El jefe de Qatar Airways no se anda con chiquitas

A Akbar Al Baker, CEO del grupo que ha elevado su participación en IAG, le apasiona su trabajo... y las polémicas

Akbar Al Baker, CEO de Qatar Airways.
Akbar Al Baker, CEO de Qatar Airways.

Apasionado por su trabajo, no rehúye los conflictos, más bien los busca. Para IAG, sin embargo, su empresa es una garantía de estabilidad. Akbar Al Baker (Doha, Qatar, 1962) es desde 1997 consejero delegado del grupo estatal Qatar Airways, que ha elevado esta semana su participación en IAG del 21,1% al 25,1%.

Para la firma catarí, al igual que sus otras posiciones en aerolíneas, es solo una inversión financiera, no estratégica; pero el incremento es una forma de proteger IAG de la entrada de otros inversores que rebajen el porcentaje de capital europeo de la firma, poniendo en peligro de ese modo sus credenciales de operadora de la UE. El capital catarí no es europeo, obviamente, pero puede salir en caso necesario.

De niño, Al Baker estudió en uno de los 10 internados más prestigiosos de India, la escuela masculina de San Pedro, situada en las colinas de Panchgani, en Maha­rashtra, región conocida por sus internados de élite y sus campos de fresas. Por él pasó también, por ejemplo, Freddie Mercury, el cantante de Queen. Más tarde se trasladó a Bombay y se graduó en la Escuela de Comercio y Económicas de Sydenham, la facultad de comercio más antigua de Asia, en la que se forman importantes dirigentes políticos y empresariales indios.

La India subcontinental es la “región favorita” del directivo, que todavía mantiene un apartamento comprado por sus padres en Bombay, en el barrio rico de Cuffe Parade. Tiene dos hijos con su esposa Samira: Mohammed Akbar y Hussain Akbar, ambos hombres de negocios.

Al Baker fue nombrado consejero delegado de Qatar Airways en 1997. Había trabajado como funcionario en la Dirección de Aviación Civil y la Autoridad de Turismo de Qatar, tenía experiencia empresarial y una licencia de piloto privado.

La aerolínea de bandera catarí la fundó en 1993 la familia real del país, con solo cuatro aviones y rutas regionales. Pero el emir de Qatar, el jeque Hamad –que depuso a su propio padre cuando este estaba de vacaciones en un golpe de Estado sin derramamiento de sangre–, quiso ponerla en órbita internacional y nombró a Al Baker al efecto. Ahora la compañía vuela a más de 160 destinos con dos centenares de naves y emplea a 46.000 personas.

Entre otros proyectos importantes, Al Baker dirigió el desarrollo del aeropuerto internacional de Hamad –en Doha–, que inauguró su primera fase en mayo de 2014 y que ahora es sede de Qatar Airways. Desde 2017 el aeropuerto presta servicios a todos los vuelos de entrada y salida de la capital del país.

También ha pilotado la entrada de la compañía en IAG, la chilena Latam Airlines (10%), la hongkonesa Cathay Pacific (casi el 10%), China Southern Airlines (5%) y Air Italia, que acaba de quebrar, y de la que controlaba casi la mitad del capital. El directivo ha hablado en varias ocasiones de entrar en IndiGo, la principal aerolínea de India. Asimismo, acaba de comprar el 60% de la empresa que desarrolla el nuevo aeropuerto internacional de Ruanda, el Bugesera, así como el 49% de RwandAir, la aerolínea nacional.

Al Baker es secretario general del Consejo Nacional de Turismo de Qatar, y desde 2018 preside del consejo de gobierno de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA).

Polémico

Le llaman “su excelencia” (aunque no le gusta) o “el jefe” y dicen de él que es detallista y apasionado, según un periodista del portal especializado One Mile at a Time, que viajó con él en avión y que contaba que se puso en pijama nada más subir a bordo. Un alto cargo de Qatar Airways decía en ese reportaje que trabajar con él es bastante fácil, porque dice las cosas claras. Claras, pero curiosas: afirmaba que las aerolíneas apoyadas por el Estado, “no como Qatar Airways”, funcionan peor. En torno a una discusión sobre el tema en 2015, Al Baker dijo del CEO de la estadounidense Delta Air Lines –gran rival de IAG en las rutas entre Europa y América del Norte–, Richard Anderson, que era “poco ético, antipatriótico y débil”.

Es, desde luego, propenso a la polémica en los medios, algo poco habitual entre los directivos de empresas de Oriente Próximo. Ha criticado duramente en público tanto a Boeing como a Airbus por retrasos en las entregas de aviones. En 2018, tras su elección como presidente de la IATA, dijo que Qatar Airways debe “ser dirigida por un varón, porque es una posición muy difícil”. Luego se disculpó, diciendo que solo había sido un chiste. Un año antes, había dicho que las aerolíneas estadounidenses eran “basura” y que sus tripulantes de cabina eran “abuelas”, frente a los “26 años” de edad promedio de los de Qatar Airways. También pidió perdón.

Defendió –a su manera– a Donald Trump cuando este habló de prohibir la entrada de musulmanes a Estados Unidos. “Es mi amigo de toda la vida, y creo que lo dice solo para ganar votos de gente extremista”.

También ha dicho que no le gusta el turismo de mochileros como el de su vecino Dubái (Emiratos Árabes Unidos), porque no gastan dinero, y el año pasado acusó entre líneas a Jewel, un edificio con hotel, centro comercial y jardín conectado al aeropuerto Changi de Singapur, de copiar el diseño del aeropuerto de Hamad.

Qatar Airways está sufriendo el bloqueo de Arabia Saudí, Egipto, Baréin y Emiratos Árabes, enfrentados con el Gobierno de Doha, y no puede volar por dichos países. Y como el resto del sector, se enfrenta a las repercusiones de la epidemia del coronavirus de Wuhan.

El incremento de su participación en IAG refrenda el apoyo de Qatar Airways al equipo que ahora dirigirá Luis Gallego, como el propio Al Baker dijo al anunciar la noticia. Por otro lado, su presencia dificulta la entrada de un socio estratégico. El CEO catarí ha demostrado ser un aliado fiel, pero no se andará con chiquitas si tiene que cambiar de idea.

Una figura del sector

Akbar Al Baker dirige también varias filiales de Qatar Airways, como Qatar Duty Free o Qatar Aviation Services, y es consejero no ejecutivo de Heathrow Airport Holdings –que gestiona ese aeródromo de Londres–, así como vicepresidente del consejo de Vodafone Qatar.

En 2015, el entonces presidente de Francia, François Hollande, le condecoró con la Legión de Honor, la distinción más importante del país.