Brexit: esto es solo el comienzo

El hecho de que se haya firmado un acuerdo entre Londres y Bruselas no significa que se desemboque en un entorno amigable y favorable al mercado

Brexit: esto es solo el comienzo

Más de tres años y medio después del referéndum del Brexit, la salida del Reino Unido de la UE se convierte por fin en una realidad. Sin embargo, esto solo es el comienzo. El evento que debería tener lugar esta semana es un mero trámite. El acuerdo de retirada solo define los términos en los que se producirá el divorcio, evitando las disrupciones más inmediatas que habrían tenido lugar en caso de una salida desordenada, pero dice muy poco sobre el futuro de las relaciones entre el Reino Unido y la UE. La llamada declaración política establece un periodo de transición o implementación del Brexit hasta el final de 2020. En conclusión, las relaciones entre los dos bloques permanecerán sin cambios durante este periodo y el foco se pondrá en las negociaciones de un acuerdo comercial, lo que promete traer sorpresas.

Si la historia nos sirve de guía, creemos que es dudoso que se pueda alcanzar un pacto comercial, ya que un calendario de 11 meses para las conversaciones parece un plan muy ambicioso, máxime si tenemos en cuenta que Boris Johnson ha prometido un acuerdo de excelencia máxima (best-in-class). Además, los principales actores políticos de esta ardua negociación han iniciado una escalada verbal: el líder británico ha proclamado que, bajo ninguna circunstancia, pedirá una prórroga del periodo de transición, mientras que el jefe negociador de la UE, Michel Barnier, ha remarcado que un plazo de un año es insuficiente para estas conversaciones.

Dada la incertidumbre que rodea todo el proceso, hay un riesgo elevado de que no se llegue a ninguna clase de compromiso y que se active la cláusula de salvaguarda para Irlanda del Norte (que haría que este territorio permaneciera dentro de la unión aduanera de la UE). A día de hoy, el escenario que vemos como más posible es el de un Brexit duro o una salida incluso más agresiva, prácticamente un no acuerdo, incluyendo la puesta en marcha de la mencionada salvaguarda norirlandesa. De hecho, a la opción de un Brexit suave solo le otorgamos en estos momentos un 10% de probabilidades.

Es importante comprender que el hecho de que se firme un acuerdo no significa necesariamente que se desemboque en un entorno amigable y favorable para el mercado. Si bien es cierto que este pacto podría reducir las incertidumbres en algunos aspectos, también encierra el potencial de causar importantes trastornos. El plan de Johnson contempla el libre comercio de mercancías y productos agrarios, asuntos de seguridad, de educación… pero no dice nada respecto al sector servicios. Este es un tema capital y particularmente sensible, dada la importancia que tiene para la industria financiera del Reino Unido poder acceder al mercado europeo. Confiar exclusivamente en los principios básicos de la UE de equivalencia no será suficiente para evitar nuevas reubicaciones de puestos de trabajo en el sector financiero desde las islas británicas hacia la Europa continental.

Si se cumple alguno de los resultados que consideramos ahora como más probables, el Brexit inevitablemente hará mella en la economía del Reino Unido, sea a comienzos de 2021 o sea más tarde. Estimamos un crecimiento del 0,7% en 2020 y del 0,3% al año siguiente, en contraste con nuestra proyección del 1,3% para el ejercicio que acaba de terminar.

El mercado empieza a ser consciente de la situación, lo hemos visto en la cotización de la libra. Tras el resultado de las elecciones del pasado 12 de diciembre, en las que los laboristas fracasaron al no posicionarse con mayor convicción en contra del Brexit o al menos para reconducirlo en otra dirección, la moneda británica se fortaleció rápidamente. Una vez que la euforia empieza a disiparse y los inversores comienzan a comprender que el Brexit está muy lejos de haberse completado, la divisa ha entrado en un periodo de volatilidad. La libra tendrá margen para mejorar de nuevo una vez que se libere de las cadenas de la saga Brexit y haya digerido el impacto económico originado por este proceso.

Dadas esas expectativas, asumimos que el Banco de Inglaterra tendrá que recortar tipos en algún momento. Sin embargo, somos escépticos ante el cambio de sentimiento que se ha producido en los mercados, donde se da por hecho que la autoridad monetaria recortará los tipos en la reunión del próximo jueves. Hay que tener en cuenta que el banco central está solo a 25 puntos básicos de la frontera psicológica del 0,5%. Ni siquiera durante la gran crisis financiera ni en los posteriores años de estancamiento cruzó el Banco de Inglaterra esa barrera. Si la entidad baja ahora hasta ese nivel, ¿qué munición le quedará disponible si la economía empeora? El banco tendría que recurrir a reactivar de nuevo la expansión cuantitativa, o bien traspasar el citado umbral del 0,5%, lo que enviaría a los mercados financieros una señal alarmante del estado en que se encuentra el Reino Unido.

Vemos factible que el Banco de Inglaterra prefiera esperar durante un tiempo y ver si la presión sobre el sentimiento económico mejora de aquí a la reunión de marzo. En definitiva, si la entidad quiere conservar algo en su arsenal, dado que la economía parece estar al borde de una contracción, la rebaja del precio del dinero tendría que llegar más adelante.

Mientras, continúan las negociaciones del marco comercial entre Reino Unido y la UE. Si las dos partes están de acuerdo, el proceso puede prorrogarse por un año más, si bien la fecha límite para decidirlo es el próximo 1 de julio. Incluso si después de ese aplazamiento no hay acuerdo, se podría alcanzar un compromiso para continuar la negociación.

Aunque no hay un camino obvio para algo así, la necesidad hace virtud y puede azuzar la inventiva si tanto la Unión Europea como el Reino Unido quieren evitar un Brexit que se limite simplemente a un divorcio.

David Alexander Meier es economista de Julius Baer