Blanca Entrecanales: “Greta es necesaria, agita conciencias”

Hija del fundador de Acciona, dirige una finca agrícola y ganadera que fundó en 2011 en Toledo

Blanca Entrecanales, en la tienda que acaba de inaugurar en el Mercado de la Paz de Madrid.
Blanca Entrecanales, en la tienda que acaba de inaugurar en el Mercado de la Paz de Madrid.

Tiene que llover. Es el lamento habitual de la gente del campo. Y Blanca Entrecanales, madrileña, de 57 años, hija de José María Entrecanales, fundador de Acciona, es lo primero que suelta nada más comenzar la conversación. Forma parte de este colectivo desde 2011, cuando decidió cambiar el asfalto por la vida en una granja, que comenzó cuando compró una finca de 240 hectáreas, a las que añadió alguna más, y a la que bautizó como Dehesa el Milagro.

Licenciada en Derecho, inició el proyecto siguiendo el dictado del movimiento slow y de la agricultura regenerativa, promovida por el australiano Darren Doherty, y se ha convertido en un ejemplo de negocio empresarial sostenible. Esto significa que en su vocabulario no entran palabras como pesticidas, abonos, plaguicidas o fertilizantes que no sean aquellos que hacen que la tierra se fertilice de manera natural. Su ganadería está compuesta por 68 vacas, 48 bueyes y 106 terneros. Sacrifica unos 500 pollos al mes, y para la temporada de Navidad tiene preparados 1.100 capones, que viven en un vergel de frutales, plantado siguiendo las curvas de nivel del terreno con el fin de optimizar la filtración del agua. Son detalles que marcan la diferencia, como cuando asegura que el campo está triste por la falta de lluvia y que por esto los animales no disponen de suficiente pasto para alimentarse. En su caso, combina el forraje de sus cultivos con un pienso de elaboración propia, con el fin de ser autosostenibles y conseguir una carne tierna y sabrosa. De todo ello, de la calidad del capón de este año o del funcionamiento del obrador, habla frente a la primera tienda propia (cuenta con otros cinco puntos de venta en El Corte Inglés) que ha abierto en el madrileño Mercado de la Paz.

Ha marcado tendencia.

Antes era más pionera. Ahora, sobre todo en los últimos meses, hay una gran preo­cupación, y lo vamos a ver en Madrid estos días cuando se celebre la cumbre del clima; el movimiento de Greta Thunberg ha sido decisivo, es algo emblemático y necesario para hablar de este tema. Es paradigmático que una joven con su lucha haya hecho que se hable del futuro de una generación. Estamos obsesionados con el cambio climático, aunque a mí me empezó antes la fiebre.

¿Greta ha agitado conciencias?

Los jóvenes se preocupan cada vez más por la salud, por el medio ambiente… Se ha maltratado el planeta, y se sigue maltratando porque, desgraciadamente, todavía hay demasiados intereses entre los países. Lo difícil es cómo va a llegar toda esta concienciación a un continente como África, cuya mayor preocupación es comer para subsistir. No es lo mismo que en nuestra sociedad, que tiene las necesidades cubiertas. Es de máxima importancia abordar el cambio climático.

¿Qué les diría a los negacionistas?

Me apunté a un curso online sobre el tema y comprobé que el 99% de la comunidad científica internacional afirma que el ­cambio climático se debe a nuestra forma de ­actuar. Es la humanidad la causante de este desastre.

¿Cómo colabora usted desde el campo a paliar el desastre?

Volviendo a los orígenes, a no dañar el suelo. No se puede utilizar a mansalva fertilizantes o abonos, que van a la planta y se cargan la vida que hay en el suelo. Es necesario cuidar los microorganismos de la tierra. Hacemos una ganadería rotacional para no esquilmar el suelo y que las raíces profundicen. Tiene que haber vida en el suelo.

Un estudio de la ONU ha alertado sobre la necesidad de reducir el consumo de carne para frenar las emisiones de gases y su impacto en el calentamiento global.

Creo que la ganadería bien gestionada es buena para el planeta y para la sociedad. La proteína animal es buena, y si hay que tomar carne, que sea de la que proceda de un animal criado en un entorno que beneficie el suelo. Es un problema que tenemos con la España vaciada, que no se trabaja el campo. La ganadería tiene que volver a llenar el campo.

¿Cómo es el agricultor del siglo XXI?

La gente está volviendo al campo a cultivar como se hacía antes, aunque con los cambios de ahora. Es una agricultura sin químicos, aunque la tecnología es importante. Recientemente he conocido a un psicólogo que ha decidido dedicarse a producir mangos en Málaga. Hay una necesidad de comer sano. El agricultor ahora se preocupa por llegar al cliente final, que cada vez es más exigente, y por eso hay que mimar el producto.

¿Se imaginó que sería una referencia?

No me lo imaginé nunca. Me dediqué a ser granjera, a hacer las cosas según lo que yo creía que era lo mejor. Pero creo que soy más empresaria. Esa fiebre empresarial me viene por familia. Mi padre siempre decía que más importante que tener recursos es tener una idea. Y en esto sigo, queriendo dar voz a horticultores ecológicos que lo están haciendo muy bien.

Hay una gran defensa del producto de temporada.

Es importante, pero si quieres ganar dinero tienes que vender de todo. Hay tomates magníficos de octubre a abril de invernadero en Almería. Me gusta llegar al fondo de las cosas, y quiero que esta empresa sea rentable. Ahora quiero abrir un matadero propio, porque no los hay ecológicos. Cuando abres camino en todo, los procesos son lentos. Ser ecológico es complejo, ya que se tarda en obtener certificaciones. Y el objetivo es abrir más tiendas, hacer una gran marca y apostar por el origen de los productos.

¿Le da consejos su hermano José Manuel?

Me da sobre todo consejos en eficiencia energética, ya que las renovables son necesarias para la agricultura.

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