Xandra Falcó: “Hay que pagar a los artesanos lo que se merecen”

Tras 15 años al frente de la empresa familiar, ha dejado la dirección para dedicarse a sus propios proyectos y al Círculo Fortuny

Falcó

Rescatar el valor de la artesanía es la última obsesión de Xandra Falcó (Madrid, 1967) . Una empresa que defiende desde la comisión ejecutiva de Círculo Fortuny, donde ahora está enfrascada en la realización de un nuevo plan estratégico para la asociación. La ejecutiva, que recibe a Cinco Días en el hotel Heritage –miembro de la asociación–, tras 15 años como directora dejó Pagos de Familia Marqués de Griñón, la empresa de su padre, Carlos Falcó, para iniciar sus propios proyectos, aún por definir, pero que, según deja entrever, también guardarán relación con la gastronomía y la alta gama.

¿Cuál es el papel de una asociación como Círculo Fortuny?

Somos una agrupación de 60 marcas de todas las áreas, desde el cuero, como Loewe, a la cosmética, como Natura Bissé. También tenemos instituciones culturales, como el Museo del Prado o el Liceo de Barcelona. Todos mantenemos los mismos valores en cuanto al deseo de preservar la cultura y el saber hacer que hay en España. Nuestro papel es aunar el sector del lujo para darle visibilidad, tanto dentro como internacionalmente. Ahora hemos conseguido que la RAE añada una nueva definición de lujo porque aquí, en los países latinos en general, la alta gama estaba mal vista, era algo ostentoso o excesivo, pero el lujo también es el saber hacer y la excelencia.

¿Por qué es importante que las instituciones culturales estén también en la asociación?

Son fundamentales. Parecía que estábamos como en una torre de cristal y que éramos elitistas, pero no es así. Mucha gente puede celebrar el lujo en una ocasión determinada, en un momento de celebración. El Museo del Prado nos recibió con los brazos abiertos porque compartían la misma visión, no se querían quedar en la sensación de que era una institución exclusiva para los aficionados al arte, sino que se querían abrir a todo el mundo. La cultura y la creatividad son parte de todos, el que las aprecia lo hace en todos los sectores. Son consumidores que saben valorar lo que hay detrás de cada uno de los productos: va a apreciar la gastronomía, una joya, la moda de alta calidad o un museo.

¿Cómo convive esta cercanía con el principio de exclusividad?

Es para algunas ocasiones. En función del poder adquisitivo de cada uno, tendrá acceso al lujo todos los días u ocasionalmente, pero mucha gente tiene derecho a un lujo de vez en cuando, ya sea una cena para dos, un viaje, una botella de vino,... La gastronomía en España, por ejemplo, es bastante accesible. Los mejores aceites están por debajo de 20 euros la botella; evidentemente no es un aceite para todos los días, pero si quieres hacer una celebración o un regalo, solo tienes que gastarte 20 euros.

Es la alta gama la que da imagen de marca y de país

¿Se tiene el mismo concepto del lujo ahora que hace 20 años?

Yo creo que sí, lo que estamos intentando cambiar es de que no haya esa concepción negativa del lujo. Todo el lujo que tratamos está hecho en España porque la autenticidad es fundamental. El problema está en que muchos de estos artesanos están desapareciendo. Estos productos son más caros, pero vale la pena conservarlos porque son la esencia de lo que somos, así que debemos apoyarlo y fomentarlo. Muchos de los miembros de Círculo Fortuny nos hablan de lo difícil que es encontrar la siguiente generación de artesanos en todos los ámbitos. Yo creo que eso es una pena, hay que poner en valor los oficios y pagar lo que se merecen porque son muchas horas de dedicación de gente que lleva años para convertirse en maestros.

¿Cómo trabajan la continuidad en la artesanía desde Círculo Fortuny?

Eso es precisamente en lo que estamos trabajando ahora. Algunas de las marcas de la asociación, como Tous o Loewe, ya tienen talleres y dedican mucho tiempo a la formación de artesanos. Acaba de llegar a España la Fundación Michelangelo, que busca poner en valor el trabajo artesano. Van a hacer un listado detallado de los oficios artesanos y de las personas que están detrás de ellos con el objetivo de darles visibilidad. Todo esto ha estado muy denostado durante mucho tiempo. Parecía que lo más importante era la relación calidad precio, que es un mercado que tiene que estar, pero también debe haber alta gama y excelencia porque es la que da imagen de marca y de país.

¿Se siente más cómoda en el mundo del vino o del aceite?

La verdad es que me siento muy cómoda en las dos cosas. El aceite lo hice muy mío porque prácticamente nací con el proyecto al empezar a trabajar con mi padre, pero el vino me encanta. El vino tiene una cosa que no tiene el aceite, el paso del tiempo. No es una foto fija, sino que una botella te va a dar una cosa hoy, pero dará otra muy distinta dentro de tres o de veinte. Eso, que evolucione contigo, me parece mágico. Me gusta mucho el campo y me parece maravilloso que se parte de algo tan rural como un viñedo, se hace con las manos, y puedes llevarlo a los lugares más sofisticados del mundo. Sigo muy ligada al vino, de hecho, todavía formo parte de una asociación internacional de 50 mujeres en el mundo del vino desde todos los sectores.

¿Por qué es necesaria una asociación así?

Al final como en todo; la mayor parte de los productores de vino son hombres, aunque en mi generación han entrado cada vez más las mujeres. Así que se decidió hacer un grupo pequeño de mujeres influyentes en el mundo del vino. Hablo de bodegueras, pero también de mujeres como la compradora de vinos de Costco en Estados Unidos, la crítica de vinos del Financial Times, Jancis Robinson,... El club se llama Magnum, así que lo que hacemos es reunirnos dos veces al año y llevar cada una botella de ese tamaño. Es una conversación para estar al día, para ver qué se cuece en el sector.

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