El triunfo de ‘Parásitos’ y el plan coreano para conquistar el mundo

Los cuatro Óscar recibidos por la película se enmarcan dentro de la estrategia cultural, el 'soft power' del país para influir en el planeta

El director Bong Joon-Ho posa con las estatuillas recibidas en los Óscar.
El director Bong Joon-Ho posa con las estatuillas recibidas en los Óscar. REUTERS

Parásitos, la película surcoreana dirigida por Bong Joon-Ho, forma parte ya de la historia de Hollywood, al alzarse con cuatro de los seis premios a los que estaba nominada en la 92ª edición de los Óscar, logrando el de mejor película, dirección, guion y película internacional. Pero el gran logro de esta cinta, a medio camino de drama, comedia y thriller, que narra la historia de una familia pobre que intenta sobrevivir en un ambiente de ricos, es que se convierte en la primera película de habla no inglesa en ganar la preciada estatuilla. Ha roto con el oligopolio del cine estadounidense, un club cerrado en el que pocos forasteros tienen cabida, y mucho menos en una ceremonia con la visibilidad y el impacto de los Óscar. Previamente, Parásitos ya se había llevado la palma de oro en el Festival de Cannes, el BAFTA y el Globo de Oro a la mejor película internacional, entre otros galardones.

Hasta la fecha, la película, con un presupuesto de 11,5 millones de dólares, que ha recibido todo tipo de alabanzas y de críticas favorables por la originalidad del guion, puesta en escena e interpretación de unos actores desconocidos para el gran público, lleva recaudados más de 128 millones de dólares. Pero el éxito de la cinta se enmarca dentro de una estrategia más amplia que una campaña de marketing. Forma parte de un plan cultural iniciado en la década de los noventa para convertir a Corea del Sur en una potencia mundial del entretenimiento, ya sea en música, donde se vive un auténtico fenómeno con el K-pop, ya que es la música más escuchada en el mundo detrás de la estadounidense, cine, arte, arquitectura, juegos, series de televisión, incluso marcan la pauta en la cosmética y en temas de belleza. Es lo que el profesor de Harvard Joseph Nye denomina soft power, la capacidad de influir sin recurrir a la represión o al dinero, solo con la sutileza de la cultura o de las ideas.

En la imagen, dos de los protagonistas, Park So-dam (a la izquierda) y Choi Woo-shik.
En la imagen, dos de los protagonistas, Park So-dam (a la izquierda) y Choi Woo-shik.

Un fenómeno bautizado como hallyu u ola coreana, que hace referencia a la influencia de la cultura del país en el resto del planeta, además de ser un negocio, según fuentes del Ministerio de Cultura, que mueve unos 110.000 millones de dólares al año. En esta idea incide el profesor de Dirección Cinematográfica de Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid, Luis Deltell, quien destaca el acierto de algunos países, en este caso Corea del Sur, para desarrollar una estrategia cultural con la que impactar, y no a través del poder tradicional o con armamento. “La película es prodigiosa, pero esto no se explica como la genialidad de un director, sino que obedece a una inversión global, a una estrategia cultural. Es la actitud, todo lo contrario de lo que pasa en España, que no se invierte y no se apuesta por ese poder suave”, explica el docente. La irrupción de Corea en la meca del cine ha sido a lo grande, “y ahora se apoderará de todo el poder del cine americano”, añade.

Además, la película, apunta Juan Mateo, responsable de EyeKnow Films, sabe conjugar varios elementos para llamar la atención, como es una dosis de suspense con calidad, con un componente social, en el que se pone de manifiesto las desigualdades sociales. Y el triunfo de Parásitos si algo pone de manifiesto, en su opinión, es que hoy día es imposible predecir nada, ni un posible triunfo. “Hoy día gana quien hace las cosas diferentes, y parece que se ha acabado el coto privado de unos señores que dominaban la industria del cine, aunque haya injusticias, como es el caso de El Irlandés, película que la Academia parece que ha querido penalizar por su distribución en Netflix, pero no se dan cuenta que esto es imparable”, prosigue Mateo.

El profesor de Esic y socio de Sinaia Marketing, Paco Lorente, señala que precisamente acaba de analizar este lunes con sus alumnos las claves del éxito de la película. Tres han sido sus conclusiones desde el punto de vista emocional de los consumidores: “Por un lado, la sorpresa al recibir el premio de Cannes fue decisiva para lo que vino después; por otro lado, el componente autóctono, ya que nos descubre unas costumbres ajenas a las nuestras, pero no tan diferentes; y por último, el componente digital, ya que se generó una conversación mundial, a través de un hastag #bongjive, con la que la generación más joven se identificó”.

Normas