Revisar la política monetaria e impulsar reformas estructurales

Las líneas generales que anunció Christine Lagarde dibujan un horizonte más despejado, pero habrá que esperar a conocer la estrategia concreta para implementarlas

El mercado recibió ayer con optimismo, especialmente en el caso de la banca, el discurso pronunciado por Christine Lagarde tras su primera reunión de gobierno como presidenta del Banco Central Europeo. La propia Lagarde se encargó de anunciar al principio de su intervención que sus palabras supondrían un cambio, especialmente en el tono, que fue menos técnico, respecto a sus predecesores. “Voy a ser diferente”, advirtió en una comparecencia en la que no desveló medidas concretas de política monetaria, pero sí desgranó el programa de gobierno que quiere seguir durante su mandato y algunas de las primeras decisiones que llevará a cabo. En un discurso pausado y claro, la nueva presidenta del BCE explicó que la desaceleración económica en Europa ha entrado en una fase de “cierta estabilización”, destacó un ligero repunte en la inflación y señaló que el horizonte de riesgos ofrece un perfil “menos pronunciado”.

Pese a ratificar que los tipos de interés se mantendrán estables, o incluso por debajo del nivel actual, mientras las perspectivas de inflación no se acerquen al 2%, Lagarde adelantó que el BCE emprenderá el próximo año una "amplia revisión" de su mandato estratégico, que se ha mantenido invariable durante los últimos 16 años y que obliga a sostener la inflación próxima aunque por debajo del 2%. Un análisis para el que el supervisor pedirá la colaboración de expertos académicos y de la sociedad civil, que debería estar finalizado antes de terminar 2020 y que en ningún caso pondrá en cuestión medidas ya aprobadas, como el paquete de estímulos aprobado por Mario Draghi en septiembre. También mostró su preocupación, y lo hizo de una forma más explícita que Draghi, respecto a los efectos adversos y las distorsiones que producen en la economía los tipos negativos, entre ellos un estrechamiento de los márgenes habituales del negocio bancario.

Pese a que las líneas generales del programa que desveló Christine Lagarde dibujan un horizonte menos plomizo y más despejado, habrá que esperar a conocer qué estrategia concreta sale de la revisión del mandato del supervisor y cuáles serán los instrumentos que Fráncfort empleará para implementarla. En cualquier caso, y como recordó ayer la presidenta francesa con el mismo firmeza que su predecesor italiano, la política monetaria no puede hacerlo todo, sino que debe ir acompañada de reformas estructurales por parte de los Gobiernos de la eurozona, un asignatura que lleva demasiado tiempo pendiente y que no debe retrasarse más.