Didier Belondrade: “Decir que te gusta el vino blanco parece una debilidad”

Hace 25 años dejó su cargo como directivo de Air France para asentarse en La Seca y crear el mejor vino blanco de Rueda

Didier Belondrade.
Didier Belondrade.

Han pasado 25 años desde que Didier Belondrade (Montauvan, Francia, 1951), que trabajaba como directivo, desde hacía más de tres lustros, de la compañía Air France, se asentó en la localidad vallisoletana de La Seca. Siempre se había sentido atraído por la cultura española, incluso a sus hijos les había puesto un nombre compuesto en francés y en español. Encontró que podía sacar partido de una uva como la verdejo, autóctona de una tierra de severas condiciones climáticas y suelos de cantos rodados. En 1994, decidió comenzar a hacer vino en Nava del Rey, donde asentó la bodega Belondrade y Lurton. En su mente, un sueño: hacer el mejor vino verdejo de España. Costara lo que costara. Y lo ha conseguido: Belondrade es, un cuarto de siglo más tarde, una etiqueta de referencia, comparada a los grandes vinos de Borgoña, ya que, aunque a él no le gusta resaltar este hecho, apostó por reposar el vino blanco en barrica de madera. El otro gran logro lo consiguió en 1997, al estrenarse en el mercado con la añada de 1995, con una buena distribución y disponible en los mejores restaurantes de España, entre ellos elBulli.

Es considerado el bodeguero terrible de Rueda.

Yo no tenía mucho conocimiento de los vinos españoles, sí de los franceses, y cuando probé esta uva me quedé sorprendido por la frescura, por el color amarillo, y decidí apostar por hacer algo diferente, que cautivara a la gente. Porque en eso consiste mi trabajo, en dar placer a quien lo consume. Pero yo no habría podido conseguir nada sin el trabajo del equipo, y en especial de la enóloga Marta Baquerizo, con la que tengo un gran entendimiento profesional y con la que comparto el mismo gusto por los vinos. Sin ella, sin su paciencia y su perseverancia nada de esto sería posible. Hemos logrado hacer un vino elegante y diferente.

¿Qué es lo que le hace diferente?

La tierra, las condiciones climatológicas y el tipo de uva. Todo esto combinado es lo que lo hace un vino distinto. No hemos inventado nada, lo único que hemos hecho es una reinterpretación personal. Los perfumistas crean sus propias fragancias mezclando ingredientes y olores, o los compositores interpretan de una manera personal las obras de la música clásica, y nosotros lo hacemos con el vino. Lo que buscamos es que sean elegantes, frescos, con cuerpo y sobre todo que sean de guarda. Nuestra filosofía y visión de negocio pasa por el respeto al medioambiente, el cuidado del viñedo y la selección de la uva de manera tradicional, pero sobre por tener paciencia.

¿Por qué decidió fijarse en la uva verdejo?

Porque era diferente, no se parecía en nada a las uvas que teníamos en Francia. Para mí no es importante si el vino fermenta en barrica o no, lo relevante es que hacemos un vino blanco. Ahora el mercado pide a los bodegueros que hagan vino blanco, siguiendo las modas, pero yo lo hice por gusto. En Rueda hay más de 80 bodegas y más de 800 marcas registradas, todo el mundo quiere hacer vino para todos. Los que hacen tinto quieren hacer blanco, y los que hacían blanco ahora también hacen tinto. Yo no hago vino por encargo, ni nunca haré vino para otros. No me interesa. Yo intento interpretar cada añada, con métodos franceses, pero adaptados a la uva verdejo. Ahora hay una moda de los vinos blancos, pero lo que tiene que haber son más vinos de calidad, y no seguir las tendencias. En Rueda se ha destrozado la denominación de origen y se ha apostado por un consumo barato, eso mata la imagen de una región. Hacer vino es mucho más caro que hacer cerveza, y por eso no se puede competir con esa bebida. Por desgracia, en España no tenemos mucha cultura de vino blanco. Todavía hay mucha gente que dice que el mejor vino blanco es un tinto. También algunos me han dicho, su vino le encanta a mi mujer. Parece que decir que te gusta el vino blanco es una debilidad, por eso digo que no tenemos mucha historia de vinos blancos. Afortunadamente, a nivel internacional son reconocidos.

¿Qué es lo que ha pretendido aportar a los vinos españoles?

He querido hacer un vino elegante, y eso se encuentra con un buen ensamblaje de varios elementos, como la potencia, la persistencia y el equilibrio. Una mezcla armoniosa en la que ninguna de las tres puede superar a las otras. El secreto está en la tierra, en el viñedo, y para eso hay que apostar por cuidarlo, mimarlo mucho. Hemos querido hacer algo diferente, no lo mismo que el resto. Yo vendo más por la marca que hemos creado que por la variedad de uva o por estar en Rueda. Yo no hago un vino de Rueda, yo hago Belondrade. Lo que hacemos no se ajusta ni por precio ni por el tipo de vino que hacemos a lo que se hace en esta denominación de origen.

¿Por qué el consumo de vino en España, siendo un país productor, es tan bajo, y por qué los jóvenes se resisten a consumir vino?

Los bodegueros lo hemos hecho mal, en este sentido. Lo hemos complicado mucho. Tenemos que hacer vinos más accesibles, sin que por ello disminuyamos la calidad de lo que vendemos. Nosotros, para atender esta inquietud, creamos Belondrade Quinta Apolonia, un vino más asequible, que sigue nuestra filosofía de trabajo y la acerca a un tipo de consumidor más joven y con menos cultura de vinos.

Ahora que ya está asentado, ¿invertirá en otras regiones de España?

De momento, queremos seguir expandiéndonos en el mercado internacional. En este sentido, mi hijo Jean, que se ha incorporado a la bodega, está haciendo un gran trabajo. Hay regiones muy interesantes en España. A mí me gusta mucho, por ejemplo, la zona de Jerez.

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