Renta variable y protección para un feliz año 2020

Aunque 2019 ha sido muy positivo, es importante que el inversor no se fije solo en la rentabilidad de un año y analizar las decisiones en contexto

Renta variable y protección para un feliz año 2020

El año 2019 ha sido un año muy bueno en los mercados, hacía tiempo que no se veían estas rentabilidades y han subido la inmensa mayoría de los activos financieros. Y, aunque es muy buena noticia empezar el año con esta alegría, es importante que el inversor no se fije solo en la rentabilidad de un año y poner las cosas en contexto. Llevamos tres años muy pendulares, un 2017 muy bueno para casi todos los activos, un 2018 malo para todos los activos y un 2019 muy positivo. Lo que nos recuerda que la rentabilidad hay que hacerla pasito a pasito, con consistencia.

Así, nos encontramos en el extremo casi opuesto al de doce meses atrás. Entonces, las sensaciones eran muy negativas, se hablaba sobre una inminente recesión y el precio de los activos reflejaba estas malas expectativas después de un último trimestre devastador. Nos pareció una buena oportunidad para comprar a buenos precios y, por eso, comenzamos 2019 con una clara sobreponderación en renta variable. Teníamos malas noticias, pero buenos precios.

Un año después parece que todo está bien y que el horizonte se encuentra despejado para otro buen año en los mercados financieros. Casi descartado el Brexit sin acuerdo, con la guerra comercial progresando hacia la fase dos, un impeachment que no va a prosperar, unas nuevas elecciones que probablemente ganará Trump y, todo ello, apuntalando una inminente recuperación del crecimiento económico. Y si algo se tuerce, ahí tenemos a los bancos centrales o los tuits de Trump para reparar los daños. Las expectativas son elevadas y así están reflejadas en el precio de los activos. En este contexto de mayor apetito por el riesgo, hemos ido reduciendo gradualmente nuestra exposición a renta variable hasta terreno neutral.

Las alternativas de inversión siguen siendo escasas, pues, con los tipos de interés donde están, invertir en renta fija a medio y largo plazo va a ser poco rentable. Seguimos observando algo de valor en nichos como el de AT1 (Capital adicional de nivel 1, conocidos como CoCos, siglas en inglés) de los bancos, aunque también se está cerrando la oportunidad. La liquidez te penaliza o a lo sumo te ofrece rentabilidad cero. Un año más, es difícil pensar que el 2020 pueda ser un buen año para la renta fija. Los niveles de partida son tremendamente bajos y venimos de un 2019 récord, en el que los índices de renta fija han obtenido retornos de doble dígito en prácticamente todas las categorías de activos. Los tipos de interés de corto plazo están muy anclados, tanto en Europa como en Estados Unidos, debido a las políticas monetarias de los bancos centrales, pero si se produce una mejora macroeconómica (aún está por ver) podríamos tener repuntes en los tipos de interés de medio-largo plazo, lo que nos lleva a seguir manteniendo posiciones con duraciones cortas.

En crédito, los spreads de los bonos de alto rendimiento y de los bonos con grado de inversión están en niveles de media histórica y podrían seguir comprimiéndose, aunque el camino es ya muy limitado.

Es en la renta variable donde creemos que va a estar el motor de la rentabilidad futura de nuestras carteras. Es algo así como el activo por defecto para el largo plazo. Sin embargo, creemos que a corto plazo hay que estar algo más cautos después de las fuertes subidas de los últimos meses. Decía el Howard Marks, cofundador de Oaktree Capital Management, que el mayor riesgo es la creencia generalizada de que no existe riesgo.

No sabemos si estamos en ese punto todavía, pero, al menos en la Bolsa de Estados Unidos observamos cierta alegría en las cotizaciones y niveles de sobrecompra elevados. El S&P 500 se encuentra cotizando a niveles de P/E Forward cercanos a 19 veces, lo que supone pagar por los beneficios estadounidenses más que su media histórica (niveles de 16) con muchas empresas cotizando a múltiplos aún más altos.

Cuando el sentimiento de mercado es muy negativo, si lo lees de manera contraria puedes encontrar muy buenas oportunidades. Y al revés, cuando hay demasiado optimismo, nos parece un buen momento para comprar una protección que, dada la baja volatilidad, es barata.

Por eso, además de reconducir los niveles de riesgo de nuestros fondos a niveles de neutralidad, hemos implementado en los mismos unas coberturas sobre el S&P 500 con vencimiento septiembre 2020. Esta cobertura, mediante opciones, permitiría cubrir caídas entre los puntos 3.050 y 2.550, es decir, para el tramo de caída que supere el 6% y hasta un límite del 22%.

Peter Lynch decía que cuando se trata de los mercados financieros, “el órgano más importante es el estómago”, no el cerebro, porque es el estómago el que tiene que aguantar todas esas malas noticias que recibimos cada día. Siempre va a haber algo que nos preocupe y que puede afectar a nuestras decisiones de inversión. Por eso, nos gusta mantener la estabilidad emocional cuando se refiere a los mercados: ni dejarnos llevar por el optimismo cuando todo parece ir bien, ni por el pesimismo cuando llegan momentos más difíciles. Hay que invertir con la cabeza, porque el estómago te puede jugar malas pasadas.

Ángel Olea es Director de inversiones de Abante