Renta fija

La banca dispara un 21% sus emisiones en 2019 por la presión regulatoria y los tipos cero

El sector compensa la caída del 20% de las colocaciones corporativas

Deuda emitida Pulsar para ampliar el gráfico

La oleada de emisiones bancarias en España registradas al término de la tercera temporada de resultados sirve para corroborar la tendencia imperante en 2019. En los últimos 11 meses ha sido el sector financiero, con los bancos a la cabeza, el que más protagonismo ha acaparado en el mercado de capitales. A falta de un mes para el cierre del ejercicio y ante la incertidumbre que impera en las últimas jornadas con la guerra comercial como principal amenaza, los emisores dan por cerrado el ejercicio y ponen la mirada en 2020. Eso sí, el año ha sido muy fructífero para la banca. Según datos de Dealogic, entidades y aseguradoras españolas han colocado 44.115 millones, un 21% más que en 2018. A pesar de este ascenso sigue siendo 2017 el año récord, con 49.510 millones.

El tirón experimentado por las emisiones financieras compensa la caída del 19,7% registrada en el segmento corporativo (15.917 millones). Entre entidades, aseguradoras y empresas, en España se han vendido bonos por importe de 60.031 millones, un 9,7% más que en 2018.

La principal razón que explica el buen comportamiento del sector bancario no son las necesidades de captar liquidez, pues como bien apuntan fuentes de mercado, el crecimiento económico no acompaña como tampoco lo hace la concesión de créditos por parte de la banca. Además, en un entorno en el que el BCE no ha parado de inyectar dinero al sistema, los bancos disponen de las subastas TLTRO-II para obtener los recursos que necesitan a precios inferiores a los que imperan en el mercado de capitales.

Han sido los requisitos regulatorios los que han jugado un papel clave. La presión que vive la banca para cumplir con la normativa que exige a cada entidad un volumen mínimo de instrumentos susceptibles de absorber pérdidas en caso de resolución (MREL, por sus siglas en inglés) explica la avalancha de emisiones. “El problema es que no son solo los reguladores los que ejercen presión a las entidades, sino los propios inversores que comparan unas entidades con otras y esto hace que los bancos se tengan que poner las pilas si no quieren pagar más por vender deuda”, explican fuentes del mercado.

El tercer ingrediente que ha contribuido a la ebullición ha sido el buen comportamiento del mercado de crédito en 2019, que ha permitido estrechar los diferenciales. “El año comenzó con unos spreads muy amplios que han ido reduciéndose al calor de la caída de las rentabilidades en el mercado deuda”, añaden.

Por ejemplo CaixaBank, que dio el pistoletazo de salida al mercado de capitales en enero con una emisión de deuda sénior no preferente a cinco años con un spread de 225 puntos básicos y un cupón del 2,375%, cotiza en la actualidad con un diferencial de 105 puntos básicos que equivale a una rentabilidad del 0,8%. “Todo aquel que haya optado por deshacer su inversión en estos títulos habrá logrado una rentabilidad del 6,5% a lo que se suma el pago el cupón”, señalan. Es decir, en un entorno de tipos cero como el que impera desde 2016 conseguir retornos de esta índole es una opción bastante atractiva.

El estrechamiento de los spreads ha sido el caldo de cultivo perfecto para que las entidades pisaran el acelerador y si bien a algunas como Santander les costó arrancar –a finales de abril realizó su primera incursión con la emisión de 1.500 millones en cédulas a 12 años– antes de las vacaciones de verano ya había colocado el 70% del total de lo captado. Este 2019 ha sido la fecha elegida por la entidad que preside Ana Botín para emitir su primer bono verde bajo la fórmula de deuda sénior preferente.

El buen comportamiento del mercado de deuda, que se vio acentuado con la rebaja de tipos del BCE y el inicio del programa de compra de deuda, fue la puntilla para que Unicaja debutara en el mercado de deuda subordinada (Tier 2) con una emisión de 300 millones por debajo del 3% (2,87%).

A pesar de que 2019 está siendo un buen ejercicio, el récord lo sigue ostentando 2017. Ese año nació un nuevo tipo de deuda, la sénior non preferred. En caso de quiebra de una entidad estos bonos diluirían su valor tras las acciones, los bonos convertibles (cocos, en la jerga) y los subordinados.

A nivel global las emisiones de deuda se han mantenido estables. En lo que a deuda financiera se refiere se han colocado 1,5 billones, importe al que se añaden los 2,06 billones emitidos por las empresas. En total, este año se han vendido bonos por importe de 3,6 billones de euros, un 0,56% menos que en 2018 y a cierta distancia del récord de 3,9 billones de 2017.

Sin presión de liquidez

El Banco de España recoge en su informe que la ratio de cobertura de liquidez de las entidades españolas se situaba en el 162,2%, por encima del mínimo regulatorios (100%) y superior a la medida europea (149,2%).

En los tres primeros trimestres de 2019 las entidades elevaron sus emisiones de deuda con respecto a 2018 mostrando una preferencia por la deuda sénior. Por su parte, las emisiones de bonos subordinados, en especial la de aquellos que computan como capital adicional de nivel 1 (Tier 1), se redujeron.

El coste de las emisiones por tipo de instrumento registró una evolución inversa: aumentó el coste de la deuda subordinada, tanto la computable como Tier 1 y Tier 2 y se redujo el de la deuda sénior y de las cédulas hipotecarias.

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