Los inversores de GM ven más clara la burbuja del coche autónomo

Para que el entorno sea propicio a su masificación faltan años, y no hay un modelo financiero que lo describa bien

Origin, el vehículo autónomo de Honda y General Motors.
Origin, el vehículo autónomo de Honda y General Motors.

El resurgir de Tesla es ya tan total que incluso obtiene crédito por los logros de otros. Es una forma de leer los movimientos en Bolsa del miércoles. Las acciones de General Motors apenas se movieron después de presentar su prototipo de robotaxi autónomo, pero Tesla llegó a subir un 8%, y su capitalización se ha triplicado en ocho meses.

Hay muchas cosas que gustan de los vehículos autónomos. Una vez sean completamente funcionales y se desplieguen a escala, deberían reducir significativamente tanto accidentes como atascos, mientras que al ser eléctricos reducirán las emisiones. El exsegundo de GM y CEO de la división Cruise, Dan Ammann, reiteró esos beneficios al presentar Origin. Dijo que su uso podría ahorrar al hogar promedio de San Francisco 5.000 dólares al año.

La adopción masiva también promete ser fuente de dinero para fabricantes y operadores. Imaginen, por ejemplo, que los robotaxis pudieran desplazar un mero 1% de los 5 billones de kilómetros recorridos en EE UU cada año y cobrar 1,6 dólares por kilómetro –en lugar de los 4 o más que cobran los taxistas humanos– con un coste total de 1,3 dólares/km. Eso produciría unos 6.400 millones de ebit anual con un margen del 20%, que es el doble de lo que mueve GM en EE UU.

Reduciendo los gastos para cobrar menos de 96 centavos el kilómetro, el promedio que pagan los dueños de coches, el resultado final de la industria de la autoconducción podría alcanzar los cientos de miles de millones. Tesla promete poner en la carretera este año un millón de coches con la capacidad potencial de autoconducirse. La idea es que una vez lo permitan el software y la regulación, los dueños los alquilarían cuando no los usaran y pagarían una parte a Tesla. Pero para llegar a esa etapa hace falta que todo tipo de reguladores se suban a bordo, que las aseguradoras conciban una cobertura adecuada y que los clientes se sientan cómodos cediendo el control a un conjunto de sensores y un ordenador. Para eso todavía parecen quedar años, y no hay un modelo financiero que lo describa bien. Los accionistas de GM parecen entenderlo mejor que los de Tesla.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías