¿Pueden los bancos capear los efectos del cambio climático?

La transición hacia una economía de bajas emisiones puede ofrecer oportunidades en un contexto de presión sobre los ingresos

¿Pueden los bancos capear los efectos del cambio climático?

Aunque el cambio climático añade riesgos que podrían materializarse más allá del horizonte temporal que los bancos habitualmente consideran en su planificación de negocio, está claro que las entidades financieras necesitan actuar ya. La toma de decisiones estratégicas requiere cierto tiempo y las consecuencias del cambio climático podrían ser más difíciles de gestionar cuanto más se espere para atajarlas. En nuestra organización consideramos que el sistema financiero deberá adaptarse al rápido incremento de las temperaturas a nivel global, a fenómenos climáticos y a sus efectos directos e indirectos sobre el negocio y sobre el ser humano, tales como la escasez de agua y las migraciones.

Diferentes estudios demuestran que el valor de los activos financieros podría reducirse y las pérdidas podrían crecer exponencialmente con el incremento medio de las temperaturas. Por ello, es importante para el sector bancario entender el efecto que el cambio climático puede tener sobre la industria para reducir costes futuros e impacto sobre el perfil de crédito.

No todos los bancos se están moviendo con la misma rapidez a la hora de incorporar este tipo de riesgos. Es cierto que aún faltan indicadores cuantitativos útiles que permitan hacer seguimiento y gestionar los riesgos climáticos, pero los reguladores han ayudado a poner las bases para este tipo de análisis.

El riesgo climático para la industria bancaria puede manifestarse directamente en los canales físicos que maneja, según la Task Force on Climate-Related Financial Disclosures (TCFD). Este grupo de trabajo fue establecido por el Financial Stability Board en 2015 para desarrollar recomendaciones que ayuden a las entidades a elaborar información sobre su exposición a riesgos del cambio climático.

Dentro de esta categoría de riesgos cabría incluir los de tipo operativo y financiero directo de catástrofes naturales o gradual cambio climático pueden tener. Más allá del riesgo más visible, el de interrupción del negocio y daños de infraestructura, puede elevarse el coste del crédito. Según datos del Network for Greening the Financing System (NGFS), el número de fenómenos climáticos que se ha producido desde 1980 se ha más que triplicado, y solo el coste económico medio de los registrados en los últimos 8 años ha batido la media de 140.000 millones de dólares estimada de los últimos 30 años.

Dado que la cobertura de las aseguradoras representa un 10% del total, gran parte de las pérdidas provocadas por estos fenómenos ha recaído sobre las empresas. Este hecho genera un incremento significativo del riesgo de crédito para los bancos, por la limitada capacidad de repago de deudas, por la devaluación de colaterales de garantía, y encarecimiento del crédito.

La severidad de estos eventos climáticos puede afectar también al crecimiento económico, dañando el empleo, y debilitando las infraestructuras. Como resultado, puede verse restringida la flexibilidad fiscal de los gobiernos. En consecuencia, este efecto puede erosionar el valor de los bonos soberanos que los bancos poseen en sus balances.

Es necesario tener en cuenta otros riesgos, los de transición, que incluyen riesgos legales, tecnológicos, políticos y reputacionales. Tanto el primer informe de la Prudential Regulation Authority sobre el riesgo climático para el sistema bancario del Reino Unido, publicado en octubre de 2018, como el informe del TCFD evidencian que, hasta ahora, no se ha progresado en la concienciación sobre el riesgo climático o sobre las oportunidades de negocio asociadas a la transición hacia una economía de bajas emisiones.

Las empresas que tarden en completar la transición hacia una economía de bajas emisiones podrían sufrir un significativo deterioro de su perfil de crédito, que a su vez podría impactar negativamente en la calidad de los activos bancarios.

El riesgo de transición es particularmente relevante para bancos que tengan exposiciones significativas a sectores intensivos en consumo de carbono, como son los del automóvil, energía en general, y minero, ya que son más vulnerables al cambio en política medioambiental y restricción de emisiones.

La decisión de Reino Unido de prohibir la venta de coches y camiones convencionales antes de 2040 da ejemplo de este riesgo. En 2017, el porcentaje de vehículos con sistemas alternativos de alimentación sobre el total de matriculados era solo del 1.5%. Pese a ello, según el Banco de Inglaterra, la cartera de financiación de coches de la banca era de 20.000 millones de libras (incluyendo fabricantes, industria auxiliar, concesionarios y consumidores).

Normativas más estrictas y consumidores mejor informados pueden generar incrementos de costes. A este respecto, en junio pasado, la Autoridad Bancaria Europea (EBA) instó a la banca a desarrollar procedimientos para garantizar y vigilar préstamos verdes. Al mismo tiempo, les instó a incluir análisis de riesgos y oportunidades sobre factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en su gestión del riesgo y de crédito.

Un número creciente de bancos está incluyendo estos factores ESG en sus políticas de precios, una de las principales innovaciones en el área del crédito.

Además, el BCE está considerando incluir métricas de sostenibilidad ambiental en la valoración de colaterales para su programa de compra de activos. Aunque aún estamos lejos de una taxonomía para activos verdes, este requerimiento podría reducir la disponibilidad de financiación del BCE para las entidades que no cumplan.

La transición gradual hacia una economía de bajas emisiones, ofrece a la banca oportunidades de crecimiento en un momento de presión sobre los ingresos por los bajos tipos de interés, los costes regulatorios, y la creciente competencia de fintechs y Big Tech.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que la plena implementación del Acuerdo de París para reducir las emisiones contaminantes requerirá de 45 billones de dólares de aquí a 2030 en proyectos de eficiencia energética y bajo consumo de carbón. Adquirir la experiencia necesaria para captar este tipo de negocio puede ofrecer ventajas competitivas a los bancos que sepan moverse más rápido.

 Luigi Motti es responsable de Análisis de Instituciones Financieras de S&P Global Ratings