La unión bancaria exige el respaldo de todos los vagones europeos

Avanzar hacia un fondo de garantía de depósitos común es lo que implica la evolución lógica del bloque comunitario

Las declaraciones de apoyo a la creación de un fondo de garantía de depósitos común en la UE por parte del ministro de finanzas alemán Olaf Scholz, realizadas ayer a pocas horas de la reunión del Eurogrupo prevista para hoy, abren una grieta en la hasta ahora férrea resistencia de Berlín a culminar la unión bancaria europea. Scholz, que está en campaña electoral –una circunstancia que debe tenerse en cuenta a la hora de valorar sus declaraciones– reconoció ayer la necesidad “innegable” de finalizar el proceso de integración bancaria y de salir del punto muerto en que se hallan las negociaciones. Una parálisis provocada, no hay que olvidarlo, por el numantino rechazo de Berlín a aceptar el deber de rescate mutuo que impondría la integración, un proyecto cuyas bases se pusieron en 2014 pero cuyo desarrollo ha estado plagado de obstáculos, parones y reticencias.

El modelo de fondo de garantía de depósitos respaldado ayer por el ministro alemán no excluye el deber de cada Estado miembro de seguir ejerciendo de principal defensa ante una crisis que ponga en riesgo los ahorros de sus ciudadanos, sino que supondría una garantía extra en caso de que los fondos de garantía nacionales no fuesen suficientes. Pese a que hay que felicitarse por el cambio de discurso que implican las declaraciones de Scholz, la propuesta debe contar con el apoyo del Gobierno alemán, una coalición en la que están presentes también los conservadores, reticentes a la aprobación de la garantía común y a realizar más concesiones a la UE en materia financiera. De los 118 bancos bajo supervisión europea, solo 21 son alemanes, lo que equivale a un 60% de la banca del país frente al 80% supervisado en la zona euro y constituye un ejemplo de la idiosincrasia germana en esta materia.

Tras la creación del Mecanismo Único de Supervisión y la Junta Única de Resolución, avanzar hacia un fondo de garantía de depósitos común es lo que exige la evolución lógica del bloque europeo, más aún en una coyuntura en la que resulta más necesario que nunca unificar un sector fragmentado y con unos ratios de rentabilidad que viven horas bajas. Desde los turbulentos años de la crisis económica, la banca europea ha realizado un severo y ejemplar ejercicio de reestructuración, saneamiento y recapitalización que ha permitido sentar las bases para poder plantear siquiera la integración comunitaria. Culminar ese proceso requerirá del compromiso y de la buena voluntad de todos, tanto de la locomotora como de cada uno de los vagones.