El síndrome “no eres tú, soy yo” y las crisis

El desencanto hacia los líderes políticos constituye una barrera para la recuperación

El síndrome “no eres tú, soy yo” y las crisis

Durante el último periodo de la pasada crisis económica, la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) publicó un estudio en el que afirmaba que la falta de confianza de los ciudadanos en la salida de la crisis era el principal obstáculo para hacer efectiva la recuperación de la economía.

El estado de ánimo de una sociedad puede influir en su funcionamiento. Según la economía del comportamiento, la sociedad no funciona exclusivamente con criterios racionales. La sociedad es un conjunto de personas que toman decisiones afectadas por sesgos, heurísticos y emociones. Los mercados financieros, las organizaciones políticas, las tendencias culturales, las crisis económicas e incluso los conflictos armados tienen un componente irracional basado en las emociones de los ciudadanos y que retroalimenta sus consecuencias.

Ante la decisión de convocar (otras) elecciones en España, los medios de comunicación, las redes y las conversaciones en los bares han coincidido en criticar a los partidos y su incapacidad para llegar a acuerdos, analizando cómo les afectará en términos de votos y las consecuencias económicas que puede tener este incierto período para el país. Pero, ¿qué consecuencias tiene la repetición electoral en el estado de ánimo de la sociedad? ¿Y cómo puede afectar ese estado de ánimo en el devenir de los acontecimientos?

Podríamos llamar Síndrome de no eres tú, soy yo´ al trastorno colectivo que provoca la enésima decepción de los líderes políticos. Se caracteriza por una sensación de enfado, desengaño y traición, similar a la ruptura de una relación sentimental, a la que se añade una gran carga de frustración: el ciudadano ha votado, ha cumplido su parte, ¿qué más puede hacer?

Como animales sociales, definimos gran parte de nuestra identidad por la pertenencia a determinados grupos. Formar parte de unos grupos y no de otros nos define, indica que somos de una determinada manera y no de otra. Psicólogos como Turner o Tajfel demostraron también la influencia de esta identificación con la autoestima: nos sentimos más confiados, alegres, motivados y dispuestos a la acción cuando sentimos que nuestros grupos cumplen nuestras expectativas. Se genera así una relación de confianza en la que el individuo cede parte de su personalidad en beneficio de la cohesión del grupo.

El síndrome de “no eres tú, soy yo” se produce cuando el grupo falla de forma continuada y el individuo siente que no es su culpa. Desde el propio grupo se le ofrece la clásica excusa: tú lo has hecho bien (has votado bien), pero el grupo ha sido incapaz de hacer frente a la situación (no hemos llegado a acuerdos).

Ante esto, el votante manifiesta un conflicto de identidad, que puede afectar a su autoestima. Simplificando: “si el grupo en el que confiaba no es bueno, era yo el que estaba equivocado”. Es muy probable que esta conclusión produzca frustración y enfado. Pero el enfado es una emoción de corto recorrido. El cerebro terminará optando por otra eficaz estrategia de supervivencia: la desafección y, consecuentemente, la inacción. No es de extrañar que el aburrimiento y la indiferencia sean, después de la desconfianza, los sentimientos que inspira la política a los ciudadanos, según la última encuesta del CIS. O que el 90% de los ciudadanos se muestre enfadado, decepcionado o preocupado ante el bloqueo, según una reciente encuesta.

Otra encuesta, llevada a cabo hace menos de un año a más de 2.000 ciudadanos, nos ayuda a ponerle números al estado de ánimo de la sociedad: alrededor del 60% creen que la crisis ha provocado que gobiernos, empresarios y sector financiero en general prioricen otros intereses frente a los de los ciudadanos; el 42% opina que el capitalismo no es compatible con la democracia; casi un 30% creen que los inmigrantes han sido muy o bastante responsables de la crisis económica; y casi el 60% cree que habrá una nueva crisis económica antes de 2023.

El desánimo y la frustración son el perfecto caldo de cultivo para el populismo. La necesidad de autoestima llevará a los ciudadanos a buscar grupos alternativos para reconstruir su identidad, ahora marcada por las emociones negativas hacia el grupo que les ha decepcionado. El nuevo grupo les recibirá con los brazos abiertos y soluciones fáciles, cambiando convenientemente el marco: el enemigo no será uno u otro partido, sino toda una clase política inútil e ineficiente, que ha fallado a los votantes. Pronto, en esa categorización entrarán también las instituciones públicas y los líderes de opinión, económicos y sociales, las élites, el sistema. Los ciudadanos recuperarán su identidad y su autoestima, pero la sociedad quedará dividida y debilitada, destruida en sus pilares fundamentales de convivencia.

Una de las tareas más urgentes y complejas para los líderes políticos responsables es recuperar la confianza de los ciudadanos y levantar el estado de ánimo de la sociedad, rompiendo un círculo vicioso de nefastas consecuencias. Sin la autoestima que refuerza el orgullo de pertenencia, la sociedad no tendrá ni el ánimo ni el empuje para contribuir al dinamismo económico, el consumo, el ahorro o la inversión; y mucho menos para afrontar otra crisis económica.

Podrían, al menos, ponerse de acuerdo en esto de cara a la campaña electoral. Por el bien de todos.

 Fernando Carruesco es Experto en estrategia y marketing