Estos son nuestros secretos para emprender

Exalumnos del IESE cuentan que el futuro pasa por la tecnología y el impacto social

La vicedecana del IESE Julia Prats; el fundador de BMB Group, Mohamad Khachab; la fundadora de Deliberry, Gemma Sorigué; el director ejecutivo de App Samurai, Emre Fadillioglu, y el responsable de Satellogic, Emiliano Kargieman.
La vicedecana del IESE Julia Prats; el fundador de BMB Group, Mohamad Khachab; la fundadora de Deliberry, Gemma Sorigué; el director ejecutivo de App Samurai, Emre Fadillioglu, y el responsable de Satellogic, Emiliano Kargieman.

Las tecnologías emergentes y los proyectos con impacto social son dos de los motores que impulsan la innovación empresarial. Precisamente por este motivo, la reunión anual de alumni del IESE, organizada la semana pasada en Barcelona, contó con dos mesas redondas en las que emprendedores y exalumnos de la institución debatieron y dieron algunos consejos sobre cómo gestionar las nuevas herramientas e impulsar startups con impacto.

El cofundador y director ejecutivo de Wide Eyes, Luis Manent, se mostró preocupado durante su intervención en la jornada porque, a su juicio, en España se invierte poco en tecnología, ya que se percibe como un área de mucho riesgo. La app que creó aplica la inteligencia y la visión artificial a la industria de la moda, la tecnología permite descubrir artículos mediante imágenes, sin utilizar ninguna palabra. Para el creador, contar con una tecnología tan innovadora fue la clave para que los clientes comenzaran a confiar en ellos. “El primero fue Massimo Dutti, los convencimos porque vieron que éramos inteligentes, no habían visto nunca una tecnología a este nivel y estaban impresionados. A partir de ese momento compartíamos una visión, pero de algo que ellos no podían hacer”, explicó orgulloso el emprendedor, quien reconoció que dedicarse a la tecnología tiene una ventaja frente a otros sectores: la barrera de entrada que genera tener unas herramientas que nadie más conoce. Ahora, además de con Inditex, trabajan con portales como Privalia.

Pero contar con la tecnología más puntera no es suficiente para alcanzar el éxito empresarial. Eso lo sabe muy bien la cofundadora y responsable de relaciones internacionales en Oaro Technologies, Pilar Troncoso, quien después de 16 años trabajando para multinacionales como PwC y Aon, se encontró con una startup que comerciaba con bitcóins. “Nos pasamos un año viendo cómo podría utilizarlo el mercado, pero nos dimos cuenta de que con las criptomonedas no íbamos a hacer nada, teníamos que enseñar algo con lo que las empresas pudieran mejorar su desempeño”, confesó la directiva. La experiencia adquirida, eso sí, no cayó en saco roto, pues se convirtió en una experta en blockchain. Esta es la base de Oaro Technologies, donde han desarrollado soluciones especializadas alrededor de la identidad digital: firma, certificados universitarios y derechos de autor, entre otros. Por ejemplo, seguir el historial de una fotografía desde que fue tomada hasta el momento actual. Haber sabido adaptar una tecnología tan compleja como es el blockchain a usos prácticos del día a día es la clave del éxito de su proyecto, según reconoció la propia Troncoso.

Aunque las nuevas ideas se apoyen en las herramientas digitales para tomar forma, conviene no perder de vista que es en el mundo de carne y hueso donde se detectan los problemas a los que buscar solución. Así lo hizo Alex Marti, director ejecutivo y fundador de Mitiga Solutions. La erupción del volcán Eyjafjallajökull en Islandia en el año 2010 interrumpió el tráfico aéreo y afectó a miles de personas; las compañías se veían ante la disyuntiva de despegar o no. La mayoría optaba por cancelar los vuelos porque la decisión suponía un riesgo para el que no contaban con la información suficiente. El emprendedor tuvo claro que esta incómoda situación ilustraba un nicho de mercado: una tecnología que ayude a tomar estas determinaciones minimizando la incertidumbre. La empresa, que comercializa una solución capaz de evaluar y gestionar los peligros volcánicos, es una spin-off del Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona y ya mira hacia su siguiente reto: lograr escalar la tecnología para poder aplicarla ante otros fenómenos naturales.

La única manera de protegerse de la competencia es seguir evolucionando

El empeño de Ignasi Vilajosana también era detectar mejor cómo se comporta el planeta, para ello fundó Worldsensing, donde emplean sensores en tiempo real para proporcionar una mejor información a quienes se encargan de tomar decisiones. Para ganarse la confianza de los clientes han llegado a prestar su tecnología durante tres años antes de venderla definitivamente, pero sin parar de moverse. “La única manera de protegerse de la competencia es seguir evolucionando”, insistió su director ejecutivo ante el resto de exalumnos de IESE.

Elegir bien las necesidades que quieren tratar de cubrirse es uno de los principales retos. Para el director ejecutivo y fundador de Satellogic, Emiliano Kargieman, emprender fue una respuesta a la frustración. “Estaba trabajando en capital riesgo y odiaba ver que había gente brillante que solo trataba de vender mejor publicidad. Para mí, no estaban intentando resolver los problemas adecuados, como sí lo eran la distribución de energía o la comida”, apuntó el empresario. La misión de la compañía es democratizar el acceso a los servicios en el espacio, reduciendo las barreras para obtener información de los satélites en tiempo real. Han creado satélites mil veces más baratos que los que existían previamente. Cuando tengan 300 satélites en órbita, serán capaces de ver lo que está pasando en el mundo en tiempo real, lo que ayudará a construir una nueva relación con el planeta y afrontar los desafíos que este plantea. Un objetivo que solo podían cumplir haciendo las cosas de manera diferente, por eso optaron por contratar a jóvenes que acababan de salir de la universidad en lugar de a ingenieros que llevaban años trabajando de una misma manera.

El impacto social no está reñido con la rentabilidad económica, sino todo lo contrario. Es la experiencia de Mohamad Khachab, codirector ejecutivo y socio de BMB Group Mohamad Khachab, los principales fabricantes mediterráneos de confitería y chocolate en el Golfo. “El impacto no puede ser un fin, sino algo continuo que crece con la compañía. Cuanto mayores seamos, mayor será también el beneficio para la sociedad”, justificó el emprendedor. Esta misma premisa la defendió también la directora ejecutiva y cofundadora de Deliberry, Gemma Sorigué. Su proyecto es una plataforma online que hace la compra por el consumidor en menos de una hora. Su valor diferencial es, a su vez, parte de la política de responsabilidad social: contrataron a mujeres mayores para tomar las decisiones de compra porque eran un colectivo con más problemas para participar en el mercado laboral, pero también porque elegían mejor que el resto. “No es solo por el impacto, es que acaba siendo más rentable”, apoyó la empresaria.

En tiempos difíciles, la actitud es un elemento fundamental, concluyó en su turno el cofundador y director ejecutivo de App Samurai, Emre Fadillioglu. “El coraje es la clave para crecer; a veces tienes que fingir, que no mentir, para poder sobrevivir”, reconoció el emprendedor, quien ha creado una tecnología para ayudar a los desarrolladores, especialmente a los más pequeños, a promocionar sus aplicaciones.

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