Primero Albert Rivera les entregó los gobiernos de Andalucía, Madrid, Castilla y León y Murcia, además del ayuntamiento de Madrid. Ahora, Inés Arrimadas, que actúa como caballo de Troya del PP, les va a entregar el partido entero, no se entiende bien a cambio de qué.

Pero con Vox todo es diferente. Éstos están seguros de que profundizando por la derecha pueden llegar a suplantar al PP. Es más, piensan que la vuelco de Ciudadanos hacia la derecha les da la razón. La diferencia entre Ciudadanos y Vox es mera consecuencia de los resultados del 10 de noviembre.

La casualidad ha querido que las primeras elecciones regionales sean en dos comunidades, Galicia y País Vasco, lideradas por personalidades del PP, con más peso político y carisma que el imberbe y valiente Pablo Casado, pero que no se atrevieron a dar el paso de liderar el partido. Dos liderazgos periféricos más centrados políticamente y con más apoyo interno.

La casualidad ha querido además que todo pase mientras Ciudadanos intenta recomponerse. El primer refrendo de Arrimadas va a ser en estas dos comunidades, donde nada tiene y nada entrega en su alianza de papel, puesto que nada iba a conseguir.

Pablo Casado ha cogido la oferta de alianza de Ciudadanos para incomodar a los pocos enemigos internos que le quedan. La pieza de Alfonso Alonso se la ha cobrado antes de hacer la lista y la de Alberto Núñez Feijóo se la puede meter en el zurrón el Domingo de Ramos. No es de extrañar que la gente se asombre con este PP, capaz de sacar bajo palio a Cayetana Álvarez de Toledo y de mandar a galeras a Alfonso Alonso. La noche y el día. “Don Teodoro”, como lo llama Pablo Iglesias, diría que Alonso gusta mucho a los que no nos votan

Núñez Feijóo se mantiene firme como el haya en sus principios y su apuesta es que a la sombra de su PP galleguista de centro-derecha no crece ni Ciudadanos ni Vox. El reto es que eso suceda el 5 de abril, pero las referencias electorales anteriores no tranquilizan, puede pasar de todo.

Las autonómicas de 2016 no vale para nada. Feijóo sacó mayoría absoluta apoyado en sus propios méritos, y con un contexto nacional en el que todos le ayudaban. El Gobierno de Mariano Rajoy no le restaba, lo peor había pasado y ya ponía coto al paro; el PSOE estaba en guerra civil, se desangraba y engordaba a Podemos; Ciudadanos se convertía en cuarta fuerza nacional, pero sin liderazgo y fuerza en Galicia, y Vox no estaba.

Sin embargo, ojo con lo que pasó en las generales del pasado 10 de noviembre. El PP ganó en Pontevedra, Lugo y Orense y el PSOE en Coruña. La diferencia entre los dos partidos fue muy pequeña, menos de 10.000 votos en la región, pero enorme cuando a cada uno le sumas los eventuales socios. El ala de izquierda (PSOE, En Marea y BNG) sumó 65.000 votos más que el ala derecha (PP, Ciudadanos y Vox) en Coruña y 83.000 más en Pontevedra. En estas dos provincias se juegan 47 de los 75 diputados del Parlamento de Galicia. En cambio, en Lugo y Orense, que agregan los otros 28 diputados, el ala de derechas suma más, aunque sea por poco, 2.000 y 6.000 papeletas, respectivamente.

“Cada elección es distinta, ahora los gallegos conocen a Sánchez. Nos llevó a unas elecciones porque no se fiaba de Podemos y a las 48 horas pactó con ellos”, decía ayer Núñez Feijóo en El País. A eso se tiene que agarrar, ya que si los gallegos votan como el 10-N, Feijóo acabaría como Susana Díaz: el más votado, pero sin poder gobernar. Si manda el tripartito (recuerden el desastre de Emilio Pérez Touriño), la carrera de Núñez Feijóo habrá terminado y podrá llamar a Amancio Ortega para que le busque un hueco en el hipódromo, como Susana.

En cambio, si Feijóo reedita la mayoría absoluta, Casado habrá perdido todo sus argumentos. Primero, y menos relevante, habrá quedado demostrado que la pérdida de votos en las pasadas generales fue culpa de Madrid. Segundo, que los votos del PP en Galicia son de Feijóo. Y, tercero, y fundamental, se hará evidente que a Vox y a Ciudadanos hay que darles trato de enemigos, palo y tente tieso.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense