Una política muy rentable contra el cambio climático

Ha obtenido grandes réditos en la gestión de sus competencias sobre energía y medio ambiente, que tanto ansiaba controlar Pablo Iglesias

Teresa Ribera, nueva vicepresidenta de Transición Ecológica.
Teresa Ribera, nueva vicepresidenta de Transición Ecológica.

Que Teresa Ribera (Madrid, 1969) era una de las ministras de máxima confianza de Pedro Sánchez, es algo que se palpaba. No solo por la lealtad que en su batalla contra el golpe de mano que Sánchez sufrió dentro de su propio partido, le demostró Ribera en esas sus horas más bajas (la resiliencia de Sánchez se ha demostrado solo con el tiempo), sino porque ha sabido gestionar y rentabilizar la que ha sido una de las banderas del Gobierno surgido en junio de 2018 de la moción de censura a Mariano Rajoy: el medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. Licenciada en Derecho y diplomada en Derecho Constitucional y Ciencia Políticas, la nueva vicepresidenta del Gobierno de coalición, supo bandearse bien con las competencias sobre energía (un área hostil frente al más amable campo de la ecología) que le tocaron en suerte. Un mix, el de la energía y el medio ambiente, que ningún Ejecutivo anterior supo ver y que ha resultado parte del éxito.

En la minilegislatura socialista de apenas ocho meses, su ministerio aceleró importantes medidas que dejaron en evidencia la inacción de su antecesor en la cartera de Energía, Álvaro Nadal. A través de varios reales-decretos su departamento impulsó un nuevo bono social de la tarifa eléctrica; eliminó el impuesto al sol; adoptó medidas contra el alza del precio de la luz y otras de protección del consumidor; eliminó el céntimo verde al gas; renovó las ayudas al cierre a las minas de carbón y la potestad legislativa que la UE reconoce a la CNMC y que los Gobiernos del PP le hurtaron (el organismo aplicó de inmediato sus competencias con 14 circulares con las que ha intentado acabar con la retribución de las redes eléctricas y del gas).

En el ámbito ecológico, tiene en su haber una propuesta de Ley de Cambio Climático (su trámite se tuvo que aparcar) y un Plan de Energía y Clima (PNIEC) remitido a Bruselas. Una de las medallas más valiosas (amén de su papel en la Cumbre del Clima de Madrid) fue el acuerdo que personalmente impulsó entre las grandes eléctricas (Endesa, Iberdrola y Naturgy) para el cierre ordenado del parque nuclear y les ha abierto la puerta para que puedan cerrar las centrales de carbón. Ya en funciones, logró el apoyo de la oposición para sacar adelante una nueva tasa de retribución de las renovables y ha aprobado una subida de la tasa nuclear de casi el 20%.

Su designación sorpresa como vicepresidenta se atribuye al intento de Sánchez de contrarrestar el poder de Pablo Iglesias, a quien, tras el empecinamiento de Unidas Podemos (UP) de hacerse con la cartera de Transición Ecológica se le ha dado la Agenda 2030 de objetivos de descarbonización (ODS), hasta un “órgano de estudio e impulso” dependiente de Presidencia. Aunque no tiene mucho contenido, las dudas sobre las ingerencias del vicepresidente Iglesia sobre Teresa Ribera o el que esta pudiera tener algún tipo de dependencia sobre el líder de UP ha llevado a Sánchez a hacer una finta dando a Ribera una cuarta vicepresidencia.

 

El reto de la despoblación

La vicepresidenta de Transición Ecológica lo será también de Reto Demográfico. Se le traspasa así el Alto Comisionado sobre esta cuestión que dependía de Política Territorial. Un compromiso de Pedro Sánchez con los movimientos sociales o políticos contra la despoblación, como Teruel Existe.

Aunque podía haber pasado a otro ministerio (Agricultura o Industria), se consideró que el de Teresa Ribera era el idóneo porque ligaba con sus medidas ya en marcha sobre transición justa.

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